Necesitas un año sabático, o más.

Si tengo la osadía de hacer una afirmación tan rotunda es porque yo mismo lo he necesitado. Es más, tal y como está la sociedad hoy en día, me atrevería a decir que más del 90% de las personas lo necesitan.

¿Quién se salva? Pues aquéllos que tienen el trabajo de sus sueños, que llevan el estilo de vida que siempre quisieron, que generan suficientes recursos para vivir cómodamente y que se sienten 100% realizados en todas las facetas de su ser: física, mental y espiritual. Si eres uno de éstos afortunados, deja de leer y sigue disfrutando de la vida.

En caso contrario, necesitas un año sabático, o más.

 

1. ¿Por qué necesité un año sabático?

 

A lo largo de mi vida, me he tomado 4 períodos sabáticos. El último que me tomé, fue el más largo de todos, y no fue un año sabático, sino que acabaron siendo 18 meses.

¿Por qué decidí tomarme ese tiempo sabático?

En aquel momento, llevaba 21 meses viajando por el mundo. Durante los primeros 15 meses había estado trabajando en la Isla de la Reunión, donde tenía un trabajo que me realizaba completamente. Y, a pesar de que le echaba muchas horas, tenía 3 días a la semana para desconectar y disfrutar de actividades como el trekking, el buceo o el canyoning con mi pareja.

Sin embargo, pasados esos 15 meses, empecé a sentirme preso de la rutina y llegué a la conclusión que mi ciclo en la Isla se había terminado. Paralelamente, empecé a tener, de nuevo, el impulso de dejarlo todo y seguir viendo mundo. Fue así como decidimos salir de la Reunión y emprender un viaje de 3 meses que nos llevó por Singapur, Indonesia y Australia.

Tras aquellos 3 meses, mi pareja y yo nos separamos y decidí irme a Nueva Caledonia durante otros 3 meses, donde pude realizar mi profesión de fisioterapeuta y, posteriormente, explorar aquel inhóspito territorio.

Como puedes ver, lo tenía “casi” todo: un trabajo que amo y que me permite vivir cómodamente, una pareja con la que tenía una gran afinidad y un estilo de vida que combina perfectamente lo profesional con mi pasión por los viajes. Pero…

Algo empezó a fallar. Había estado muchos meses trabajando a un ritmo frenético y, cuando decidí romper con aquel frenesí profesional, me embarque en otro frenesí: el del viaje.

Viajar supone conocer continuamente nuevas personas, culturas y lugares. Ello implica estar expuesto a una sobredosis de estímulos constante y adaptarse a cada momento a nuevas situaciones y circunstancias. Y, como bien sabemos los viajeros, viajar no son vacaciones, sino que se trata de una agotadora actividad de crecimiento personal. Además, como acabo de contar, había tenido una ruptura sentimental de por medio.

Al final de esos 21 meses estaba agotado: no me apetecía trabajar ni seguir viajando.  Necesitaba tiempo para mí y para digerir todo lo que había vivido en los últimos tiempos. Era momento de recuperar mi centro, de estar en calma y silencio y de aislarme de tantos estímulos externos.

Desde este estado de recogimiento, podría integrar todo lo que había aprendido, que era mucho, y podría dedicarme a nutrir aquellas partes de mi ser que había dejado de lado. Porque cuando tu vida es frenética, es casi inevitable acabar dejando de lado partes de ti mismo; partes que son más importantes de lo que crees.

Entonces, es el momento de poner el freno y dedicarse a ellas, pues sólo de esta forma puedes volver a sentirte completo, feliz y realizado.

2. ¿Quién debería tomarse un año sabático y por qué motivo?

 

Meditando en una cascada en la isla de la Reunión

Meditando en una cascada en la isla de la Reunión

 

Hasta ahora he hablado fundamentalmente de mí y de mi experiencia. Pero es muy probable que tu vida no tenga nada que ver con la mía.

De hecho, el estilo de vida que llevo desde el año 2010 es bastante particular y atípico, pues combino a partes iguales mis períodos sabáticos (que dedico, entre otras cosas, a viajar, a mis hobbies y a mis formaciones) y mis períodos de trabajo. Si tienes curiosidad por saber cómo he llegado a mi forma de vivir actual y cómo puedes replicarlo a tu manera, no te pierdas este artículo, que publiqué en un blog de referencia sobre lifestyle y emprendimiento: cómo conseguí ser fisioterapeuta freelance y viajar por el mundo a partes iguales.

