Cómo empezó todo

 

Enero de 2014.

El año empezaba con fuerza ya que andábamos como locos ultimando los preparativos de nuestra próxima expedición: recorrer 300 km en raquetas de nieve y con pulka, en autonomía, a lo largo del gélido territorio atikamekw.

Cinco días antes de salir rumbo a Canadá recibo una llamada de la que por aquel entonces era mi jefa.

Después de una brevísima conversación colgué el teléfono.

Aquel día no había ido a trabajar. Había salido a hacer un par de recados y me encontraba en mitad de la calle.

No sabía si reír, gritar o llorar, de pura alegría. Hice las tres cosas a la vez ante la mirada atónita de los transeúntes.

La multinacional para la que trabajaba entonces había decidido cerrar la sede administrativa de Bélgica y trasladarla a la capital de Letonia, Riga. Un escenario que se viene produciendo cada vez más a menudo entre las grandes corporaciones.

Los trabajadores de la sede belga tendríamos que contentarnos con un despido colectivo.

El 31 de diciembre de ese mismo año todo habría terminado.

A mí nunca me ha tocado la lotería, tampoco es que haya jugado mucho, pero recuerdo perfectamente que después de aquella llamada me sentí como si me hubiera tocado el Gordo de navidad, pletórica, emocionada, liberada y con toda una nueva etapa por delante.

Por fin había llegado mi momento para cambiar de rumbo profesional.

 

Quiero hacer otra cosa, pero ¿qué?

 

Al irme a vivir a Bélgica, hace ya más de veinte años, estaba muy ilusionada por todo lo que esa experiencia pudiera traer a mi vida.

Cuando uno se marcha al extranjero, una de las cosas que más le importa es adaptarse al nuevo país de residencia: aprender el idioma, encontrar un trabajo, hacer amistades… en definitiva, encajar de la mejor manera posible en el nuevo entorno.

Para mí nunca fue un problema, soy optimista y perseverante por naturaleza y me adapto muy bien a las nuevas situaciones, así que nunca me faltaron ni trabajo, ni oportunidades, ni amistades, ni metas alcanzadas.

El tiempo pasaba y los últimos cinco años ya no estaba contenta en la empresa en la que trabajaba por aquel entonces. No creía en su filosofía, ni en los productos que vendía, ni en sus supuestos valores.

Pero al mismo tiempo me encontraba instalada en una comodísima zona de confort: horario flexible, buen sueldo, a 10 minutos de casa en coche y 20 en bici, con unos compañeros de trabajo adorables con los que me llevaba genial, pero al mismo tiempo, cada día me sentía más insatisfecha y triste a nivel profesional.

Compañeros de trabajo- esencia salvaje

Con mis compañeros de trabajo durante mi etapa en la multinacional en Bélgica.

Aquella situación hizo que empezara a plantearme ciertas preguntas:

  • ¿Esto era todo?
  • ¿Tengo que pasar x años más en esta empresa u otra similar?
  • ¿Cumplir horarios y reglas establecidos por otros?
  • ¿Pedir permiso a un jefe para tener un puñado de días de vacaciones?

Y el horizonte que se dibujaba se me hacía de todo, menos alentador.

Sentía la profunda necesidad de hacer otra cosa, pero ¿qué?

Había estado buscando en otras compañías, había hecho entrevistas, pero con escasísima convicción sobre la utilidad de esas acciones.

En paralelo a los años que llevaba trabajando en empresas, también me había ido formando en todo aquello que me interesaba (medicina natural, nutrición, grafología, bushcraft, supervivencia, herboristería…) pero siempre como hobby, nunca con la intención de hacer algo profesional de ello.

Además, contaba ya con diversos viajes de aventura y expediciones a mis espaldas.

¿Quizás había llegado el momento de plantearme hacer algo con todo aquello?

Definitivamente, ya era hora de empezar a escuchar esa vocecita tan cruelmente acallada por siglos de domesticación humana.

Y ahora la vida me lo estaba poniendo en bandeja: un despido colectivo, una indemnización y TIEMPO, ese bien tan preciado como escaso en una época tan acelerada. Tiempo para la introspección, para escuchar y dar voz a mi silenciado tambor interno.

 

Atravesando el territorio atikamekw a 30° bajo cero

 

Cinco días después de aquella gran noticia me encontraba atravesando enormes superficies heladas en el lejano Canadá junto con Bert, mi marido, y tres nativos del pueblo atikamekw.

