“Cintia, ¿y luego qué? ¿Y si luego mi vida sigue como era antes?”

Esta es una de las frases más comunes que mis lectoras me cuentan cuando me escriben.

Sé que el tema de mi regreso ha dado mucho que hablar. Mucha (pero mucha) gente me ha mostrado su curiosidad en saber cómo iba a ser mi adaptación después de regresar, pues parece que después de mi vida sabática entre palmeras iba a llegar el apocalipsis.

Pero no. No ha llegado 🙂

Me comprometí a compartir contigo como he vivido mi regreso y adaptación a la sociedad después de tanto tiempo fuera, y tengo mucho que compartir…

¡A ello voy!

 

Contexto de dónde vengo

 

Antes de contarte como me siento ahora, tienes que entender muy bien cómo me sentía antes de volver.

Si me has ido siguiendo durante todo este tiempo ya habrás visto que estos casi dos años sabáticos han sido sencillamente increíbles.

En este súper post titulado ¡1 año viajando ya!… Experiencias Top 10 y aprendizajes grabados a fuego (¡y seguimos!), relaté con toda profundidad todo lo que había vivido durante mi primer año viajando.

Poco después de escribir ese post empezó una nueva etapa del viaje que vino caracterizada por el hecho de que mi alma gemela y yo nos asentamos durante 10 meses en la paradisiaca isla de Koh Phangan, en Tailandia.

Así pues, los últimos meses del viaje, antes de yo regresar a Barcelona, he estado allí.

¿Y cómo era mi vida cotidiana en Koh Phangan?

Lo resumiría así: viví la vida de mis sueños.

Cintia en Koh Phangan

Yo en Koh Phangan

Vivíamos en un bungalow de madera en medio de un campo de palmeras. Iba a ver puestas de sol de escándalo. Cogía la moto y en menos de 5 minutos me plantaba en una playa de agua transparente. Bebía cocos a cada momento. Cocinaba viendo el verde intenso campo de palmeras. Me tumbaba en la hamaca de nuestro bungalow por la noche a leer. Jugaba con mi gato. Meditaba por las mañanas. Me pasaba el día entero en pareo. Cada día con mi alma gemela era increíble, nos reíamos a carcajadas, disfrutábamos de cada momento juntos en la isla, me sentía radiante… ¡era inmensamente feliz!

Y mucho más que eso. Era libre. Vivía conectada a la naturaleza. Mi vida transcurría tranquilamente en una isla muy mágica, especial y espiritual.

También trabajaba mucho en mi blog… ¡pero ese no es el asunto ahora!

Como puedes ver… ¡yo ya firmaba para quedarme allí!

 

Mi último mes en Koh Phangan

 

La noticia del nacimiento de la sobrina de Remi fue el detonante para que nos decidiéramos a regresar.

Cuando decidimos que regresábamos a Europa aun nos faltaban 5 o 6 meses “de buena vida”.

Bueno… ¡aún tenemos tiempo por delante!” pensábamos nosotros.

Pero el tiempo empezó a correr más rápido de lo normal y cuando nos dimos cuenta faltaba ya sólo un mes para volver.

Si te tengo que ser sincera, en aquellos momentos no me veía preparada para volver.

Estaba tan bien y tan feliz en mi isla querida que no quería irme.

Motivos no me faltaban para volver (ver a mis padres, mi hermano, mi abuela, mi perra y mis amigas después de dos años, empezar una nueva vida junto a Remi, ver a nuestra sobrinita que iba a nacer…) pero eso aún no tenía una fuerza suficiente como para que estuviéramos locos de contentos por regresar.

En aquellos momentos, nada de lo que pudiera encontrar en Barcelona, aparte de mi familia y mis amigas, me seducía lo suficiente.

¿Volver a la vida en sociedad?

¿Estar de nuevo rodeada de tantas personas que se quejan de la crisis, el paro, la política y los resfriados en invierno?

¿Volver a la ciudad, al ruido, a los coches y la vida acelerada a mi alrededor?

¿Volver a sentir el bombardeo del sistema capitalista y la cultura del miedo infundada por los medios de comunicación?

Pffffff… ¡qué palo me daba!

