Como decía Krishnamurti, “No es sano estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”.

Esta cita resuena como un eco, en lo más profundo de mis entrañas. Me recuerda mi verdad y da luz a mi camino. Ese camino de regreso a mí, mientras comprendo qué papel quiero que juegue la sociedad en mi vida.

Hoy quiero decirte algo. No, no estoy dispuesta a darle todo mi poder.

Y te diré algo más. Quiero que tú también recuperes tu poder.

Desde un profundo sentimiento de paz y no-lucha reclamo mi libertad no-luchando contra el sistema.

No. No creo en las guerras.

Desde la paz me transformo y desde la paz haré mi vida, participando dentro del sistema tanto como él me lo permita, siempre y cuando yo pueda seguir expandiéndome y autorrealizándome.

En el silencio encuentro mi libertad.

En la paz de mi alma encuentro mi libertad.

En la presencia y la escucha atenta de mi respiración encuentro la libertad.

Hoy comprendo que la libertad más que ser una lucha, es una rendición del ego, un estado de consciencia.

Mi camino de crecimiento personal y espiritual va íntimamente ligado a las cuotas de libertad que voy alcanzando. Y si algo tengo claro, es que para ser libre hay que salvar uno de los mayores obstáculos que afecta al 100% de las personas: la influencia de la sociedad.

Llevo muchos años de profundo cuestionamiento, y con las claves que he logrado comprender a día de hoy, quiero ayudarte a dar un paso adelante a ti también.

¿Alguna vez has sentido que, como sociedad, se nos ha ido un poco la olla?

¿Te has cuestionado alguna vez como hemos llegado hasta aquí?

¿Sientes que el sistema te controla y no puedes ejercer completamente tu voluntad como te gustaría?

Hoy quiero que te queden claras tres cosas:

  1. Hay “unos cuantos” que parten el bacalao y gobiernan el mundo a su antojo (importándoles un churro lo que piensas tu).
  2. Estás controlado, sin ser consciente de ello (dicho de otra manera, eres una marioneta del sistema)
  3. Puedes contribuir a la transformación y liberación del sistema, transformándote tú mismo.

Me parece muy importante que todos seamos conscientes de cómo estamos influenciados por la sociedad y como eso afecta a todas las áreas de nuestra vida.

Pregunta del millón.

¿Cómo vamos a ser auténticos y saber quién somos si otros nos dirigen como desde una torre de control, o como si nuestra vida fuera un video juego?

Si estás aquí, leyendo mi blog, es que quieres una vida auténtica y libre. Pero libertad y aborregamiento, no van demasiado de la mano, ¿no crees?

 

Mi proceso de independización del sistema

 

Siempre me he considerado una revolucionaria pacífica. Mis ideas, nunca han ligado con las ideas del colectivo o el sistema, pero estaba tan abducida que apenas era consciente de ello.

Contribuía con el sistema como todo el mundo.

No podía acceder a todo ni mucho menos, pero digamos que tampoco me privaba de demasiadas cosas y siempre que podía me regalaba caprichos.

Vivía bastante inconsciente todavía.

Acepté contribuir con bancos que me sablaban el bolsillo con comisiones abusivas y firmé contratos con compañías de teléfono pagando tarifas planas “de locura”.

Cuando se produjo mi gran crisis espiritual empecé a cuestionármelo todo. Absolutamente todo.

Empecé a abrir los ojos a la cruda realidad. Esa que durante tantos años no había querido ver (porque todavía estaba demasiado ocupada en otros asuntos más banales que nada tenían que ver con lo que era verdaderamente importante PARA MI).

Cada vez empecé a ser más crítica con el sistema y empecé a preguntarme seriamente: ¿De qué manera quiero contribuir yo?

Mis ideas eran muy buenas, sí.

En mis diarios y montones de libretas quedan inmortalizados mis buenos propósitos, ideas revolucionarias, inspiraciones para transformar el mundo y un sinfín de proyectos que tal vez mueran siendo simples esbozos.