Este país americano nos cautivó desde el primer momento en que pusimos el pie en su territorio hace ya veinte años: su exuberante naturaleza, sus gentes amables y hospitalarias, la amplitud del espacio.

Desde entonces hemos vuelto en numerosas ocasiones.

Pero lo que realmente nos enamoró fue el contacto con las Primeras Naciones canadienses. De ellos hemos obtenido incontables enseñanzas de esas que te marcan de por vida.

En aquella ocasión, habíamos decidido visitarlos de nuevo y recorrer el territorio atikamekw,  con tres de los miembros de este pueblo, utilizando sus formas tradicionales de desplazamiento en invierno: raquetas de nieve de madera, calzado tipo mukluks, trineos hechos a mano y tienda tradicional de lona con estufa portátil.

Horas y horas de caminata sin otro sonido que el de las raquetas hundiéndose en la nieve, sin otra compañía que la de mis propios pensamientos, durante horas, durante días, bajo un sol radiante y un cielo estrellado, pero con temperaturas que rara vez superaban los 30 bajo cero.

Caminando en raquetas de nieve- esencia salvaje

Canadá 2014: Expedición atikamekw en raquetas de nieve.

Nunca podría haber imaginado un entorno más propicio para la introspección.

La ruta que realizábamos era un itinerario tradicional de la nación atikamekw, que hasta hace pocos años todavía se seguía llevando a cabo de forma tradicional.

Durante las largas horas de camino no podía dejar de admirar la grandeza de las Primeras Naciones, su fuerza, su sabiduría ancestral para vivir en armonía con la naturaleza hasta en climas tan extremos como aquel.

Ellos habían logrado perpetuar la especie en condiciones límite con inteligencia y sabiduría, habían sido libres y nómadas hasta hace muy pocos años, hasta que el contacto con el hombre blanco les arrebató su modo de vida, dejándoles a cambio enfermedades y sufrimiento.

Realizar esa ruta era un honor y una forma de ponerse en su piel, de tratar de sentir lo que sentían, de ver lo que veían, mientras recorríamos aquel sendero tantas veces transitado por sus ancestros.

Este viaje era una ocasión única para replantearse cosas, para tomar conciencia de la pequeñez de mis supuestos problemas, para entrar en contacto con mi yo más auténtico y profundo y averiguar de una vez por todas qué quería hacer con mi vida profesional.

Regresando a casa, reflexiones

 

Culminamos la expedición con éxito.

Atrás quedaban amigos, personas inolvidables que marcaron para siempre nuestras vidas, momentos entrañables, y un país que nos robó el corazón desde el primer día en el que pusimos pie en su tierra.

Las diversas estancias entre pueblos autóctonos de países como Canadá o Mongolia han sido mis mejores escuelas de vida. Me han hecho tomar conciencia de muchísimas cosas, pero la más importante es la siguiente:

Las llamadas Primeras Naciones de América, pasaron de la vida nómada, libre y salvaje a la vida domesticada en menos de tres siglos. Los devastadores efectos de aquella brutal transición son conocidos por todos.

En Occidente el proceso de domesticación humana ha sido mucho menos abrupto y más progresivo, digamos que empezó hará unos 10 000 años tras la aparición de las primeras sociedades agrícolas.

Pero su efecto ha sido y es igualmente destructor.

Escuchando sus historias de primera mano, me reiteraba en la idea de que el origen de todos nuestros males en la sociedad actual tiene una causa doble:

1/ Habernos desconectado de nuestra verdadera esencia que es, sin lugar a dudas, salvaje.

2/ Habernos separado de la naturaleza, nuestro verdadero hogar y proveedor de vida.

Estas conclusiones y experiencias despertaron en mi la necesidad de reflexionar sobre muchos temas y sentí una imperiosa urgencia de hacer algo con mi vida. Había empezado un proceso de cambio que ya no tenía marcha atrás.

 

El origen de todos los males: el día que dejamos de ser salvajes

 

El significado de la palabra “salvaje”

 

Salvaje.

En español suena mal la palabrita. Siglos y siglos de domesticación nos han hecho creer en el sentido peyorativo de lo salvaje.

Y, sin embargo, “salvaje” significa vivir una existencia natural, en plenitud, en armonía con el medio natural y con las personas que nos rodean, con una integridad innata y unos límites saludables, con alegría, creatividad y pasión.