Yo que allí vivía totalmente consciente, lentamente, dándole importancia a lo que verdaderamente es esencial… (me daba palo volver, creo que puedes entenderlo, ¿no?)

Así pues, mi energía un mes y medio antes de volver estaba todavía bastante cerrada, como si “aquello” fuera mejor que “esto”.

Yo sé perfectamente que no es así, pero por decirlo de alguna manera, empecé a vivir una sensación de luto, de despedida.

En breve tendría que decir “adiós” a esa vida idílica para volver a casa y a un entorno social que me recordaba “a lo de siempre”.

Era tan consciente de esto, que vi claro que eso no podía ser. Debía soltar, dejar ir… y abrazar la nueva etapa de mi vida con todas mis fuerzas y afrontarla con ilusión.

Ya sabes que yo practico la meditación regularmente, así que empecé a meditar para afrontar la nueva etapa mejor, sin resistirme a ella.

Y como no podía ser de otra manera, poco a poco empecé a sentir apertura, paz, aceptación… ¡e ilusión!

¡Siiiii! Pude abrazar el momento y disfrutarlo al máximo, sin esperar que nada fuera diferente.

Mi energía empezó a circular de nuevo por mi cuerpo y empecé a verme de nuevo ya en Barcelona.

Es decir, empecé a regresar “viajando con mi mente”, antes de que yo iniciara el viaje con mi cuerpo físico.

Mindtset total.

 

Mi estado emocional en el momento de regresar

 

Leyendo esto tal vez imaginarás que sufrí porque debía regresar. Y  no es para nada así, sino todo lo contrario: hice las maletas alegre, feliz, llena de energía y con mucha ilusión por lo que estaba por llegar.

Eso se debe a que durante mis casi dos años sabáticos he hecho un proceso de crecimiento personal muy muy profundo. Me he encontrado a mí misma, he descubierto quién soy yo, me he fortalecido, me he empoderado y he encontrado la más absoluta paz y felicidad en mi interior.

Gracias a este proceso de crecimiento descomunal, pude afrontar la situación tan bien. Sino, creo que el regreso hubiera sido bastante duro, la verdad.

A esto yo le llamo dejar de vivir en la dualidad, en la etiquetación de las cosas como “buenas o malas”, “mejores o peores”.

Regresar no era bueno ni mejor. Simplemente ERA.

Más vale un video que mil palabras… aquí yo, en mi campo de palmeras a tan solo dos semanas de regresar:

Pero para que el regreso fuera tan bien, hay una serie de factores que se produjeron, y que luego te contaré.

 

Llegada al aeropuerto de Barcelona

 

El viaje fue largo y cansado, entre otros factores porque viajamos con nuestro gatito Mooji y… ¡yo nunca había hecho un viaje en avión tan largo con gatos!

Llegada al aeropuerto

Pero todo salió fenomenal.

Remi y yo nos despedimos en la escala en Rusia porque él iba directo a Holanda para estar allí para el nacimiento de su sobrina, y yo me fui directa a Barcelona con Mooji para ver a mis padres después de dos años y pasar las navidades con ellos.

Y… ¡cha chan!

Llegué a Barcelona.

No os podéis imaginar la emoción que llevaba en mi cuerpo, y las ganas que tenía de aparecer por aquella puerta de llegadas.

Y como no, allí estaban mis padres, mi hermano y nuestra perrita Nala.

Así fue la llegada… con abrazos, besos y lágrimas incluidas 🙂

 

Mi estado emocional durante los primeros días “en sociedad”

 

Digo “sociedad” un poco irónicamente, pues los primeros días no fueron muy sociales precisamente, sino todo lo contrario. Más bien los pasé en casa, de retiro, pasando los días muy tranquilamente y compartiendo con mi familia.

Dejándome mimar por mis padres.

Viendo videos de familia de cuando éramos pequeños mi hermano y yo.

Comiendo sopa de pescado caliente de la mama, unos canelones deliciosos y muchas otras recetas que ya echaba de menos (no te lo he contado aún, ¡pero mi madre es una cocinera excelente!) 😉

Esperaba que llegaría y tendría más ilusión por quedar y ver a la gente, pero no. No es que no tuviera ganas de verles, es que no tenía prisa porque aun necesitaba tiempo para adaptarme.