En cualquier caso, opino que la mayoría de las personas deberían tomarse un año sabático. Y es que, sea como sea tu vida, es muy probable que quieras hacer cambios en ella, o que tengas infinidad de proyectos y sueños que siempre acabas posponiendo por falta de tiempo.

Un año sabático es la mejor oportunidad para cambiar la inercia de tu vida y dedicarte de lleno a esos cambios o proyectos

¿Cuáles? Hacer un cambio a nivel profesional, modificar tu estilo de vida, dedicarte a proyectos creativos, ser madre o padre…En definitiva, dedicarle más tiempo a partes de ti que sientes que necesitan más atención o ir a por cualquier objetivo o proyecto que tengas en mente.

De hecho, si estás familiarizado con el concepto de año sabático, probablemente necesites tomártelo. Y si has llegado hasta aquí, ten por seguro que es el caso.

 

3. ¿Un año sabático significa no hacer nada durante 12 meses?

 

Foto vía Shutterstock

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Primeramente, decir que es más adecuado hablar de “período sabático”, pues, éste no tiene por qué ser un año exactamente. De todas formas, cuando nos planteamos un período sabático, es común querer abarcar un año natural, pues resulta cómodo a nivel mental, administrativo, social, fiscal, escolar…

Segundo. Un año sabático puede significar no hacer nada, efectivamente. Y aunque no lo recomiendo, ello depende de cada persona y cada caso.

Si te encuentras en una situación de agotamiento y estrés extremo, como el caso de un burn out laboral, tal vez necesites no hacer nada durante un tiempo. Pero una vez acabado ese tiempo, si no has hecho un trabajo específico al respecto y no has tratado las causas de un eventual problema (si lo hay), éste va a reproducirse.

Por tanto, te recomiendo que uses tu período sabático para realizar cosas útiles que puedan cambiar tu vida en el futuro (a mejor, claro). Y, sobre todo, para que disfrutes y hagas cosas que te hagan sentir realizado y feliz. Si sigues estos consejos, es muy probable que hagas muchas más actividades que descansar o rascarte la barriga.

Un año sabático es como unas vacaciones: puedes usarlas para no hacer nada y luego volver a tu vida de siempre; o puedes usarlas para realizar un viaje como mochilero, un curso de formación, aprender un hobbie

En el primer caso, tus vacaciones serán sinónimo de descanso. En el segundo caso, las utilizas para cambiar de aires y realizar actividades que te ayudan a crecer, a ampliar tu visión del mundo o a encontrar nuevas ideas u oportunidades laborales. Esta última opción quizás no te permita a descansar pero, a largo plazo, te ayudará a sentirte más realizado y, por consiguiente, a ser más feliz.

Tu año sabático, una oportunidad única de realizar un sinfín de actividades

Tu año sabático, una oportunidad única de realizar un sinfín de actividades

 

Recuerdo que, cuando estaba en medio de mi año sabático, algunas personas de mi entorno me preguntaban: ¿Pero qué estás haciendo durante todo este tiempo? Al responder, tenía la sensación que todo lo que no fuera trabajar o hacer algo que pudiera generar dinero era visto como algo inútil o una pérdida de tiempo. Para la gente, no estaba haciendo nada. Y, por ello, me sentía juzgado y, a veces, casi obligado a justificarme.

Sin embargo, mis semanas estaban llenas de un montón de actividades. Actividades que, para mí, eran importantes; vitales. Era mi alma quien me pedía hacerlas, y cuando haces lo que dicta tu alma, créeme que estás yendo por el buen camino.

En estos casos, la respuesta perfecta era: “Estoy haciendo aquellas cosas que me hacen feliz y aquéllas actividades que me hacen sentir realizado. Otra buena opción era: “Me dedico a vivir plenamente mi día a día y a hacer lo que dicta mi Esencia. Y siento que hay mejor forma de vivir la vida que de esta forma”

Tras esta respuesta, suele haber un silencio sepulcral.

 

4. ¿Cómo voy a permitirme hacer un año sabático?