Algo es salvaje cuando se halla en su estado original, libre, sin modificación o manipulación por parte del hombre.

 

La causa de la pérdida de nuestra vida salvaje

 

La creación de entornos artificiales y alejados de la naturaleza es la causa mayor de que hayamos perdido nuestra esencia salvaje.

 Plantas, animales y humanos hemos sido salvajes la mayor parte de nuestra existencia, viviendo en perfecta armonía con la naturaleza, completamente integrados en ella, capaces de abastecernos de sus recursos para vivir, sin explotar, de manera completamente autosuficiente y autónoma.

Hasta que un día decidimos vivir en casas y empezó el afán por retener, dominar y acumular. Así acabamos cambiando libertad por una supuesta seguridad.

Fuimos creando poco a poco un entorno artificial y alejándonos cada vez más del medio natural, hasta tal punto que hoy a muchos nos resulta un gran desconocido.

Si ya existen niños que piensan que la comida proviene de las fábricas, que creen que el kétchup es una verdura o que afirman que la leche con cacao proviene de vacas marrones, la cosa es, como mínimo, para preocuparse.

 

Las consecuencias de la pérdida de nuestra vida salvaje

 

Las comodidades y la tecnología dominan nuestra adormecida existencia, y los niveles de insatisfacción a nivel personal crecen por momentos, al igual que las llamadas enfermedades de la civilización: la depresión, el suicidio, la pobreza o los conflictos entre razas y naciones.

Nos sentimos enfermos, con los niveles de vitalidad por los suelos, débiles, descentrados y perdidos.

Para poder sobrevivir, vivimos en piloto automático, drogados por el consumo y el materialismo.

La domesticación humana nos hace vivir como autómatas y nos aleja de nuestra esencia.

Nuestra esencia es salvaje.

A lo mejor te esperabas algo más sexy, pero la esencia salvaje no es otra cosa que lo dicho arriba: alegría, creatividad, pasión, vivir la vida en plenitud, en armonía con el medio natural y con las personas que nos rodean.

Esta es la base de la filosofía detrás de la palabra rewilding. Por eso me gusta tanto esta palabra, y por eso nombré mi blog “Rewilding drum”.

Qué bonito. Suena muy bien ¿verdad?

Pero, ¿cómo narices se alcanza todo eso?

Sigue leyendo, ahora mismo te lo voy a contar.

 

¿Por qué un año sabático es el escenario ideal para reconectar con tu esencia salvaje?

 

El primer paso para reconectar con nuestra esencia salvaje es parar.

En una sociedad en la que ser productivo se ha convertido en obsesión, eso del año sabático suena como a flojera, a irresponsabilidad, cuando en realidad es uno de los regalos más bonitos que puedes concederte a ti mismo.

¿Por qué?

Porque abandonar la rutina, tu zona conocida, la vida a golpe de despertador y a ritmo de agendas imposibles, te permite eso precisamente, parar y concederte tiempo para vivir de verdad, para la introspección, para reflexionar y replantearte cosas, para descubrir quién eres, qué quieres y actuar en consecuencia.

El sistema actual no deja espacio para la búsqueda interior porque nos bombardea con estímulos exteriores y pretende hacernos creer que somos seres imperfectos que hay que arreglar comprando y consumiendo productos.

Y, sin embargo, solo la búsqueda interior nos conduce a reconectarnos con la creatividad, con la pasión y con una vida libre y equilibrada en armonía con todo lo que nos rodea y, en definitiva, con nuestra esencia salvaje.

Tenemos que aprender a dejar de ser marionetas del sistema, ¡basta ya a tanta domesticación!

Y para ello, un año sabático es el escenario perfecto para parar y alcanzar dicha reconexión gracias al nuevo contexto que te ofrece.

Reconectando con mi esencia salvaje

Reconectando con mi naturaleza salvaje durante mi año sabático.

 

Cómo reconectar con tu esencia salvaje durante un año sabático

 

Mucha gente viaja para reencontrase durante un año sabático y, de hecho, me parece una decisión maravillosa y acertadísima ya que viajar es una actividad “abre-mentes” donde las haya y una de las mejores maneras de aprender que conozco.

Pero, ¿sabes qué?

Que ya llevamos dentro toda la sabiduría necesaria para reconectarnos con nuestra esencia salvaje. Y aunque está muy bien, no es imprescindible perderte en Alaska o en el Tíbet.

Esa la gran noticia.