Me sentía bien en mi silencio. No tenía ninguna prisa por salir a la calle o asistir a reuniones.

Esa introspección se debía a que aún necesitaba digerir muchas cosas. Como decía antes, estos dos años sabáticos han sido tan intensos a nivel de experiencias y tan transformadores que necesitaba resituar la nueva Cintia que soy en el lugar donde he crecido y vivido siempre.

Además, ¡el frío no me ayudó demasiado! Me había pasado dos años viviendo en un clima tropical y llegar en pleno invierno, mi cuerpo lo notó. Pero más que nada porque yo soy friolera del carajo.

Independientemente de todo esto, yo estaba totalmente presente. Mi mente no se iba al pasado, a fantasear sobre mi vida en Asia, a recordar mis días entre palmeras o los baños en la playa.

Tuve la sensación de que el tiempo no había pasado. Era como si en ese mismo lugar (en mi casa, en Barcelona, junto a mi familia) hubiera estado ayer.

La calle, los edificios, los semáforos, los perros, las tiendas, los coches… eran los mismos de siempre. Y al mismo tiempo, muchas cosas habían cambiado.

Tenía una intensa sensación de atemporalidad donde parece que el tiempo y el espacio de difuminan en la nada. Pero en mi cuerpo y en mi alma quedaban estampados dos años maravillosos de aprendizajes, revelaciones, recuerdos, memorias y comprensiones.

Todo eso me generaba una cierta sensación de “rareza” en mi interior.

Es como si hubiera vuelto a la Tierra después de haber vivido en Marte o en Plutón dos años.

¿Quién era yo ahora?

¿Cómo vivir en “este” mundo de la misma manera que había vivido en “aquel otro”?

¿Qué quedaba de aquella Cintia y qué seguía teniendo en común con respecto a la gente que ahora vive a mi alrededor?

Claramente sentía esos dos mundos (el mío propio interior y el de mi alrededor), pero que convergían en uno mismo.

Comprendí que ya no había dualidad en mí, ya no había separación entre “el mundo” y “yo”, “ellos” y “yo”, “la sociedad” y “yo”… todo era UNO, y yo así lo sentía con mucha fuerza. Total Unidad. Expansión. Disolución de conceptos y eliminación de etiquetas que años atrás me mantenían dividida y me llevaban a la ilusión de sentirme separada del mundo.

No, ¡no estaba nostálgica! Los recuerdos estaban guardados a fuego en mi alma, pero yo me sentía bien en el momento presente.

Me sentía literalmente atrapada por el momento presente y eso es una bendición, porque no había tristeza ni dolor por haber dejado atrás momentos tan mágicos o por estar ahora de nuevo en casa.

Durante esos primeros días después de mi llegada, también fui con mis padres a pasar unos días a una casa que tenemos en un pueblo en las montañas.

Aquellos días los pasé paseando por el bosque, caminando por la montaña con mi perrita, sentada al lado del fuego leyendo un libro o simplemente sin hacer nada especial. Estando. Sintiendo.

Disfrutando de mi regreso en casa

Una profunda alegría nacía en mí.

Sentía una paz infinita.

La paz que nacía de haber regresado con la mochila llena de experiencias, con mi sueño cumplido (al menos, uno de ellos) y con un cambio de vida avistando en el horizonte que apunta a un futuro prometedor.

Todo ello hacía que no necesitara nada para estar bien: ni gente, ni ir de compras, ni hacer actividades, ni salir apenas de casa.

Me di cuenta como de rica me había convertido en mis dos años sabáticos: había logrado un estado de presencia muy elevado, esa presencia que hace que estés bien allí donde estás tú sin necesitar nada externo que supla lo que te falta en el interior.

Aparte de “no hacer nada”, me dediqué a hacer mucha limpieza… ¡a tirar todo lo antiguo, viejo e inútil que no sirve para nada!”

Comprobé que muchos de los apegos que tenía antes del viaje habían desaparecido.

 

La nueva yo, mi nueva forma de percibir el mundo

 

La nueva “yo” nace básicamente del cambio a nivel mental que he realizado, lo cual ha consistido básicamente en parar la actividad mental. Simplemente parar para ser, existir, dejarme llevar por la corriente divina sin tener que forzar que nada ocurra.

