Este es un post de invitada escrito por Tania, autora del blog Revolucionat

Tania es una mujer luchadora, fuerte y atrevida que se ha reinventado en su vida tantas veces como ha hecho falta, ya no sólo personalmente sino a nivel profesional.

A continuación podrás leer su historia, una historia llena de coraje donde tuvo que superar todos los obstáculos que la vida le pusiera delante para estar hoy aquí, contándonos los vestigios de su pasado y mostrándonos los cambios que se han producido en su nueva vida.

Apuesto lo que sea a que Tania te inspirará. Mientras yo leía su historia me quedé literalmente abducida por lo que contaba y tan sólo quería saber cuál sería el desenlace de esa historia tan llena de dolor y bendiciones al mismo tiempo.

Pero sobretodo, quédate con el mensaje principal: huir de tus problemas no te va a servir de nada. Si aprendes la lección de vida que se esconde detrás, aprenderás tanto como ella ha hecho. ¡Y bien merece la pena!

¿Te animas a leer la apasionante historia de Tania?

¡Sigue leyendo! 😉

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En vez de afrontar los problemas, cualquier persona a la que le preguntes, ha pensado en huir en algún momento de ellos. Cuando algo no te gusta o no le ves solución a algún problema, lo primero que se te pasa por la cabeza es mandarlo todo a la mierda.

Hay quien lo hace, quien da portazo y “pega la vuelta”, como decía Pimpinela. Pero hay muchas otras personas que se aguantan, se resignan y siguen hundiéndose en su pozo de la frustración.

Ninguna de las dos opciones implica afrontar los problemas.

Al contrario, en los dos casos estamos hablando del camino fácil.

Dar el portazo es hacer las cosas por las malas, sin tener en cuenta lo que puedas arrastrar por el camino. Ya sea un acto de egoísmo o de inconsciencia, no suele ser una buena solución.

Resignarte y aceptar que tendrás una vida mediocre para el resto de tus días, te ancla a tus problemas y deja que estos te corroan.

Pero esas dos opciones no son las únicas medidas que puedes tomar para solucionar lo que no te gusta de tu vida.

Hay otros caminos. Caminos enriquecedores, de crecimiento y evolución, de expansión de la conciencia y de encuentro con tu propia esencia. Caminos de amor que te acercan a la vida que deseas.

¿Te los cuento?

 

¿Quién soy y qué estoy haciendo aquí?

 

Mi nombre es Tania y yo era de las que pegaba portazo y a otra cosa mariposa. Y así, me iba perdiendo a mi misma y caía una y otra vez en los mismos errores.

Para mí, afrontar los problemas era intentar que los demás los solucionasen: “tú estás provocando que YO me sienta así. Tú tienes la obligación de hacer lo que sea para que YO me sienta mejor”.

Si eso no era posible, me enfadaba, criticaba, pataleaba y dejaba que la rabia se hiciese hueco dentro de mí.

Seguro que he huido muchas más veces de las que recuerdo. Por las malas, empeorando la situación todavía más.

Y no quiero que a ti te pase lo mismo.

Porque al final aprendí y poco a poco fui haciéndolo mejor.

Y para eso he venido. Para explicarte cuál fue mi gran huida, lo que aprendí de ella y cómo conseguí no volver a repetir patrones de conducta que no me ayudaban.

 

¿Correr para escapar o viajar para crecer?

 

Los animalitos, he aquí el ser humano, cuando nos vemos amenazados ante algún peligro, salimos corriendo por puro instinto.

Te pongo un ejemplo: una amiga te ha hecho una faena y estás muy enfadada.

De repente, vas caminando por la calle y percibes a tu amiga no muy lejos. Casi sin pensar, te cambias de acera y te diriges en dirección contraria, para no tener que encontrarte con ella.

Poco a poco, irás dejando de llamarla, ya no te apetece su presencia. Te guardas el rencor y te alejas, llevándote el problema contigo y dejando que te haga herida.

Pero también puede pasar que en una explosión de ego, te dé por acercarte a ella y decirle cuatro cositas a la cara, de la mejor manera que sabes, que no suele ser muy buena. Después, media vuelta y arreglado.

