El hundimiento

Transformé mi vida el día que dije “Basta!”, el día que cansada, exhausta y agotada de tanto nadar a contracorriente me rendí a la vida y le pregunté qué quería de mi. La vida me habló, y me habló bien clarito.

Mi alma estaba ya por aquel entonces “en coma”, en un estado vegetativo al cuál más no podía hacer oídos sordos. Estaba abocada a un cambio radical e imposponible de vida, el cuál ha sido el mayor regalo que la vida me ha podido hacer.

Hoy quiero relataros exactamente cómo fueron las cosas, que sucedió en mi vida para “tocar fondo”, que proceso de sanación seguí y como lo hice para salir del agujero y transformar mi vida hasta llegar al momento actual, donde siento que mi alma brilla con su máximo esplendor y siento que todo tiene un sentido y una coherencia infinitas.

 

Los inicios de mi proceso de enfermedad

 

Hace ahora unos 5 años empecé a sentir que estaba cansada. Mi vida, como la de todo el mundo, era una vida bastante estresada (aunque en aquel momento pensaba que eso era lo “normal”). Trabajaba muchísimas horas de maestra en la escuela, hacía cursos de formación, iba a clases de baile, y llevaba adelante mil otras cosas que me iban surgiendo y compromisos relacionados con los amigos y la familia.

El resultado era una vida con una agenda apretadísima sin tiempo para mí misma y viviendo para que llegara el fin de semana para poder disfrutar de tiempo libre (y aún así, muchos fines de semanas los seguía teniendo ocupados).  ¡Y eso que me encantaba mi trabajo!

 

Mi cuerpo quiebra

 

El caso es que empecé a tener síntomas varios… dolor de espalda, dolor de cabeza, cansancio,… pero yo seguía sin escuchar.

Hace dos años y medio, lo que fue en mayo de 2013, llegué a lo que sería mi límite de estrés y/o agotamiento físico y mental, y una ruptura de pareja fue el detonante (no la causa) de lo que yo llamo “mi quiebra” o “el hundimiento”.

En ese momento mi cuerpo estaba ya muy debilitado de “ir arrastrándome” durante tanto tiempo y entré en lo que comúnmente llamaríamos “depresión” aunque hoy se con certeza que lo que estaba atravesando era una “crisis emergente” (con síntomas similares a una depresión) por la naturaleza espiritual que la caracterizaba.

Se me alteró la tiroides y me diagnosticaron un hipertiroidismo leve. El médico me recomendó reposo y una vida muy tranquila, aunque con esa pauta a los 2 o 3 meses la tiroides se me reguló.

 

7 meses de baja laboral

 

De todos modos, los síntomas de cansancio persistían, y el resultado fueron 7 meses de baja laboral. 7 meses (con unas vacaciones de verano por medio) sin poder ir a trabajar porque el cuerpo no me respondía. 7 meses (que se alargaron un año más) de no tener energía, de meterme en una cama hasta esperar a que la tormenta pasara, de intentar entender qué me estaba sucediendo, de sentir una profunda desazón y sinsentido de la vida, de sentir que había perdido toda ilusión, de no tener ganas de nada, de lágrimas… 7 meses de apatía, de tristeza, de incompresión ante la vida atravesando capas y capas de mi ser, yendo al núcleo concentrado de mi Verdad.

 

Cuestionándomelo todo

 

7 meses de cuestionármelo TODO, y cuando digo TODO, digo TODO.

¿Para qué vivo? ¿Quién soy yo? ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Cuál es mi misión? ¿Qué es lo que realmente me hace feliz? ¿Qué importancia tiene el dinero, el amor, el trabajo, la ¿familia, los amigos en mi vida? ¿Qué valor le doy a cada uno de ellos? ¿Qué me da y me quita energía? ¿En qué invierto mi tiempo? ¿Qué tipo de relaciones quiero en mi vida? ¿Cómo quiero priorizar mi tiempo a partir de ahora? ¿Qué cosas o actividades no me apetece seguir haciendo? Y un largo etcétera…

 

Buscando ayuda

 

Durante todo ese tiempo recurrí a todo tipo de ayuda y terapeutas posible: sanadores, canalizadores, acupuntores, flores de bach, masajistas, piedras… pero el hoyo era tan profundo que acceder a él requería aún más tiempo. Y lo más importante, requería tomar decisiones.