He comprendido que todo sucede en la mente. Pero que hay que vivir en el cuerpo.

¿Y qué quiere decir eso?

Pues muy sencillo. Detén el flujo de pensamientos constantes, vive en el momento presente, y siente en el cuerpo. Estate atenta al cuerpo, a las sensaciones corporales, los olores, los sonidos, las temperaturas, el latido del corazón, la respiración. Baja los pensamientos al corazón. Siente.

Deja que tus pensamientos se disuelvan en la nada, sin alimentarlos con energía mental constantemente.

Decirlo es muy fácil, hacerlo no tanto. Lo sé. Pero a día de hoy, sé con toda certeza que el nuevo paradigma de vida nace de un cambio en nuestro funcionamiento mental, sistemas de creencias y forma de pensamiento.

Y cuando eso cambia, cambia toda tu bioquímica a nivel físico y emocional.

¡Y cambia tu vida!

 

Mi percepción de la sociedad

 

Volver a casa, a Barcelona, a “la vida en sociedad” fue también como un baño de realidad.

Ello supuso volver a reencontrarme cara a cara con la política, la economía, las noticias sobre el paro y la crisis, la corrupción y la farándula.

Fue volver a encontrarme con la creencia ampliamente aceptada y totalmente instalada en la sociedad de “Es normal constiparse, porque ahora hace frio”.

Aquí todo el mundo acepta la enfermedad como algo “normal”. Y yo jamás he podido llegar a comprender que estar enfermo sea normal, porque estoy profundamente convencida de que nuestro estado natural es la salud, y si estamos enfermos es porque hay algo en nosotros que no está bien a nivel emocional o psicológico.

Pero claro, siempre es mucho más fácil echarse la pastillita a la boca que mirar adentro e intentar comprender nuestras emociones. Claro… ¡para ser libre y feliz hay que atravesar la barrera del dolor!

Volví a encontrarme con personas de mi entorno que se quejan de no poder cambiar sus vidas, que tienen el discurso de “vamos tirando” totalmente integrado en su día a día, que no son felices con el trabajo que realizan pero tampoco se ponen seriamente a pensar en alternativas porque piensan que hacer un cambio de vida es imposible.

Volver fue reencontrarme de nuevo con todos esos estereotipos sexistas que nos infectan la mente de creencias falsas y de una identidad falsa intentando perseguir el deseo “de ser alguien en el mundo”, porque parece que si no somos “alguien”, no somos nada.

Recuerdo que iba con mis padres a nuestra casa en la montaña y paramos en una estación de servicio a almorzar. La tele estaba encendida y estaban dando un video clip de Bruno Mars donde un montón de chicos con gafas iban de sol rollo “a que soy guapo, ¿eh?”. Los chicos intentaban seducir a una mulata que salía en tanga enseñando el culo y esta escena se veía con la cámara en primer plano.

Esta escena tan común en el ámbito de la música, el cine, la moda y demás, me recuerda cuanta mierda nos pone la sociedad en la cabeza. Así que luego no es de extrañar que un montón de chicos se vayan al Bershka a comprarse la misma ropa que aquellos chicos o que las chicas vaya a operarse los glúteos y los labios para parecerse a la mulata.

Vivimos en la sociedad del culto al cuerpo. Mucha gente prostituye su esencia para acercarse a los estándares de alguien que dice que eso es lo correcto o “la moda”.

En resumen: veo el aborregamiento, el condicionamiento social, el farming, cómo la gente actúa movidos por una trama perfectamente diseñada por los capos de arriba que mueven el mundo capitalista.

Todo este tipo de situaciones que he presenciado desde mi regreso fue como un… “¡Welcome to the Western World!”

Yo que durante mis dos años sabáticos había evitado conscientemente todo tipo de “lavados de cerebro” y noticias que no tuvieran ningún tipo de repercusión positiva para mi vida, ahora no podía obviarlos. Básicamente porque estoy en casa de mis padres, y a mi padre le encanta ver las noticias, o porque en las reuniones familiares se acostumbran a hablar de todos estos temas.