 

Persona histérica- afrontar los problemas

Así me sentía yo

 

¿Esa es la mejor manera que conoces de afrontar los problemas?

Correr en sentido opuesto a tu problema o echar fuera toda tu mierda para salir corriendo después, no te llevan por buen camino.

Hacemos lo mismo cuando planeamos una huida en forma de viaje, por no tener que encontrarnos con el problema de frente.

Quizá a la vuelta todo se haya solucionado, ¿no?

Pero desgraciadamente no va a ser así, y lo sabes.

Viajar para escapar de tus problemas es una cosa, y viajar con la intención de crecer como persona y evolucionar, es otra cosa bien distinta.

 

Qué pasa cuando corres para escapar de tus problemas

 

Cuando tomas el camino fácil, el de salir corriendo, no sólo no se soluciona el problema sino que se agrava.

En el terreno sentimental te va fatal, tu trabajo cada día te gusta menos, tus padres no te dejan vivir, tus amigos son un verdadero incordio y ya no aguantas más.

Así que por fin te has decidido a dejar todo atrás e irte de viaje. Te vas a coger un año sabático, de los buenos. Y que les den mucho por saco a todos.

Tomar la decisión no ha sido tan sencillo como pensabas, tendrás que renunciar a muchas cosas. Sin embargo, te resulta mucho menos complicado pirarte que afrontar los problemas cara a cara. Pasas de líos.

¿Sabes dónde van a estar tus problemas cuando vuelvas? Exactamente en el mismo sitio donde los dejaste.

No en el mismo sitio físico sino en el mismo sitio de origen: dentro de ti.

Pero no sólo te vas a llevar tus problemas de viaje, sino que en el viaje te van a engordar. Que en Tailandia se come muy bien. La bola cada vez se irá haciendo más grande y te estallará en las manos.

Da igual si te vas para dos años, para 20 o si ni siquiera piensas volver. Todo conflicto no resuelto, seguirá siendo un conflicto no resuelto y te acompañará hasta que decidas plantarle cara.

 Claro clarinete.

 

Mi gran huida

 

Tengo que reconocer que yo también me he sentido como tal vez te has sentido en algunas ocasiones. He querido coger el camino fácil pensando que alejarme de los conflictos era suficiente para resolverlos.

Pues va a ser que no.

Afrontar los problemas en vez de huir

Mi huida

Te cuento…

A los 16 años empecé la relación sentimental más larga que he tenido hasta ahora. Como casi todas las relaciones que nacen tan pronto, estuvo llena de altibajos.

Nos queríamos mucho, pero mal.

Una de las tantas crisis que tuvimos, coincidió también con el inicio de un trastorno alimenticio que me ha acompañado muchos años después.

Yo no me quería y sentía que los demás tampoco.

No sé si dejé de quererme porque no me sentía querida por los demás, o si al no sentirme querida por los demás dejé de quererme.

En cualquier caso, la bulimia se apoderó de mi vida y me arrastro con ella.

Como me gustaba aparentar que era una mujer correcta, fuerte, autosuficiente, segura de sí misma, no supe reconocer a tiempo que tenía un problema.

Durante más de un año y medio, me lo tragué solita, haciendo que aquello creciese a pasos agigantados.

Mi novio no se daba cuenta de nada, mis padres no se daban cuenta de nada, mis amigas no se daban cuenta de nada. Conclusión: como nadie me quería no se molestaban en mirar lo que estaba pasando.

En un momento de furia, fui capaz de reconocer mi problema y pedir ayuda. Pero tampoco encontré el apoyo que buscaba.

Mis grandes máscaras no permitían que la gente viese mucho más allá. “Tania es fuerte, ella puede sola”. Pero no, no podía.

Empezaba a sentirme muy insatisfecha con mi vida. Sentía que mi familia no me entendía, mi pareja no me entendía, nadie me entendía…estaba sola, como siempre.

Y mi mundo se empezó a desmoronar.

En lugar de mirar para adentro, empecé a buscar culpables y a cortar cabezas. La primera cabeza que rodó fue la de mi pareja, claro estaba.