La mala noticia es que muchos no estamos dispuestos a pagar el precio. Preferimos seguir instalados en la mediocridad por el miedo que nos da enfrentarnos a nuestras propias sombras.

Una de las cosas que más me llamó la atención durante los meses que siguieron al despido colectivo fue que casi ninguno de mis excompañeros de trabajo utilizó la ocasión como impulso para replantearse la vida, ni siquiera para reinventarse profesionalmente.

El 99% volvió a más de lo mismo.

Pero lo más curioso es que, a pesar de que la empresa nos pagó una parte de la indemnización en forma de estudios a ELEGIR por nosotros (lo mismo daba que fuera costura, cocina, idiomas o administración de empresas), prácticamente ¡nadie utilizó ese dinero!

Aquí me quedó muy claro que la eterna excusa del “no tengo dinero” para la mayoría no es más que eso, una tremenda excusa para no evolucionar y quedarse en su pequeño mundo conocido.

No lo juzgo, bastante tenía yo con encontrar mi propio camino, pero no podía dejar de sorprenderme.

Durante aquellos largos días de silencio y ruta por lagos helados y bosques nevados, descubrí que para reconectarnos de nuevo con esa esencia salvaje “solo” había que hacer dos cosas:

1/      Averiguar quiénes somos realmente

2/      Volver a entender la naturaleza y reincorporarla de nuevo en nuestras vidas

Ahora solo me faltaba ponerlo en práctica y así me propuse hacerlo.

Ya vas viendo todos los beneficios que eso me ha traído a mi vida. Por ello, te recomiendo mucho que destines tu año sabático para hacer lo mismo, porque te puedo asegurar que harás cambios increíbles.

A continuación, te voy a contar cómo puedes llevarlo a cabo tú también.

 

Averigua quién eres realmente

 

No saber quién eres es dramático porque te condena a vivir una vida que no es la tuya.

Hay muchas maneras de trabajar el autoconocimiento.

Por ejemplo, Cintia te cuenta en este artículo cómo encontrar respuesta a la pregunta ¿quién soy yo? durante tu año sabático.

Te voy a contar las que yo puse (pongo) en práctica y de las que he obtenido lo mejores resultados.

 

Permítete disfrutar de las cosas pequeñas

 

Como dije más arriba, lo primero que necesitas es PARAR.

Sí, en serio, STOP.

A mí me costó infinitamente bajar el ritmo y dejar de hacer cosas todo el día como una posesa.

Date permiso para no hacer “NADA”, para simplemente pensar, reflexionar, contemplar, observar, sentir (a todo esto, le llamamos “no hacer nada” porque supuestamente, no es productivo).

Leyendo los artículos de experiencias sobre años sabáticos en el blog de Cintia, una de las características comunes a todos los invitados es que la mayoría han empleado ese año sobre todo en viajar como, por ejemplo, la historia de cómo Patricia utilizó sus miedos para enfrentarse y preparar su viaje a la India

En mi caso, la expedición en Canadá de la que te hablo, fue el detonante para que decidiera tomarme un año sabático dedicado al autoconocimiento e incorporar la naturaleza en mi vida cotidiana, sin la necesidad de viajar. Así que mi año sabático lo pasé en casa.

Lo que realmente deseaba era VIVIR el momento en el lugar en el que me encontraba.

Una vez que el ritmo frenético de mi vida empezó a disminuir drásticamente, me prohibí a mí misma volver a llenar la agenda como si no hubiera un mañana.

Ahora, por primera vez en muchos años, tenía tiempo. Quería y podía disfrutar de él y quería hacerlo disfrutando de cosas tan sencillas como estas:

  • Levantarme por la mañana y leer un libro, en lugar del maratón matinal antes de llegar a mi puesto de trabajo
  • Echarme una siesta cuando tuviera sueño, en vez de tomarme un café después de comer para aguantar la segunda parte de la jornada
  • Salir a correr cuando el cuerpo me lo pidiera, en vez de tener que hacerlo después del trabajo con prisa porque hay que hacer mil cosas más
  • Irme a cosechar hierbas y flores para la ensalada o ir a la granja a por leche o verduras en lugar de tener que comprar todo en el supermercado
  • Dedicarle más tiempo de calidad a mi laboratorio para crear productos naturales y dejar de comprar lo primero que pillo por falta de tiempo
  • (Re)aprender a pintar, de pequeña me encantaba
  • Tumbarme a tomar el sol a la hora que me venga en gana
  • Quedar con una amiga a desayunar o a comer en mitad de la semana, de forma espontánea sin tener que reservar cita en la agenda dos meses antes
  • Tener más tiempo de calidad con mis hijos en lugar de andar siempre con prisas y escuchando solo por encima lo que tienen que contarme.