¡Básicamente porque vivo en el mundo! Y esto es lo que hay…

Que está bien, ¿eh? ¡Yo no lo critico! Simplemente enfatizo en el contraste entre mi vida sabática y la vida que se respira aquí, a mi alrededor.

El mayor aprendizaje que he sacado de todo esto es que seguramente no podremos evitar escuchar muchas de las noticias que escuchamos o vivir situaciones determinadas (porque para bien y para mal este es el mundo en el que vivimos, y no es ni bueno ni malo, simplemente es como es), pero siempre podemos elegir como queremos reaccionar ante cada situación.

Lo cual se traduce en empoderamiento personal.

Crea tu propia realidad, y elige la vida que tú quieras vivir, no la vida que tu entorno te imponga.

 

Viendo el mundo con lupa de aumento

 

Estos dos años sabáticos me han servido para estar muy en contacto con mi interior, y gracias a ello he desarrollado mucho mi nivel de consciencia y puedo ver y entender el mundo desde otra perspectiva, viendo las cosas tal y como son y siendo mucho más consciente de todo.

Por ello, digo que lo veo todo como con lupa de aumento.

Cosas que antes me pasaban desapercibidas ahora las veo claramente.

Cosas que antes las veía borrosas o difusas, ahora las veo con total nitidez.

No solo de mí, sino del mundo. De la vida. De cómo funcionan las cosas, las personas, las emociones, la mente… en fin, mucha más visión y comprensión de todo a nivel general.

Esta visión amplificada, hace que no me tome las cosas tan personalmente, que no me irrite tan fácilmente porque he aprendido a relativizar mucho más, hace que no me enganche en discusiones absurdas porque pienso que es una pérdida de tiempo y energía enorme.

Puedo comprender mejor puntos de vista ajenos aunque sean diferentes al mío. Puedo sentir más compasión por personas que cometen atrocidades simplemente porque empatizo más con las personas: su dolor, sus necesidades, sus emociones, sus miedos…

Y todo esto, no tiene precio. Se traduce en que vivo con mucha más paz interior y un estado de felicidad sublime.

 

Sin expectativas

 

En todo momento he tenido muy claro que la que se ha ido fuera por dos años he sido yo, pero que aquí, la gente sigue su vida igual. Mis amigas, familiares y conocidos siguen teniendo que ir a trabajar, siguen madrugando por las mañanas y siguen con su rutina cotidiana y sus quehaceres habituales.

Porque la que ha cambiado de vida soy yo, no ellos.

Así pues, ellos siguen yendo mayoritariamente cansados, estresados y sin tiempo. Por ello, no he esperado nada de nadie. Ni que me llamaran, ni que vinieran a visitarme, ni tan siquiera que me escribieran un mensaje de bienvenida.

Cuando alguien lo ha hecho, no cabe decir que me ha hecho una ilusión enorme, pero lo mejor de todo es no esperar nada de nadie.

Y ese es quizá otro de los grandes aprendizajes que he realizado: el mundo no se para porque hayas regresado tú.

Para ti tu regreso es muy importante (¡con todo lo que te ha sucedido y las mil batallitas que tienes por contar!), pero para ellos todas esas historias pueden no ser tan interesantes porque muchos tienen otros problemas más importantes que resolver en su día a día, o simplemente el ritmo frenético de vida no les permite tener tiempo para ello.

Así pues, no esperar nada de nadie hizo que mi regreso fuera tan bueno también. Todo lo que ha ido llegando ha sido más que bienvenido, y lo que no ha llegado, bien está también.

Carpe diem 😉

 

Lo que debes hacer tú para adaptarte a la vida cotidiana después de un año sabático y sacar el máximo partido a tu nueva etapa

 

Todo esto que te he contado hasta ahora es mi experiencia.

Así es como yo he vivido mi regreso, y ya ves que ha sido muy fácil, motivador y enriquecedor.

Pero para que tu regreso sea también bueno, y regresar no te suponga un trauma al topar de narices “con la cruda realidad” hay una serie de secretos que quiero compartir contigo.

Estos secretos te irán fenomenal tanto si ahora estás fuera y vas a tener que volver en breve a casa, o bien, si te planteas tomarte un año sabático de cara al futuro y quieres saber cómo deberás hacerlo cuando llegue el momento.