Después de esos 7 meses aún no estaba recuperada del todo, pero me sentía con más ánimos y fuerza de volver a la escuela y intentar llevar de nuevo una vida “normal”. Salir de ese estado vegetativo… salir de esa cama y ese sofá que me tenían atrapada.

 

Regreso al trabajo

 

Volver a la escuela fue una gran motivación para mí. Después de ese tiempo yo era totalmente otra persona, mi verdad había cambiado por completo de la maestra que era cuando me fui antes de que acabara el anterior curso escolar.

Empecé a enseñar yoga y meditación a mis alumnos, me propuse que a partir de ese momento mi mayor objetivo sería enseñar a mis alumnos a ser felices, a saber quiénes son, a escucharse a sí mismos, a gestionar sus emociones.

 

Sigo sin levantar cabeza

 

Parecía que lo peor ya había pasado, pero no… Seguía llegando exhausta de trabajar a casa, y los días se me hacían eternos e insufribles. Ir a trabajar suponía un esfuerzo sobrehumano para mí, y a menudo a la hora del recreo, a la hora de la comida o en cualquier otro momento, necesitaba tumbarme en el suelo a descansar. Mi cuerpo quería escapar de allí, reclamaba libertad.

Mi alma seguía exhausta, luchando por subsistir un día más, luchando para llegar al fin de semana para simplemente no hacer nada.

2 o 3 meses después de mi regreso a la escuela seguía sumamente agotada. Vivir para mí se había convertido en un sacrificio. Ir a trabajar era casi una pesadilla (y eso que adoraba mi trabajo!),  ir a comprar, cocinar, lavar la ropa, limpiar… es decir, hacer todas las tareas que requiere llevar una casa sola, se me hacían cuesta arriba.

Hasta que finalmente tuve que volver a casa de mis padres. Eso fue un golpe muy duro para mí, y por supuesto para mi familia y amigos por verme tan afectada.

 

Más síntomas de enfermedad

 

Los síntomas de enfermedad (sin considerar por ello que yo era una enferma) se iban acentuando… empecé a tener vértigos, problemas de cervicales y la crisis emergente (con síntomas depresivos) persistía.

Primeros signos de recuperación

Me voy a India

 

Necesitaba renovar ilusiones en mi vida, necesitaba hacer cambios y en ese momento lo que más ilusión me hacía era viajar en verano a la India yo sola. Así que en lo que era Semana Santa del año 2013 me compré billetes para viajar a India en verano de ese año.

Aun así el “enigma” de qué hacer con mi vida seguía latente. Lo que estaba claro es que así no podía seguir. Tenía claro que tenía que hacer cambios, que tenía que buscar una salida a esa vida que en esos momentos ya no me llenaba y había perdido el sentido.

Mientras seguía buscando mi verdad, seguía yendo a todo aquél que pudiera ayudarme a sanar aunque en ningún momento delegué mi responsabilidad en nadie, porque en el fondo de todo sabía que nadie podía ayudarme, sólo yo. La clave del cambio estaba en mí, y solo en mí.

 

Punto de inflexión: ¡me di permiso para volar!

 

Un momento decisivo en todo mi proceso fue cuando durante esa época empecé a asistir a un terapeuta en bioenergética por los mismos motivos… estaba cansada, exhausta, sin energía, sin ilusión. Empezó a trabajar bio-energéticamente conmigo y mi sorpresa fue que a la 4ª o 5ª sesión me dijo muy clara y honestamente que no volviera más, que yo no tenía ningún problema.

No era cierto que yo no tuviera energía, sino que mi energía estaba bloqueada porque no estaba haciendo lo que más me apetecía hacer en esos momentos en mi vida. No estaba realizando mi misión, estaba distraída con otros asuntos que no eran los que en verdad mi alma me reclamaba en esos momentos.