No sabía cómo afrontar los problemas, de dónde venían, cómo podía solucionarlos. No entendía nada, no me entendía a mi misma, no entendía porqué los demás reaccionaban así.

Así que como no había amor dentro, ni lo encontraba en las personas más cercanas, empecé a buscarlo por otro sitio y enseguida encontré otra pareja.

Una pareja maravillosa que me ayudaba y me apoyaba en todo. Una persona que anteponía mis necesidades a las suyas. Un hombre que conseguía que, estando con él, todo lo demás dejase de importar.

Pero cuando no estaba con él, mis problemas seguían allí.

La tristeza interior me desolaba

Soportar la ruptura con mi novio de toda la vida, hacer terapia para superar la bulimia, ir a trabajar como si no pasase nada, fingir que no era para tanto…eran cargas que no podía soportar.

¿Qué hice? Empezar a pensar en cómo salir del bucle.

A pesar de que mi nueva relación iba muy bien, ya no estaba dispuesta a hacer más concesiones por nadie. Ahora lo único que me preocupaba era yo misma. Pero no en el buen sentido.

Era un “sálvese quien pueda”, y quien no pueda que se ahogue.

Así que planeé un cambio de vida radical, en forma de viaje.

El problema principal con el que me encontré es que ni la psicóloga ni la psiquiatra estaban dispuestas a dejarme marchar hasta que no tuviese el alta.

Pensaron que habían logrado convencerme de que el único camino para irme era curarme primero. Pero mi objetivo no era curarme. Mi objetivo era largarme cuanto antes, y haría lo que fuese para conseguirlo.

Me porté tan bien, reaccioné tan divinamente a la terapia y se me veía tan feliz, que a los pocos meses conseguí el alta, bajo supervisión. Prometí que si recaía, volvería a la terapia sin pensármelo.

Realmente creía que largándome se solucionarían todos mis problemas. Que al estar lejos de mis fantasmas conseguiría encontrarme mejor y poco a poco iría viendo la luz. Aún no sabía que esos fantasmas también tenían billete, sólo de ida.

Pero conseguí marcharme. Mi idea era asentarme en Londres y rezar para que llegase el momento en que mi nueva pareja se reuniese allí conmigo para empezar una nueva vida.

Todo me salió tan mal y me seguía sintiendo tan sola, que me pasaba los días con mi enfermedad, mano a mano. Lo más interesante que hacía cada día era inflarme a comer y…ya te imaginas lo de después.

Al mismo tiempo, sentía que mi pareja se estaba alejando poco a poco. La distancia empezó a afectarnos demasiado pronto. Y a su vez, las heridas de mi relación pasada seguían doliendo mucho.

No sólo no encontré trabajo en Londres y la bulimia se agravó bastante, sino que mi novio se tomó la molestia de venir a verme, para dejarme en persona.

Mi madre, sabia, santa y adivina, intuyó muy pronto que algo no iba bien y decidimos que no tenía sentido estar allí.

Después de dejar atrás a mi pareja de toda la vida, un trabajo maravilloso y una nueva relación que parecía que funcionaba, me había tenido que volver a los dos meses, con el rabo entre las piernas.

No me dolía el ego, me puse una gran coraza para que no me afectase lo que dijese la gente, lo que dolía es que todos los problemas estaban mucho peor de lo que los había dejado.

A la vuelta:

– Tuve que volver a terapia, la bulimia había entrado en una fase preocupante.

– Tuve que afrontar que mi nueva pareja ya tenía otra nueva pareja.

– Tuve que seguir lidiando con la ruptura con mi novio de toda la vida, que aún seguía en mi piso cuando volví.

Un claro ejemplo de que los problemas no se marchan: o se van contigo o te esperan.

Estaba totalmente perdida. No sabía a quién quería, qué quería, ni cómo lo quería. No tenía ni idea de quién era y cuáles tenían que ser los siguientes pasos.

El primer impulso fue intentar reconstruir mi vida anterior, pero eso ya no era posible.  

Estaba en un pozo profundo.