 

#1 Hacer un proceso de crecimiento personal y espiritual para encontrar la felicidad verdadera en tu interior

 

Este trabajo debes realizarlo durante todo tu año sabático para que el momento de regresar no se convierta en un drama o una situación frustrante.

Zambullirte en un proceso interno de crecimiento personal y espiritual debería ser un “must”, es decir, algo obligado, tu prioridad nº1 durante tu año sabático.

Cuanto más profundo sea ese proceso de crecimiento, más te transformarás tú, más cambiará tu vida, más alineada estarás con tus valores y más feliz y  libre serás.

De lo contrario, puede ser que tengas un año sabático súper guay, que te lo pases genial, que veas un montón de lugares preciosos, pero que no se produzcan cambios sustanciales en ti. En ese caso, no le pidas peras al olmo cuando vuelvas, tu vida será exactamente igual que era antes de irte, básicamente porque a nivel emocional, mental y espiritual no habrá habido avances significativos.

Si haces este proceso de transformación profundo, dejarás de depender de elementos externos para ser feliz. Lo serás gracias a elementos internos: tu manera de gestionar las emociones, tus creencias limitantes que mantengas, tu control mental ante las situaciones, tu capacidad de mostrar gratitud ante la vida, la capacidad de mostrar amor o de perdonar que desarrolles, etc.

Si logras ser una persona feliz desde el interior, ¡tu entorno no tendrá el poder de arrebatarte esa felicidad!

 

#2 Vuelve con un plan de vida motivador

 

Tal vez éste sea el mejor consejo que pueda darte.

En el post donde te contaba lo que nadie te ha contado sobre qué es verdaderamente un año sabático, te decía que no deberías contemplar tu año sabático como una huida tus problemas o a tu situación particular, sino como una etapa de tu vida de aprendizaje y crecimiento personal.

Si lo haces bien y haces los deberes que te comento, durante tu año sabático se producirán muchos cambios, descubrirás un montón de cosas nuevas sobre ti, diseñarás una nueva hoja de ruta hacia el futuro y muy probablemente iniciarás también un proceso de reinvención profesional para vivir la vida que deseas de acuerdo a tus valores y muchas cosas que habrás ido descubriendo.

Por todo ello, será muy difícil que después de un año sabático vuelvas a tu vida anterior exactamente igual, sin que nada haya cambiado.

Dado que tú habrás cambiado, tu vida cambiará también.

Así pues, regresar no será tan difícil o traumático porque si de verdad realizas un proceso de crecimiento personal profundo, volverás con nuevas perspectivas, con un plan de vida nuevo que te motivará y un montón de retos nuevos por cumplir.

Tal vez ese nuevo plan de vida pasará por irte a vivir a un lugar nuevo cerca de la montaña, por emprender un negocio online donde puedas ayudar al mundo aportando todo tu talento, o montándote un huerto urbano y apuntándote a clases de yoga que te permitirá llevar un estilo de vida más consciente.

Es decir, no volverás “con las manos vacías”.

Volverás con un cambio de vida que ya se habrá empezado a gestar en tu interior, y ese cambio te motivará tanto que tu mayor ilusión será hacer todo lo necesario para hacerlo realidad.

 

#3 Cumple un sueño

 

Estoy convencida que otro de los factores clave para que mi regreso haya sido tan bueno es porque he vuelto habiendo cumplido mi sueño, ¡al menos uno de ellos!

Cuando me fui mi sueño era estarme un tiempo viajando sola por Asia, conocer países nuevos, pasarme una temporada en un centro de meditación y dedicar un tiempo para meditar, ver puestas de sol… y un largo etcétera.

¡Todo eso se ha cumplido con creces! Y eso me ha aportado un sentimiento de gratitud y satisfacción personal tan elevados que hace que haya afrontado el regreso con ilusión, pues interiormente he encontrado la paz de saber que tenía un sueño y lo cumplí.

 

#4 Tómate un tiempo de re-adaptación

 

No esperes llegar y que en dos días ya estés totalmente adaptada al 100%.