Me dijo que veía que lo que me sucedía era claramente una crisis espiritual en toda regla, y me sugirió que en vez de irme a la India 2 meses me fuera un año, ¡que me diera libertad para volar!

En ese momento me eché a llorar como una niña pequeña, fue como un descorche de emoción y una gran liberación… pues sentí que por primera vez alguien me estaba dando el permiso para hacer justo lo que me apetecía hacer.

Recuerdo que entre lágrimas y sollozos le decía “¡Siiiii….ya lo sé… siiiii… ya lo sé!”. Sabía que justo eso era lo que mi alma anhelaba…¡cogerme un año sabático! ¡ Volar! ¡Ser libre! ¡Salir de la rutina! ¡Reinventarme!

De momento dejé en “stand by” lo de la decisión del año sabático. De momento decidí ir a la India ese verano, ver cómo me sentía, que cambios se producían en mí y a la vuelta ya decidiría que hacer.

Me fui hecha polvo y regresé nueva nuevita… eso me hacía reflexionar que el problema no estaba en “mi” sino en lo que hacía, en las exigencias del trabajo, el coste energético, físico y emocional que eso me implicaba y el estilo de vida que llevaba que ya no me llenaban.

Regreso a la rutina y sentir que muero en el intento

 

Al volver de la India volví a “darme de canto en los dientes” otra vez (eso ya me había pasado también el verano anterior cuando regresé después de todo un verano idílico en Formentera). Volví del verano y del viaje perfecta, renovada, pletórica, radiante… y al volver a la rutina sentir que me marchitaba de nuevo.

De todos modos por mi mente ya bailaba la idea del año sabático. El miedo es el que pretende distraerte de tu verdad, pero el alma sabe lo que necesita… ¡y yo lo sabía más que de sobras! Externamente (de cara a los demás) aún no había tomado la decisión, pero internamente, una parte de mi hacía tiempo que ya sabía que esa era la única salida.

El inicio de la libertad

Tomo la decisión: me voy

 

Pero el detonante de todos fue cuando al regresar de la India y sentir que seguía cansada y sin energía fui a hacerme una analítica y me encontraron los niveles de litio por los suelos. Al parecer, el litio es una substancia química del cerebro que regula el estado de ánimo y en caso de deficiencia puede provocar depresión y otras alteraciones emocionales más graves.

Eso daba en cierto modo una respuesta a lo que me pasaba y en cierto modo me alegró porque parecía que ya me estaba volviendo loca y todas las pruebas a nivel médico salían bien, pero la solución “médica” a mí no me conformaba del todo. No creo en las pastillas, ¡creo en el empoderamiento personal, en las transformaciones del alma a nivel interior, en la revolución personal! Independientemente de todo, sabía que tenía que hacer cambios en mi vida.

Le pregunté al médico que qué debía hacer para regular los niveles de litio, y me dijo que para ello debía ir al psiquiatra.

Cuando escuché la palabra “psiquiatra” se me pusieron los pelos de punta… ¿cómo? En ese momento tomé mi decisión. Ni psiquiatra. Ni pastillas. Ni medicación. Ni marear más la perdiz… ¡me voy!

Y fue así cómo decidí cogerme una excedencia de un par de años, dándome libertad para volar. Yo no estaba enferma, mi alma estaba enferma por quererme someter a un sistema que no daba respuesta a mis necesidades. Yo no estaba enferma, pero el sistema sí quería creerme hacer que estaba enferma y te envía al médico para “solucionar todos tus problemas”, cuando el tratamiento no es físico, ¡va mucho más allá!

 

Mirando atrás…

 

Ésta es la historia muy resumidamente. Aun hay muchas más cosas que han pasado por medio, historias, emociones, miedos, incertidumbres, subidas y bajadas hasta llegar al momento de “lanzarme al vacío”. Tal vez algún día me lance a explicar más en profundidad mi historia pues estoy convencida que no soy la única que ha pasado por ésta situación y sé que mucha gente necesita luz en sus vidas para lanzarse a vivir sus sueños con confianza, sin dejar que el sistema te “etiquete” de algo que tu sabes que no es.