Tenía buenas intenciones y de alguna manera ya intentaba contribuir de la mejor manera que sabía hacerlo en ese momento:

  • Dejando de comprar productos “de marca”
  • Colaborando con ONG’s y fundaciones de confianza
  • Transmitiendo mis ideas por las redes sociales
  • Viajando más con el transporte público
  • Dejando de hacer tantas salidas y de “comprar por comprar”
  • Apagando la televisión
  • Dejando de participar en “corrillos” y reuniones donde el objetivo nº1 es criticar
  • Transmitiendo mis valores a mis alumnos como maestra de primaria que ejercía…)
  • Enviando luz de amor y sanadora al mundo
  • Intentando mirar con compasión a personas que bajo mi criterio no estaban actuando bien

Pero aún debía ir más hondo. Aún aceptaba demasiadas cosas. Aún seguía bastante aborregada yo también.

Fue después de iniciar mi año sabático, que tomando distancia del sistema, vi claramente lo que yo llamo éste circo. Éste teatro. Ésta gran mentira.

Todo esto lo vi claro ante mí, y no me quedó más remedio que abrir los ojos a muchas cosas que antes me tenían cegada.

 

¡Empieza el circo!

Telón de teatro

(Foto cedida por Freepik)

 La sociedad es una gran mentira.

¿Y que es una mentira?

Tapar la realidad. Cubrirla. Enmascararla.

Vivir de cara a la galería. Dar excesiva importancia a las apariencias. Dejar de dormir por “lo que pensarán los demás”. Pretender gustar a todos. Obsesionarnos por el cuerpo físico. Vivir “amargados” y poner una foto en Facebook del palo “mira que feliz soy!!”

¡Ese es el pan de cada día en nuestra sociedad!

En éste circo de máscaras, todos los actores y actrices desempeñan su papel a la perfección.

Abundan también los egos obsesionados por el dinero, la fama y el poder.

Y tristemente, ellos gobiernan nuestro mundo.

Nos la han “colao” y nosotros nos la hemos creído.

Seguimos sumidos en un sueño profundo, viviendo el sueño que los gobiernos, las instituciones, la economía, la religión y el conjunto de la sociedad quieren que vivamos.

Todo es una gran mentira.

La política es una mentira que actúa en forma de dictadura bajo la máscara de la bien amada democracia.

La educación es una mentira que educa para seguir reproduciendo el modelo social actual y no enseña a los niños la verdadera fórmula de la felicidad, la libertad y el pensamiento crítico.

La sanidad es una mentira que te hace creer que no tienes el poder de autosanarte y que todos tus males se curarán tomando pastillas bajo la visión del sistema sanitario tradicional.

La economía es una gran mentira porque más que intercambiar bienes o servicios para cubrir necesidades básicas y obtener bienestar personal, se ha convertido en un caprichoso juego con el que algunas personas y grandes empresas se hacen multimillonarios… Mientras otros mueren de hambre en la calle.

Los “capos” de ésta sociedad se lo tienen muy bien estudiado para hacerte creer lo que ellos quieren que creas y hacerte sentir lo que ellos quieren que sientas.

Miedo, y consumismo compulsivo. Esto es lo que muy baratamente se está vendiendo ahora.

Detrás de ésas maquilladas campañas televisivas que dicen tener “la solución a tu vida y a tus problemas”, detrás de esos discursos en los medios de comunicación y en las redes sociales hay mucha basura y mucha mentira.

El país huele a chamusquina y las personas debemos desarrollar un espíritu más crítico que nunca. De no ser así, nos convertimos en carne de cañón, consumidores de toda esa basura que nos envían con la finalidad de conseguir lo que buscan: tenerte controlado y que seas una oveja más del ramado.

Ah…. y sobretodo… ¡que consumas! (¿de qué van a vivir ellos sino?)

Utilizan una estrategia muy inteligente. ¿Sabes cuál es? El entretenimiento.

Nos entretienen para que no pensemos.

Nos crean nuevas necesidades relacionadas con la belleza, la estética, la moda, el ocio… nos enchufan reality shows con sexo en directo, debates sobre política donde la grosería y la intimidación forman parte de lo habitual o tertulias donde el entretenimiento consiste en reírse y ridiculizar a algún personaje “famosillo”.