Como ves, son cositas muy pequeñas, pero era tan importante para mí poder vivirlas que disfrutaba enormemente cada segundo que podía dedicar a todas ellas.

Este fue el primer paso: despejar mi mente de estrés y de prisas.

Vida sin estrés- esencia salvaje

Vida sin estrés ni prisas en mi jardín silvestre comestible.

De este modo, se abrió un nuevo espacio en el que ver con mayor claridad para averiguar, por fin, qué quería hacer más adelante.

Invierte en (auto)conocimiento

 

La segunda decisión que tomé fue la de volver a las aulas.

Tuve muchas dudas sobre qué hacer o qué estudiar, pero gracias a los momentos de calma y sosiego que me permití disfrutar, fui capaz pensar con más claridad y al final me decidí por:

  • Coaching de vida como herramienta de autoconocimiento.

El coaching te enseña a conocer tus valores y talentos, cómo vencer frenos, cómo ser una mejor versión de ti mismo y te ayuda a salir del automatismo.

Existe una gran variedad de herramientas. Las que más me han ayudado a mí son:

El Eneagrama: es como una especie de mapa de nuestro territorio emocional y de nuestra personalidad que nos puede a ayudar a conocer nuestro lado oscuro e ilusorio (ego), así como nuestro lado luminoso (esencia).

El Eneagrama describe 9 tipos de modelos mentales o filtros a través de los cuales interpretamos la realidad y propone un viaje de autoconocimiento basado transmutar el miedo (ego) para convertirlo en amor (esencia).

Si quieres ahondar en el tema te recomiendo el libro Encantado de conocerme, de Borja Vilaseca.

La ley del Espejo me fascinó desde el mismísimo día en que tuve conocimiento de ella. Viene a decir que cada causa tiene siempre un efecto. Los acontecimientos que ocurren en nuestra realidad son el efecto. Y la causa del efecto siempre está en nuestro interior. Por lo tanto, todo lo que ves fuera no es más que un reflejo de lo que llevas dentro.

“Como es dentro, es fuera”

Hay mucha literatura al respecto, pero, para empezar, puedes leerte el librito de Yoshinory Noguchi que lo explica muy bien: La ley del espejo, que puedes descargar gratis en internet.

La tipología del temperamento me ayudó a comprender gran cantidad de cosas sobre mí misma pero también sobre otras personas de mi entorno más cercano.

Hipócrates fue el primero en clasificar a los humanos por temperamentos basándose en los cuatro humores o líquidos del cuerpo (bilis amarilla, bilis negra, flema y sangre).

Así se establecieron los cuatro temperamentos, según predominaba uno u otro humor: melancólico, sanguíneo, flemático y colérico, respectivamente.

Es un sistema todavía vigente en la actualidad, pero ahora se sabe que los temperamentos están más bien determinados por el sistema nervioso y por la influencia endocrina.

El libro que más me gusta en este sentido es el de Joaquina Fernández, Piensa en ti, que dedica todo un capítulo a desarrollar cada temperamento.

  • Coaching de salud:

Lo hice con el fin de ser capaz de gestionar mi salud y la de mis allegados de la manera más autónoma posible.

Hemos olvidado toda la sabiduría ancestral que ha permitido la perpetuación de la especie hasta nuestros días. Hemos dejado nuestra salud en manos de corporaciones farmacéuticas que no velan por otra cosa que no sea llenar sus bolsillos a costa de quien sea.

La responsabilidad personal es, para mí, imperativa, así que después de mucho tiempo alejada de la vida estudiantil, decidí volver a las aulas. Durante dos añitos me formé como Health Coach o coach de salud en la Escuela Europea de Medicina Natural aquí en Lovaina, ciudad en la que resido.

Volver a estudiar fue todo un desafío, y más aún en otro idioma, pero reconozco que lo disfruté mucho, conocí a personas estupendas y es una experiencia que le recomiendo a todo el mundo.

 

Emprende

 

No sé si emprender es algo que se puede aprender o se lleva en la sangre.

En cualquier caso, vivimos en un momento único de la historia en el que el acceso a internet te brinda oportunidades infinitas.