 

Foto vía Shutterstock

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 Mucha gente desearía tomar un año sabático, pues son muchos los que sienten esa necesidad en sus vidas.

Sin embargo, la mayoría suele acabar desistiendo cuando empiezan a plantearse el tema seriamente.

Eso es algo típico de nuestros días: tienes un sueño, un proyecto o una necesidad profunda del alma. Te encantaría hacerlo, pero empiezas a pensar sobre ello y la mente racional acaba tirándolo todo por la borda.

Está claro que al hecho de tomarse un año sabático se le pueden encontrar muchos inconvenientes y excusas, que pueden pesar mucho. Finalmente, optas por la vía más segura: no salir de tu zona de confort y renunciar a tus sueños y necesidades.

Y no pasa nada, la vida sigue. Eso sí, con el pasar del tiempo, probablemente te arrepientas de no haber dado el paso. Y siempre te quedará la duda y un punto de melancolía interna por no haber llevado a cabo aquel sueño, proyecto o locura. Incluso puede que ese sueño se haya convertido en una frustración.

Es posible que hayas seguido con una vida más tranquila, segura y estándar. Pero habrás renunciado a una necesidad profunda del alma, así como a explorar caminos alternativos que te hubiesen permitido vivir la vida de una forma más acorde contigo mismo. La pregunta es: ¿qué es más importante para tu felicidad?

La gente, a la hora de plantearse la pregunta de: ¿Cómo voy a permitirme hacer un año sabático? suele encontrar varias excusas o barreras mentales que les hacen desistir de esa idea. Las más frecuentes son:

 

4.1. El miedo

 

Cuando se trata de hacer algo diferente o algo nuevo, nos invade el miedo, que se encarga de persuadirnos de que no nos aventuremos en ese proyecto. Por si no fuera poco, tu entorno: familia, amigos y sociedad en general, se encargarán de meterte más miedo en el cuerpo.

“No encontrarás otro trabajo igual”, “y cuándo quieras volver, ¿qué?”, “¿vas a echar por la borda todo el trabajo de los últimos años”, “no nos dejes para irte a ver mundo”… ¿Te suena este tipo de frases que, en ocasiones, pueden ser, más bien, chantajes emocionales?

Intentaré resumirte lo que pienso de este tema en una sola frase: el miedo pretende protegerte de lo nuevo y lo desconocido, pero es precisamente lo nuevo y lo desconocido lo que más puede hacerte crecer como persona.

Por tanto, lo más inteligente sería sacarnos los temores de encima. Si quieres un método para eliminar el miedo de tu vida en 3 pasos, te recomiendo este artículo, que escribí para Befullness, uno de los mejores blogs sobre coaching y emociones.

 

4.2. El dinero

 

Hoy en día todo gira entorno al dinero. El dinero, tristemente, se ha convertido en el elemento que nos da o nos quita nuestra libertad dentro de la sociedad “desarrollada”. De hecho, siempre acabamos hablando de dinero cuando se trata de poder o no poder hacer algo.

No obstante, te recomiendo una cosa: no te centres en el dinero que te falta para hacer algo. Céntrate en las formas que tienes para conseguirlo. Y, sobre todo, no te fijes en la gente que dice no tener dinero para hacer lo que quiere. Fíjate en cómo otras personas sí lo han conseguido.

Yo estuve trabajando duro para tener unos ahorros que me permitiesen disfrutar de un año sabático. Esa es una forma que puedes usar también. Pero existen muchas otras que he ido observando. ¿Cuáles?

 

  • Disminuye tus gastos de forma sostenible e inteligente. Si quieres ejemplos prácticos, échale un vistazo a este genial artículo. Cómo ahorrar 16.000 euros para dar la vuelta al mundo.
  • Coge un año (o dos) de paro, deja tu trabajo y dedícalo a tus hobbies y a reorientar tu vida profesional formándote en la profesión que te gusta. Mi amigo Juán, por ejemplo, dejó el mundo de la construcción y acabo sus estudios de fisioterapia de ese modo.
  • Si tu sueño es viajar (algo muy típico de cuando tomas un período sabático), trabaja por el camino y alarga tu viaje indefinidamente: muchos amigos y conocidos lo han hecho mientras trabajaban de au-pair, de recepcionista de hotel, de animador de cruceros, de profesor de idiomas, de monitor de buceo. Las opciones son casi infinitas.