¡Y cómo no!  Nos entretienen con largas retaílas de anuncios de más de 15 minutos, coches más veloces y ergonómicos, marcas de gafas de sol que prometen que “derretirás” a las chicas, nuevos champús que te prometen un pelo más brillante y liso, nuevos diseños de móviles equipados con tecnología punta, robots de cocina que nos facilitan la vida, operaciones de cirugía estética que te prometen un cuerpo 10…

Y nosotros, a menudo no sabemos “filtrar” toda esa información y acabamos siendo potenciales clientes de todo eso que quieren vendernos.

 

Consumidores compulsivos

 

Somos todos muy obedientes y cumplimos perfectamente con nuestro deber: consumir.

Gracias a eso, así va “el sistema”… ¡viento en popa!

Modelos de I Phone nuevos cada dos por tres, aplicaciones de móvil que te encuentran a amigos que están cerca de ti, páginas de internet que te planifican una cita…

No se trata de no consumir nada, todos estamos metidos dentro de ésta rueda y estar al margen de todo es imposible.

Se trata de ser conscientes de:

  • Lo QUE consumimos (televisión, prensa, cine, deportes, ropa, alimentación, ocio, tecnología, salud…)
  • PORQUE lo consumimos (¿lo necesitas “de verdad”? ¿Lo consumes para “ir a la moda” o “no ser menos que mis amigos”? ¿O bien es una necesidad real?
  • DE DONDE PROVIENE ESA NECESIDAD (una carencia emocional, un miedo, una necesidad fisiológica, la presión social…)
  • A QUÉ ESTAMOS CONTRIBUYENDO en última estancia (a nuestro desarrollo personal y social de acuerdo a valores éticos y morales… o a la deterioración del sistema, contribuyendo a que sea cada vez más mediocre y vulgar…)

 

Dicho esto, no creo que sea lo mismo consumir pornografía infantil que consumir películas de cine antiguo. ¿Entendéis a qué me refiero, verdad?

Creo que como ciudadanos responsables deberíamos elegir siendo un poco más conscientes de que nuestros actos y nuestras decisiones tienen repercusiones positivas o negativas para las personas, para el conjunto de la sociedad y para el planeta.

No pensar con ese nivel de consciencia nos convierte en animales, en seres humanos muy por debajo de nuestro verdadero potencial.

 

Olvidándote de ti mismo…

 

Si vives tan inmerso y adaptado al sistema que no te das cuenta que con tu inconsciencia estás contribuyendo a él, hay un grave problema.

No sabes quién eres.

Te pierdes entre la masa.

Sigues al ramado sin saber por qué le sigues.

Que tú no seas consciente, digámoslo así, no pasa nada. ¿Pero qué pasa si en vez de ser tu solo, también lo es tu amigo, tu vecino, tu hermano, tu compañero de trabajo, tu sobrino, el charcutero, el conserje de tu escalera… ¡todos!?

¡Pues que el mundo es una santa locura! Mira a tu alrededor, y sabrás de que hablo.

Si todos tenemos un bajo nivel de consciencia, nadie puede ponerle remedio.

¿Y qué está pasando contigo?

Mientras tú estás distraído en todo éste circo de la sociedad, está sucediendo algo bastante serio y grave… ¡te estás olvidando de ti!

 Estamos tan influenciados por lo externo que poco a poco vamos perdiendo nuestra identidad.

 Al perder nuestra identidad cada vez sabemos menos quién somos porque vivimos distraídos, siguiendo a los demás.

Como sociedad, considero que nos hemos perdido en el camino.

Nos hemos ido alejando cada vez más de nuestra esencia y de nuestras verdaderas necesidades que son las de vivir una vida sana, tranquila, equilibrada, una vida más consciente y basada en el amor, en lo auténtico y verdadero.

Tenemos un gran reto que la vida nos presenta: ¡volver al ser original!

 

¿Qué podemos hacer para despertar de ésta realidad?

 

Lo primero es que tomes un poco de distancia de todo éste circo social y disfrutes de tiempo a solas para ti, para reflexionar sobre tu vida, sobre tus sentimientos, sobre tu verdadera naturaleza como ser humano.

Empieza a cuestionarte cosas, si es que nunca antes lo has hecho.

Empieza a desarrollar un pensamiento más crítico para no ser una oveja más del ramado que se mueve por inercia, en dirección hacia donde todos van.

Desde el silencio es más fácil escuchar tu voz interior.

Busca diariamente algunos momentos para poder mirar con distancia la vida y a ti mismo, y donde puedas conectar con tus emociones.