Tener conocimiento de todas esas herramientas abre muchas puertas, por lo que es necesario aprender y, si es posible, de mano de los mejores. Por ejemplo, tanto Cintia como yo hemos apostado por el programa de mentoría de Antonio G. de Inteligencia Viajera.

En su blog vas a encontrar mucha información inspiradora (artículos, podcasts y entrevistas) sobre personas que dan el salto y apuestan por una vida profesional más enriquecedora. Además, te ayuda a montar tu propio negocio .

Emprender es una forma muy particular de autoconocerse porque ya no tienes jefes ni compañeros de trabajo a los que culpar de lo que no va bien. Estás tú ante ti, ante tus miedos y carencias. De ti nada más depende superarlos y trascenderlos.

¿Y para qué me metí yo en este berenjenal?

Desde mi punto de vista, es obsoleto que te paguen por obedecer, por cumplir órdenes, por hacer un trabajo que ni te va ni te viene y, además, tener que aguantar horarios, jefes y sueldos miserables.

El resultado de ese modelo ya lo conocemos casi todos: frustración, desgana, falta de motivación, apatía y, por último, automatismo, como mecanismo de supervivencia para aguantar el tirón.

Y esa es la principal razón: creo que emprender es la única manera de salir de ese callejón (con salida), de conectar con uno mismo y la mejor manera de sacar todo el potencial que llevamos dentro.

Todos tenemos algo que aportar, algo que decir, todos sabemos hacer algo en lo que somos únicos y buenísimos. Y ese algo, cuando brota del corazón, es siempre un instrumento para mejorar el mundo.

 Cada vez somos más los que decidimos dar un paso al frente, por ejemplo, Cintia te cuenta en este post porqué cómo emprender le ha cambiado la vida y 20 motivos que le han llevado a ello

Y en ese camino me encuentro ahora exactamente, con sus altos y sus bajos, que también los hay, por supuesto.

No es un camino de rosas, no te voy a mentir, hay días en que mandaría todo a tomar viento fresco, pero la satisfacción personal que te aportan los resultados que poco a poco vas logrando es mucho mayor.

La clave está en no perder de vista el objetivo, el “para qué” uno decide meterse en el mundo del emprendimiento y seguir adelante a pesar de las dificultades.

A mí, personalmente, emprender me está ayudando a:

  • Ser más creativa
  • Tener más confianza en mí misma y en la vida
  • Cambiar creencias en torno al dinero y al trabajo
  • Ser más luchadora
  • Ser más organizada
  • No dejarme vencer por los obstáculos
  • Ser más responsable y menos víctima
  • Ser más proactiva
  • Ser más consciente de mi valía y de mis posibilidades
  • Tomar mejores decisiones
  • Cambiar mi estilo de vida

La lista es larga, y sin duda alguna creo que emprender es un ejercicio enriquecedor que aporta muchos beneficios a todo aquel que se embarca en esta aventura.

El camino del autoconocimiento no termina nunca porque para eso hemos venido al mundo.

Pero es una senda muy bonita que aconsejo recorrer si queremos vivir una vida más plena y alcanzar la realización personal.

 

Incorpora la naturaleza en tu vida a través de los cuatro elementos

 

El segundo paso para reconectar con nuestra esencia salvaje, y que en realidad es paralelo al autoconocimiento, consiste en dejarse envolver por la fuerza de la naturaleza.

La naturaleza es nuestro verdadero hogar, aunque para muchos se haya convertido en una perfecta desconocida.

Estar en contacto con la naturaleza no es solo irte al Himalaya o disfrutar del medio natural durante tus vacaciones (que también).

Mi objetivo era hacerlo cada día, aunque fuera viviendo en una ciudad.

Para ello me comprometí a realizar pequeñas acciones cada día, tan simples, pero tan importantes como:

  • Caminar descalza cada día y decir, por fin, adiós a los tacones
  • Dormir de vez en cuando a la intemperie
  • Beber agua de manantial
  • Seguir aprendiendo de plantas comestibles y medicinales e ir incorporándolas en el día a día
  • Reducir al máximo el consumo de comida procesada y envasada
  • Reducir al máximo el uso del plástico
  • Empezar un proyecto de “jardín salvaje comestible” que ahora empieza a dar sus primeros frutos
  • Respetar al máximo el ritmo circadiano
  • Dejar de vestir ropa sintética: llevo dos años vistiendo solo o prácticamente ropa ecológica. Mi armario está más despejado que nunca porque me lo pienso muy requetebién antes de comprar cualquier prenda. Menos, es más. Siempre.
  • Reaprender el movimiento natural del cuerpo humano y ponerlo en práctica a diario
  • Desconectar completamente de la tecnología, como mínimo una vez a la semana

Se trata de algo tan simple como ir reconectándote con todos y cada uno de los elementos, de forma consciente, todos los días.