 

4.3. Mil excusas más

 

Antes de que empieces a buscar (y encontrar) más excusas para no tomarte un tiempo sabático, ya te adelanto una cosa: hay tantas como quieras. ¿Algún ejemplo?

  • Tengo una hipoteca que pagar
  • Debo mantener a mis hijos
  • Mi pareja no lo entendería
  • Tengo una enfermedad que me lo impide
  • No sabría cómo organizar un año sabático

Como ves, muchas de estas excusas tienen que ver con el miedo o el dinero, mientras que otras tienen que ver con motivos de salud, emocionales u organizativos. Pero hay muchas, muchísimas más. Tal y como te decía al principio del apartado, hay tantas como quieras. Algunas serán tonterías; otras, razones de peso.

La clave de lo que quiero transmitirte es simple y breve. Hay un proverbio que dice:  “Quien quiere hacer algo busca un motivo, quien no quiere hacer algo busca una excusa”.

Mi consejo es: olvida las excusas y busca los motivos.

Si te centras en las excusas jamás llevarás a cabo tus sueños y, por supuesto, tampoco vas a tomarte un año sabático. Si te centras en los motivos, es más que probable que logres tus metas y consigas todo aquello que te propongas, pues sólo así vas a poder aniquilar las excusas que te frenan. ¿Algún caso práctico?

  • Las hipotecas, por ejemplo, se pueden pagar mientras vives en otro país y/o alquilando habitaciones, algo que yo mismo he hecho durante los últimos 10 años. Échale un vistazo a este artículo de Cintia para profundizar más en este tema.
  • He visto parejas con hijos que se mudan de país regularmente por motivos de trabajo o, incluso, que dan la vuelta al mundo todos juntos. La familia no es ni tiene por qué ser un impedimento para tomarse un año sabático.
  • Tu pareja entenderá tus necesidades y te acompañará en tus procesos de cambio e reinvención personal. En caso contrario, probablemente no sea la persona adecuada. Entonces, puede que te año sabático termine con la relación; pero también es posible que encuentres a tu pareja ideal durante tu año sabático ;-).
  • Tal vez tengas una enfermedad que te impida hacer ciertas cosas. Pero, ¿sabes? Muchas veces, tú eres el que marca los límites y, frecuentemente, muy por debajo de tu verdadero potencial. En una ocasión, por ejemplo, vi un reportaje de un adolescente en silla de ruedas que había dado la vuelta al mundo en solitario. Sí, incluso en silla de ruedas puedes coger la mochila y viajar (una gran forma de ocupar tu año sabático). Si tienes tiempo, échale un vistazo a la web sillerosviajeros, está especializada en viajes para (y por) personas en silla de ruedas. Su lema: “ Para qué quiero piernas si tengo alas para volar”
  • Finalmente, si no tienes idea sobre cómo organizar un año sabático, espero que este artículo te resulte útil e inspirador. Además, estás en el lugar perfecto para encontrar los recursos necesarios para ello, el blog de Cintia, así que, ya sabes, ¡no más excusas, empieza a volar!

 

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Cuéntanos tú…

Y creo que, de momento, ya he hablado bastante, así que, ahora, me gustaría oír tu opinión al respecto:

¿Te gustaría realizar un año sabático? ¿Crees que lo necesitas y que podrías sacar cosas positivas de él? ¿Cuáles?

¿Has hecho algún año o período sabático? ¿Cómo conseguiste organizar y/o costear tu año sabático? ¿Cómo te fue?

Cuéntanos tu historia y tus vivencias…

En cualquier caso, espero que el artículo te haya sido útil, inspirador y que, tal vez, te anime a tomarte un (otro) año sabático.

Ubay Serra

Fisioterapéuta y blogger at Viaje a la esencia
Fisioterapeuta y osteópata de profesión, viajero empedernido y apasionado del desarrollo personal. Actualmente llevo a cabo una vida nómada en la que combino a partes iguales mi trabajo y mis pasiones viajando por los 5 continentes. En mi proyecto online, Viajealaesencia, comparto aventuras, técnicas yherramientas que te permitirán descubrir tu potencial y vivir tus sueños. Clica aquí y ¡descárgate gratis mi ebook!
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