Depende mucho del tiempo que te hayas ido y de la intensidad del mismo, pero normalmente acostumbra a hacer falta un tiempo para volver a adaptarte al nuevo ritmo de vida, costumbres, horarios, clima, y en general, integrar todo lo vivido durante tu año sabático.

El shock puede ser considerable. Por ello, tómatelo con calma. Deja que tu cuerpo, tu mente y tu alma se adapten completamente a la nueva vida.

No llenes tu agenda demasiado. No tengas prisa por hacer millones de cosas nada más llegar… tienes todo el tiempo del mundo por delante.

 

#5 Mantente fiel a tus valores y vive tu vida con integridad personal

 

Este es un punto vital y súper importante. Tener claros cuáles son tus valores y vivir con integridad personal es lo que marca la diferencia entre una vida mediocre y una vida excelente. Entre vivir una vida que nos marcan los demás o vivir la vida que nosotros elegimos.

Pero para vivir con integridad personal tienes que tener claros cuáles son tus valores, y luego vivir tu vida de manera que lo que hagas, digas, pienses y sientas sean una misma cosa.

Si no te sentirás siempre dividida. Nunca estarás bien contigo misma porque sentirás que te estás traicionando constantemente.

Por ello, te invito a que analices qué valores has descubierto durante tu año sabático que son importantes para ti, y luego, cuando regreses, diseña un nuevo plan de vida que sea coherente con ellos.

Por ejemplo, si durante tu año sabático te has dado cuenta que la libertad, la creatividad y el altruismo son tres valores muy importantes para ti, cuando vuelvas deberías tomar una serie de decisiones para vivir la vida acorde con esos valores.

¿Por qué? Porque esa será la manera de que te sientas feliz, plena y realizada, vivas en la India, en Tailandia, en Budapest o en Honolulú.

 

#6 Mejora tu gestión del dinero para ser más libre financieramente y vivir con mejor calidad de vida

 

La parte económica también es muy importante después de regresar de tu año sabático.

Al igual que antes te comentaba que es importante que hagas un proceso de crecimiento personal y espiritual profundo para que cambie tu vida, también vas a tener que hacer cambios en tus creencias sobre el dinero y la gestión que haces sobre él.

¿Por qué? Pues porque si sigues viviendo con pensamientos de escasez y sigues haciendo un pésimo uso del dinero, vas a seguir siendo pobre y desgraciada toda tu vida.

Para ello, te invito a que durante tu año sabático empieces a plantearte nuevas formas de gestionar tus finanzas, a formarte sobre libertad financiera y a que emprendas algunas iniciativas para que a tu regreso el panorama económico sea mucho mejor que el de antes, y puedas vivir la vida con más libertad y bienestar personal.

Para empezar, te recomiendo que te leas este post que escribí sobre el sistema de los 6 tarros de Harv Eker.

A partir de ahí, tocará seguir investigando y formándose sobre el tema.

 

#7 Rodéate de personas que te apoyen en tu cambio de vida

 

Tomarte un año sabático para irte fuera no es fácil, pero volver no lo es tampoco.

En la mayoría de casos la gente acostumbra a tener la sensación de ser “rara” o “diferente” al resto. Y para dejar de sentirte diferente o que estás haciendo algo que va en contra de la sociedad debes rodearte de personas que piensen como tú.

¡Este punto es importantísimo! No hay nada que desgaste energéticamente más que rodearte de personas que no entienden tu vida, y mucho peor aún, si no la respetan.

Así pues, para poder hacer un cambio de vida real, muy probablemente tendrás que dejar ir relaciones tóxicas y falsas amistades, para rodearte de personas que realmente te inspiren, te apoyen y te acompañen en este momento de transición tan vital para ti.

 

Conclusión

 

La experiencia de tu regreso vendrá marcada en gran medida por el crecimiento personal que hayas realizado y por la proyección de futuro que traigas.

Cuanto más claros tengas los objetivos y más definidos tengas los pasos a dar, mucho más motivador será el regreso porque no te sentirás perdida. Es más, lo más probable es que tengas una ilusión enorme ante el inminente cambio de vida que empezó a gestarse ya durante tu año sabático.