 

Aprender de los errores

 

Asumir errores no era una cosa que se me diese del todo bien. Yo nunca me equivocaba. Pero esta vez mis meteduras de patas se hicieron demasiado evidentes. No podía seguir tapándolas.

Después aprendí que los errores no existen, que sólo son lecciones para que aprendamos algo que necesitamos, para seguir avanzando en el camino.

Que hay muchas herramientas a nuestro alcance que nos permiten aprender a afrontar los problemas.

Pero no te creas que fue fácil. Veía muchos culpables a mi alrededor: mi novio de toda la vida que no me había cuidado lo suficiente, mi novio de después que se había ido con otra, mi familia que no me apoyaba como yo creía que me tenía que apoyar (a excepción de mi madre), etc.

Así que no me quedó más remedio que empezar a curar heridas. No podía ser malo todo el mundo. ¿Y si el problema estaba en mi?

Aunque estuve un tiempo muy perdida, ya había empezado a buscar respuestas.  Cuando tienes tanto dolor, ya has intentado escapar de él, y no lo has conseguido, tienes que buscar otros caminos.

Y poco a poco los fui encontrando y empecé a levantar cabeza. La terapia, el trabajo, los amigos y mi madre, fueron las piezas fundamentales de mi resurgimiento.

Pero tuve que luchar mucho, trabajar muy duro para encontrarme a mi misma y dejar pasar el tiempo para que las heridas que yo me había provocado empezasen a cicatrizar.

 

Qué pasa cuando viajas para crecer

 

Cuando viajas para crecer todo es muy diferente.

Yo que soy una persona de seguir mucho las señales, si hecho la vista atrás, todo me decía que ese camino me traería más dolor que otra cosa. Pero como tengo la cabeza dura como una piedra, me empeñé en estrellarme contra la pared.

Cuando viajas para crecer, porque quieres evolucionar, porque te apetece experimentar cosas nuevas, vivir más intensamente o tomarte un año sabático para recargar pilas, los astros se alinean para que consigas tu objetivo.

Cuando viajas para crecer, cuando ya has afrontado tus problemas, el viaje es tan enriquecedor que, a la vuelta, todo está mejor de lo que lo dejaste.

Si tú evolucionas, lo que te rodea evoluciona también.

 

Mi gran “no huida”

 

Gracias a la terapia, aprendí a responsabilizarme de mi vida y dejar de buscar culpables. Me convertí en una persona más resiliente, que aunque suene a palabrota es un término que se está poniendo muy de moda. Sabiendo que el poder estaba en mí, me sentía capaz de afrontar los problemas desde la resiliencia, por complicados que pareciesen.

Empecé a recuperarme y volví a encontrar el amor. Aunque tenía un trabajo que me llenaba y una vida que me gustaba bastante, lo dejé todo para apostar por la relación.

Voluntariamente enamorada, me mudé a otra comunidad a empezar mi vida con él y poco después de los tres años, me abandonó. La relación se acabó de mala manera y lo único que yo tenía allí era mi trabajo.

Mi familia y amigos empezaron a insistirme para que me marchase de allí. Estaban convencidos de que después de eso intentaría recuperar mi antigua vida, otra vez.

Por suerte, había aprendido mucho en todo ese tiempo.

No quería volver a buscar culpables, quería solucionar los conflictos internos que habían provocado la situación en la que me encontraba.

De nuevo, lo más fácil habría sido coger el petate y largarme a dar vueltas por el mundo. O bien, volver a Madrid y hacer como que nada había pasado.

Pero yo ya no era la misma persona que se había marchado a Londres para escapar. Ahora era una persona que aprovechaba los batacazos para crecer.

Empecé a afrontar mis problemas y a crecer interiormente

Así que decidí mirar al problema de frente y solucionarlo, antes de tomar ninguna decisión sobre mi futuro.

Me quedé en esa ciudad donde todo lo que tenía estaba relacionado con él, e intenté rehacerme apoyándome en mi trabajo y en todas las personas que me tendieron su mano.

No estaba dispuesta a volver a salir corriendo hasta que no aprendiese las lecciones que la vida estaba poniendo delante de mí. Tenía que salir reforzada de aquello. Tenía que conseguir que tanto sufrimiento fuese para bien.