Miro a mi alrededor y veo a muchísimas personas, amigos, compañeras, conocidos que están igual que estaba yo. Luchando con la vida. Intentando subsistir un día más. Suplicando que llegue el fin de semana. Arrastrándose cada mañana.

Cuando veo que hace tan solo 10 meses yo estaba todavía metida “dentro del sistema” y ahora me siento tan libre, mirando desde la distancia las cosas, la sociedad, mi vida pasada, las creencias que me mantenían atada a lo que en ese momento era mi realidad… me hace sentir sumamente feliz y convencida de que somos creadores y protagonistas de nuestra historia.

Decidí cogerme una excedencia de 2 años para viajar, para vivir, para disfrutar, para dedicarme a mí… ¡y es lo mejor que he podido hacer en mi vida!

Ahora me pregunto… ¿para qué? ¿Para qué tanto sacrificio? ¿Qué sentido tiene hacer tanto esfuerzo? ¿Seguir el modelo social establecido es lo que realmente me hace feliz? ¿Quiero vivir para llegar al fin de semana y pagar facturas de luz o quiero vivir para disfrutar y gozar de verdad?

Son muchas las respuestas que he ido encontrando a lo largo de mi camino y en éstos momentos de mi vida me siento comprometida hasta la médula para vivir de acuerdo a mi verdad.

 

Mi vida… ¡ahora!

 

Y aquí estoy, viviendo entre Tailandia y Camboya en éstos momentos, viviendo la vida plenamente, sintiéndome sumamente realizada, amando la vida a cada instante, disfrutando de pleno tiempo para mi, para hacer lo que verdaderamente me gusta, para trabajar en mis proyectos, ara viajar, para escribir… ¡para VIVIR! (¡En mayúsculas!)

  • Siento que he recuperado toda mi energía.
  • Me siento fuerte, sana y llena de vida.
  • He recuperado todo mi poder personal, inspiración y creatividad.
  • He desterrado de mi vocabulario la palabra “cansancio” y “estrés” y la frase “no tengo tiempo”.
  • He dejado de correr.
  • He dejado de ir con prisas.
  • He dejado de mirar el reloj.
  • He dejado de planificar que haré mañana.
  • He dejado de madrugar.
  • He dejado de asistir a compromisos que no me apetecen.
  • He dejado de vivir en medio del cemento.
  • He empezado a vivir el momento presente, a recuperar ilusiones, a desarrollar nuevos talentos…
  • He empezado a comunicarme más con la naturaleza y conmigo misma
  • Estoy accediendo a capas más profundas de mi ser y de mi Verdad…
  • Me siento bendecida, renovada, ilusionada, inspirada, llena de amor, llena de vida, llena de energía, transformada, imparable… FELIZ!!!

 

¿QUIERES SABER CUÁLES FUERON LOS PUNTOS CLAVE QUE ME AYUDARON A TRANSFORMAR MI VIDA? ¿ Y CÓMO PUEDES TRANSFORMAR LA TUYA?

En éste post descubrirás las CLAVES: ¿Cómo transformé mi vida? Parte II: Los puntos claves de mi renacimiento

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Amigo, valiente, viajero… deseo enormemente que tú también seas tocado por la llama de la valentía y el coraje para atreverte a vivir tu propia vida.

Te envío un abrazo, con sabor a libertad <3

 

Ahora dime…

¿Qué es lo que sientes que te falta para transformar tu vida?

¿Que es eso que te impide avanzar y necesitarías resolver para liberarte?

Cintia

Mi misión es ayudarte a hacer un cambio de vida, reinventándote personal y profesionalmente durante un año sabático mientras te acompaño en tu proceso de desarrollo personal y crecimiento espiritual.

¡No te vayas sin mi regalo! Descárgate mi GUÍA GRATIS: "Los 7 errores de novata que debes evitar al planificar el mejor año de tu vida".

 
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