Hay gente que vive obsesionada con hacer dieta o con la comida sana, que si paleo, que si vegano, que si sin gluten, etc. ¿Y qué pasa con el agua que bebes, el aire que respiras o la exposición solar?

Tierra, Agua, Aire y Fuego son por igual nutrientes que necesitamos por igual para mantener niveles óptimos de vitalidad. La vida en nuestro querido planeta solo es posible gracias a ellos.

Los cuatro elementos de la naturaleza- esencia salvaje

Tierra, Agua, Aire y Fuego: los cuatro elementos de la naturaleza.

Al encerrarnos en entornos artificiales nos alejamos de su beneficiosa influencia sobre nosotros.

Esto se traduce en una pérdida de energía vital mucho más allá de lo que podamos imaginarnos.

Como seres vivos que somos, estamos también compuestos por estos cuatro elementos y reconectar con ellos es imprescindible para vivir en salud y armonía.

Si el ejercicio de reconectar con la naturaleza te parece algo demasiado amplio o ambiguo, utilizar los cuatro elementos cómo guía es una forma muy fácil de conseguirlo.

A continuación, te doy algunos ejemplos.

 

Reconecta con la Tierra

 

La Tierra es la proveedora de alimento. La comida no se hace en las fábricas ni en los laboratorios como muchos niños ya empiezan a creer.

Reconectar con la Tierra es, por ejemplo:

  • Pisarla descalza para que su energía te atraviese y te sane
  • Alimentarnos de los que nos ofrece con un mínimo de procesamiento
  • Reaprender a reconocer las plantas comestibles
  • Reaprender a cultivar
  • Sentir el placer y el valor de cosechar tus propios alimentos

 

Reconecta con el Agua

 

El 70% de nuestro bello planeta es agua. El mismo porcentaje de nuestro cuerpo es agua.

Una de las máximas de la medicina natural es: “nuestra salud depende de la calidad de los líquidos que componen nuestro organismo”.

Todos ellos están mayoritariamente compuestos por dicho elemento, como la sangre, por ejemplo, pero en la sociedad actual nos permitimos decir cosas como que el agua es para los peces, bebemos de todo menos agua, consentimos derrochar y despreciar este líquido tan esencial para la vida.

Aquí van algunas ideas para reconectar con el elemento Agua:

  • Bañarte bajo la lluvia
  • Bañarte en entornos naturales (lagos, playas, ríos)
  • Pisar los charcos descalza
  • Beber agua de manantial
  • Recolectar el agua de la lluvia
  • Beber agua con gratitud

Hace dos semanas cayó una tremenda tromba de agua. Había hecho calor todo el día y la lluvia era de agradecer. El mayor de mis hijos dijo: ¿y por qué no nos duchamos fuera?

Así que salimos todos a correr por jardín permitiendo que la lluvia nos envolviera y nos refrescara. Fue divertidísimo, pero a la vez muy espiritual y nos sentimos plenamente conectados con la fuerza del elemento Agua así como agradecidos por aquel baño tan poco civilizado.

 

Reconecta con el Aire

 

Encerrarnos en casas y en otros espacios artificiales ha provocado que el aire que respiramos, no solo esté contaminado fuera, sino también dentro, y en una concentración mucho mayor.

Productos de limpieza, de higiene, pinturas sintéticas, calefacción, aire acondicionado, por no mencionar la invisible polución electromagnética, hacen que el aire que respiramos sea cualquier cosa menos aire puro.

¿Qué podemos hacer?

Reconectar con el Aire es, por ejemplo:

  • Ventilar las estancias todos los días, mínimo 10 minutos en invierno y todo lo que te sea posible el resto del año.
  • Pasar todo el tiempo que podamos y hacer todo lo que podamos al aire libre: caminar, hacer deporte, incluso trabajar, meditar, leer, cocinar si tienes jardín, montar en bici, o cualquier cosa que se te ocurra.
  • Reconectarnos con la respiración. ¿Sabías que la mayoría de la gente no sabe respirar? Aprender a respirar de forma adecuada y profunda es una de las formas más eficaces de depurar el organismo, entre otros muchos beneficios.