Quería que todo lo que me estaba haciendo daño me ayudase a convertirme en una persona mejor: más capacitada para afrontar los problemas, con más herramientas para solucionarlos si se volvían a presentar.

 

Mi “año” sabático

 

Poco a poco, fui curando las heridas. Encontré respuestas a mis problemas a través de diferentes terapias. Luché muy duro para volver a conectar conmigo misma y aprender las nuevas lecciones.

Sabía quién era, lo que quería y qué tenía que hacer para conseguirlo. Era el momento de cerrar aquella etapa.

Me sentía fuerte, preparada. Había aprendido a tomar las riendas de mi vida y ahora, en frío, tocaba hacer cambios.

Ya sí, quería hacer un gran viaje. Cerrar una etapa antigua y dar bienvenida a una nueva etapa. Planear el cambio de vida con el que soñaba desde hacía tiempo.

Sin precipitarme, pensando bien en cómo lo iba a hacer, planeé mi tiempo sabático.

No quería un tiempo sabático para no hacer nada, quería un tiempo sabático para encontrar nuevas oportunidades, acceder a nuevas experiencias, enriquecer mi vida y seguir creciendo.

Tenía unas ganas inmensas de evolucionar y el universo me lo fue poniendo todo en bandeja.

Traspasé el maravilloso negocio que tenía, lo dejé todo bien atado y me lancé a la aventura. Me apetecía escribir, contarle al mundo que había muchas formas de vivir y que los miedos son compañeros de viaje, no algo que nos frena para conseguir la felicidad.

Viajando durante mi año sabático

Y fue cuando decidí hacer todos estos cambios, cuando me encontré con Cintia.

Las similitudes en las que cosas que contaba, me hacían emocionarme con sus relatos. Entendí que la vida me estaba poniendo delante un propósito más grande que el simple hecho de visitar nuevos países.

Saber que era posible, que había gente como ella que lo estaba consiguiendo, que somos las dueñas de nuestro destino, me dio una fuerza tremenda.

Y con las mismas, llevo ya 4 meses recorriendo Asia, contándole al mundo todo lo que he aprendido y mi forma de ver la vida.

Lo que dejé atrás, está mucho mejor que cuando me marché y si miro hacia delante, sólo veo luz.

 

Cómo saber si estás huyendo

 

No es fácil.

Si estás acostumbrada a vivir por inercia, sin hacerte demasiadas preguntas, te costará mucho ver la diferencia entre huir o afrontar los problemas.

Lo único que te puedo decir es que dentro de ti están todas las respuestas.

Cada vez que escribo esta frase, pienso: “menudo consejo de mierda”, pero es la forma en la que yo conseguí entender mis huidas.

Tienes que mirar hacia dentro. Intentar darte cuenta de si estás tomando la decisión en caliente o si realmente es lo mejor que puedes hacer.

Tienes que escucharte y pensar en el objetivo de tu viaje: ¿qué es lo que te mueve a marcharte?

Si los problemas es lo que te mueve a dejarlo todo, estás huyendo amiga.

 

Mis 5 consejos para afrontar los problemas

 

Es cierto que ni todas las personas somos iguales, ni todos los consejos se pueden tomar de la misma manera. Estos son los míos. Los consejos que yo uso conmigo misma y que me han dado muy buenos resultados. Espero que te puedan servir a ti también.

 

Consejo 1: La responsable de tu vida eres tú y tienes que asumirlo

 

Si no, te estarás condenando a tropezar mil veces en el mismo pedrusco. Ya es hora de dejar que la responsabilidad recaiga sobre los demás. Es hora de que te hagas cargo de tu vida, con todas las consecuencias. Pase lo que pase, la única condena será el aprendizaje.

 

Consejo 2: Busca dentro lo que estás buscando fuera

 

Deja de buscar fuera lo que está dentro de tí. El diamante vive en tu interior, y mientras sigas emperrada en buscarlo fuera tan sólo vas a seguir acumulando más dolor y frustración.

Nadie puede darte lo que tú no te puedes proporcionar a ti misma.