 Se honesto contigo mismo.

¿Sientes que tus actos están alineados con tus valores?

¿Vives la vida que has elegido o sientes que el sistema te sigue controlando?

¿Te sientes orgulloso de lo que aportas al mundo?

Si pudieras cambiar algo, ¿qué cambiarías?

¿Sientes que tomas decisiones auténticas en base a tu sentir, o que tomas decisiones a la deriva sin conciencia de ellas?

¿De qué manera estás contribuyendo al desarrollo de la sociedad?

¿Te implicas para transformarla?

¿Sientes que hay cosas que no te gustan y decides actuar, o la inercia te sigue llevando?

Si algo de lo que aquí expongo resuena en tu interior es una excelente señal de que hay una parte de ti que se está revelando al sistema.

De aquí en adelante tú eliges hasta qué punto de transformación personal quieres llegar para alcanzar una verdadera coherencia entre tus ideas y tu vida.

No pienses que estoy hablando de grandes cambios.

A veces los cambios más pequeños suponen la mayor transformación. Para ti, y para todos.

Decidir que a partir de ahora vas a sonreír a todas las personas o vecinos con los que te cruces. Tomar la determinación de reservarte 10 minutos al día para ti, solo para ti,  para conectar con tu respiración.

Elegir poner éste programa de televisión u otro. Elegir comprar ropa en ésta tienda u otra. Elegir leer éste libro u otro. Elegir votar a éste político u aquel otro.

Elegir fomentar el pensamiento positivo (la gratitud, la compasión, la tolerancia, el respeto…) o negativo (la queja, la crítica, el juicio, el miedo…).

Elegir pasar más tiempo en la naturaleza o perderte entre el cemento. Decidir que a partir de ahora mientras te lavas el pelo cerrarás el grifo de la ducha o bajarás caminando las escaleras en vez de coger el ascensor.

Éstas son algunas de las pequeñas decisiones que puedes tomar y que poco a poco te irán haciendo más consciente de la vida que quieres vivir, cómo la quieres vivir, de qué manera quieres contribuir a nuestra sociedad y que papel tomas para transformarla (o no)…

 

¡No te lo van a poner fácil!

 

Recuerda que al sistema no le interesa tu felicidad ni que seas un ser consciente.

Nosotros hemos cometido un gran error como especie humana y es que hemos ido cayendo en la desidia, nos hemos ido dejando arrastrar por un mundo materialista que ha ido olvidando la esencia del ser humano, lo más puro y limpio que vive en nosotros.

A costa de nuestra ignorancia se han hecho con el poder de gobernar nuestras mentes, las cuáles mueven a su antojo cuál marionetas.

Y que otros gobiernen tu mente… es muy jodido ¡Significa que otros tienen el poder sobre ti!

No les interesan ciudadanos que miran dentro de sí mismos. Por eso nos distraen hacia afuera.

No les interesa que seas feliz ni que seas consciente, porque…

  • El que mira dentro, toma consciencia
  • El que toma consciencia, se rebela
  • El que se rebela, recupera su poder
  • El que recupera su poder, es un indomable
  • El indomable, deja de alimentar el sistema.

Alma libre, te invito a que mires dentro tuyo y entre todos tomemos un poco más de conciencia de qué clase de sociedad estamos creando.

Me encantaría que todos empezáramos a despertar de éste largo sueño en el que estamos sumidos y nos comprometamos todos y cada uno con nuestras vidas,  y las del resto de la humanidad.

La plenitud, la felicidad y una vida llena de sentido nos está esperando… pero sólo accederán a ella las almas con coraje que sepan separar la paja del grano.

Te invito a que recuperes tu poder personal y que dejemos de ser marionetas de una sociedad vacía que pone máscaras y capas de maquillaje a una gran mentira que seguimos alimentando entre todos.

Caminaremos juntos en ésta gran cruzada de transformación personal y social, ¡si tú quieres!

Gracias por estar aquí, de todo corazón.

Un fuerte abrazo esperanzado,

Cintia

Cintia

Mi misión es ayudarte a hacer un cambio de vida, reinventándote personal y profesionalmente durante un año sabático mientras te acompaño en tu proceso de desarrollo personal y crecimiento espiritual.

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