Mucha gente piensa que viviendo en una ciudad es imposible respirar aire fresco. Vale, fresco no es, pero es mucho menos fresco el aire que hay dentro de los sitios. Por eso, aunque vivas en una ciudad, sal fuera todo lo que puedas y realiza ejercicios de respiración en un parque, por poner un ejemplo.

 

Reconecta con el Fuego

 

El elemento Fuego está representado por el Sol. Tampoco habría vida sin él en la Tierra.

Los rayos ultravioleta son imprescindibles para diversos procesos vitales como, por ejemplo, la síntesis de vitamina D, que posibilita la absorción de calcio de forma eficiente.

La radiación solar tiene gran cantidad de beneficios en nuestra salud. El estado anímico y nuestro reloj biológico están regulados, en gran medida, por la luz. Lo mismo ocurre para los animales y las plantas.

Vivir y trabajar en espacios cerrados, junto con la llegada de la luz artificial, nos ha alejado de manera alarmante de este elemento.

¿Cómo reconectar con el Fuego?

Reconectar con el Fuego es, por ejemplo:

  • Sincronizarte con la naturaleza mediante la luz solar siguiendo el ritmo que ella marca, siempre que sea posible. Esto se puede conseguir bajando el ritmo de vida y el nivel de luminosidad cuando oscurece (aparatos electrónicos y luz artificial).
  • Reaprender el manejo del fuego es una parte fundamental de la vida en la naturaleza que nos conecta con esa fuerza primitiva y salvaje que todos llevamos dentro. En este artículo cuento, a través de una pequeña anécdota, cómo aprender a encender un fuego es uno de los ejercicios de mindfulness menos habituales, pero más efectivos que existen.
  • Igual que con el elemento Aire, hay que salir fuera y pasar el máximo tiempo que podamos al aire libre, eso sí, sin olvidar tomar precauciones, especialmente en verano. Necesitamos que nos dé el sol en todos los poros de nuestro cuerpo, en cualquier época del año.

Y, por último, practica el agradecimiento, una de las fuerzas universales más potentes: agradece la Tierra que te alimenta, el Agua que calma tu sed, el Aire que respiras y la energía vital del Fuego te ilumina.

 

Conclusión

 

Recapitulando, estoy convencida de que la mayor parte de los problemas que vive la sociedad actual tienen su origen en:

  1. La desconexión de nuestra verdadera esencia, que es salvaje.
  2. La desconexión de la naturaleza, nuestro verdadero hogar y proveedor de vida.

Trabajar estos dos puntos nos va ayudar a encontrar soluciones sin ningún lugar a dudas.

El primero, practicando el autoconocimiento.

El segundo, reconectando con el medio natural a través de los cuatro elementos.

La cuestión es averiguar si estamos dispuestos a ello, si realmente queremos abandonar la comodidad y el adormecimiento.

El camino no es fácil, pero es muy bonito y, sobre todo, muy liberador.

Te deseo de corazón que conectes con tu alma salvaje y empieces a crear una vida plena y llena de sentido.

Muchas gracias, lector de Cintia’s Love in Action, por estar ahí y por leerme.

Y gracias de corazón a Cintia por abrirme las puertas de su casa y por permitirme acercarme a ti a través de su blog. Ha sido un enorme placer para mí poder hacerlo.

¡Un abrazo enorme!

Kiki

 

Crédito de imágenes:

Los cuatro elementos: Alexandre Chambon para Unsplash

 

Es tu turno

¿Qué te parece la idea de explorar tu lado salvaje durante un año sabático?

¿Has tenido ya alguna experiencia de este tipo?

¿Crees también que reconectar con la naturaleza y con nuestro lado más auténtico es la solución a los males que asolan la sociedad actual?

Estaré feliz de aclarar cualquier duda que te surja en el espacio de comentarios.

 

Kiki Nardiz

Rewilding Coach y emprendedora online at Rewilding Drum
Soy Kiki Nárdiz, coautora del blog Rewilding Drum, desde el que comparto estrategias y herramientas para ayudarte a salir del automatismo y a recuperar la energía vital a través del contacto consciente con la naturaleza. Te regalo mi guía “7 errores que te alejan de tu naturaleza salvaje y como solucionarlos”
Kiki Nardiz
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