No deberías considerar el regreso como “una vuelta a la rutina”, sino como una etapa de tu vida donde vas a poder poner en práctica todo lo aprendido durante tu año sabático. Y si ves que hay algo en el interior que sigue necesitando de tu trabajo interno, ¡no lo dejes!

Tu nivel de felicidad vendrá determinado por el nivel de crecimiento personal y espiritual que estás dispuesta a realizar. Cuanto más hondo llegues, más heridas sanes y más creencias limitantes transformes, más feliz y libre serás.

Con un poco de suerte te darás cuenta que el regreso de tu año sabático es algo que sucede en ti, y que una vez logras dominar tus propias emociones, entenderte a ti misma y sabes quién eres, tu felicidad estará ahí de manera natural, porque ya se habrá instalado dentro tuyo.

 

Querida alma libre, te deseo de todo corazón que no le tengas miedo al regreso después de un año sabático.

Sé que tal vez puede generarte muchas dudas y que la incertidumbre del qué pasará puede bloquearte, pero puedo asegurarte que si te lo montas bien y sigues los consejos que te he ido dando, ¡el regreso puede convertirse en otra etapa apasionante de tu vida!

Un fuerte abrazo, ¡y a seguir viviendo con total plenitud!

Con todo mi cariño,

 

TENGO UNA PROPUESTA PARA TI

 

Si sientes que algo de todo lo que te cuento te resuena, te inspira y te anima a querer vivir tú algo similar, mi propuesta te encantará.

Se trata de mi primer curso online: Revolución Sabática.

Con él conseguirás diseñar una hoja de ruta paso a paso que te llevará desde tu vida actual a tu año sabático, y que todo el aprendizaje que extraigas de tu año sabático te sirva para diseñar una nueva vida, ¡la vida de tus sueños!

 Los beneficios del curso se resumen en:

  1. Comprenderás porqué tu vida es como es ahora y cómo puedes transformarla controlando tu mente y tus creencias limitantes.
  1. Te conocerás a ti misma a un nivel más profundo y tendrás una visión clara y nítida de tu vida ideal, tu futuro y el tipo de persona en el que te quieres convertir.
  1. Descubrirás cuál es tu pasión y cuáles son tus talentos, como alcanzar la libertad financiera y como podrías ganar dinero con ellos.
  1. Entenderás porqué tomarte un año sabático es una idea excelente para reinventarte personal y profesionalmente y diseñarás un plan de acción con todos los pasos necesarios que debes dar para realizar ese cambio de vida.
  1. Diseñarás un plan de ahorro para reunir todo el dinero que necesitas.
  1. Aprenderás qué cosas debes tener en cuenta para trasladar todo lo aprendido durante tu año sabático a tu vida cotidiana y que regresar no te miedo ni te cause incertidumbre.
  1. Cargarás las pilas a tope porque verás que por fin empiezas a cambiar una situación en la que llevabas años atascada.

 

Se trata de un plan formativo intensivo, a través de 6 módulos de trabajo: con los contenidos de cada módulo, hojas de trabajo, webinars online y sesiones de preguntas y respuestas en directo.

Aquí encontrarás más información sobre el curso.

 

¿El post de hoy te ha servido o inspirado en algo?

 

Si te ha gustado el post AGRADECERÍA ENORMEMENTE que lo compartieras en tus redes sociales, así me ayudas a difundir mi proyecto… ¡y me arrancas una sonrisa! 😉

Mil gracias por COMPARTIR LIBERTAD!- Cintia's Love in Action

 

Cuéntame…

 

¿A ti también te da miedo que se acabe tu año sabático y tener que volver a la rutina?

¿Ese es uno de los motivos por los cuáles todavía no has tomado la decisión de tomarte un año sabático?

¿Crees que mi experiencia y los consejos que aquí comparto pueden serte útiles para afrontar tu regreso?

 

Me encantará verte en los comentarios (¡¡un poquito más abajo!! 🙂 )

Cintia

Mi misión es ayudarte a despertar espiritualmente y hacer un cambio de vida, para que alcances la felicidad, libertad y paz supremas encontrándote a ti misma durante un año sabático, o sin él. Te ayudaré a que realices tu propósito de vida ¡y te conviertas en la persona que has venido a ser!

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