 

Consejo 3: Cultiva tu autoestima

 

Cuando seas capaz de aceptarte tal y como eres, podrás afrontar tus problemas desde otra perspectiva. Sin castigarte, sin hacerte más daño del necesario.

Tu amor propio es la base de tu felicidad. Es realmente importante que aprendas a cuidarte, conocerte y aceptarte. ¡Porque eres única y especial!

 

Consejo 4: Pide ayuda

 

Deja de creerte indestructible y acepta que no siempre podrás hacerlo todo por ti misma. Acepta que es muy sano pedir ayuda, que de esa manera tus problemas serán más llevaderos.

No se trata de pedir consejos para que otras personas te digan lo que tienes que hacer, se trata de apoyarte en cualquier cosa que te ayude a salir adelante, de una forma sana.

 

Consejo 5: Busca siempre el lado positivo de la situación

 

Hasta las situaciones más duras y más dolorosas tienen algo bueno que enseñarte. No te quedes nunca con lo malo. Busca qué es lo positivo que puedes sacar de lo que te está pasando. Siempre encontrarás algo bueno en cada tropiezo. Y cuando digo siempre, es siempre. Sólo tienes que pararte y buscarlo.

 

Conclusiones

 

Nadie nace sabiendo cómo afrontar los problemas. Es algo que vas aprendiendo con el paso del tiempo. Los problemas llegan a tu vida para ayudarte a aprender algo. Si los ignoras, no conseguirás resultados positivos nunca. Si los afrontas, irás creciendo como persona mucho más de lo que puedas llegar a imaginar.

Cuando estás en lo más profundo del pozo, cuesta mucho trabajo ver las cosas de esta manera. Por eso quería contarte mi caso, para que vieses que es posible.

Viajar puede ser una de las cosas más enriquecedoras del mundo. Viajando se aprende tanto…se abre tanto la mente…te cambia tanto la perspectiva de las cosas…

Un viaje cuando toca, te responde todas tus preguntas y  te cambia la vida por completo. Pero si viajas para huir, estás condenada a volver a sufrir los mismos problemas de los que estás intentando alejarte.

Si estás pensando en un período sabático porque quieres escapar de algo, intenta solucionarlo primero.

Trabaja antes de empezar el viaje, para que tu viaje sea una etapa de renacimiento, de paz, de plenitud. Enfréntate a los problemas de los que quieres huir y cuando estés más tranquila ya puedes empezar a planear ese viaje que tanta falta te hace.

Viajar es tan importante, que una vez soluciones tus problemas, vas a seguir queriendo hacerlo. Creo que es algo que todo el mundo debería hacer alguna vez en su vida: cogerse un período sabático para experimentar cosas nuevas.

No aplaces ese viaje que deseas más de lo necesario. Sólo asegúrate de que cuando lo hagas es porque quieres hacerlo, por el gusto de viajar y crecer como persona. Asegúrate de que los problemas no se van a ir contigo.

Y entonces, y sólo entonces, vivirás una de las mejores experiencias de tu vida.

Disfrutando de grandes experiencias durante mi viaje

Huir o evolucionar, tú eliges.

 

Esta es mi historia, y ahora, ¡me encantaría conocer tu opinión y tu experiencia!

 

Cuéntame…

 

¿Has tenido que huir alguna vez? ¿Cómo acabó aquello?

¿Estás planeando tu tiempo sabático y no sabes cómo enfocarlo?

¿Eres de las que corren para atrás o de las que afrontan los problemas?

¿Ya estás disfrutando tu tiempo sabático y te apetece contarme todo lo que estás aprendiendo?

 

¡MUCHAS GRACIAS POR COMPARTIR CONMIGO UN PEDACITO DE TU VIDA!

Tania Carrasco

Blogger y emprendedora at Revolucionat
Gracias a mi blog ayudo a las personas a superar sus miedos a través de su propio autoconocimiento, para construir la vida que desean. Impulso a gente como tú para dejarse de excusas y pasar a la acción. Porque puedes hacer con tu vida lo que quieras, igual que hago yo cada día. Las respuestas a tus preguntas, las tienes tú. Yo sólo he venido a acompañarte, con todo mi amor.

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