Este es un post de invitada escrito por Patricia, autora del blog Aprendízate.

Patricia es otra viajera empedernida como ello, y ella también quiso tomarse un año sabático. Pero sus miedos le alejaban de su sueño hasta que ella decidió afrontarlos y ponerles remedio.

¿Y sabes que fue lo mejor que le pasó?

Que cuando se alió con sus miedos, éstos dejaron de ser su enemgio y disfrutó de la mejor experiencia de vida que jamás imaginaría que llegaría a vivir.

¿Quieres conocer su inspiradora historia?

¡Sigue leyendo! 😉

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No soy una persona con súper poderes. Como todos, tengo mis miedos, mis dudas, mis ilusiones y mis metas en la vida. No soy una persona diferente a ti.

Sin embargo, cada vez que le cuento a alguien que he viajado durante 11 meses con mi mochila por Asia y Oceanía, la pregunta es siempre la misma: “Pero, ¿y tú, cómo lo hiciste para ser tan valiente y que no te diera miedo viajar sola?

Las palabras valiente y miedo siempre aparecen. Eso, y un par de ojos que me miran como si yo estuviera hecha de un material especial. Pero como te decía, soy igual que tú, con mis miedos y mis cosas.

Lo único que hice fue pasar a la acción, trazarme un buen plan para mi aventura por el mundo, y utilizar mis miedos para prepararme mejor, antes y durante el propio viaje.

Así que eso es precisamente lo que te voy a contar en este post: cómo en vez de evitarlo o huir de él, utilicé todo lo que me daba miedo para preparar mejor mi viaje, y hacer de esos meses los mejores de mi vida.

 

Mi vida antes de mi año sabático

 

Vivía en Londres cuando tomé la decisión de tomarme un año sabático. Esto fue en el 2013 y yo llevaba allí desde el 2006. Trabajaba como editora de vídeo en una de las empresas más importantes del país, con clientes como la BBC y Sundance TV.

Me había costado mucho llegar hasta donde estaba porque mis inicios no fueron nada fáciles.

Vivía con mi pareja, tenía muchos amigos y hobbies. Y el sueldo que ganaba me permitía viajar bastante, cosa que me apasiona hacer.

 

Un trabajo que no me aportada nada

 

Sin embargo, desde el verano del 2010 me faltaba algo. Echaba de menos el sol, la luz, y cada invierno se me hacía más cuesta arriba.

Pero sobre todo, echaba de menos ser útil a los demás. Sentía que lo que hacía (poner subtítulos y gráficos a las promos de televisión), no ayudaba a nadie. Les entretenía, sí, pero nada más. Estaba súper desmotivada.

 

¿“Gap year” dices?

 

Tenía claro que ese trabajo no me aportada nada y que por algún lado tenía que estar mi verdadera vocación, aquello que realmente me apasionase. Durante esos meses y mientras yo seguía con mis dudas existenciales, un par de compañeros dejaron la empresa para irse a viajar por el mundo. “Gap year”, lo llamaban.

“Yo eso lo tengo que hacer algún día”, pensaba.

El tiempo fue pasando, y cada vez tenía más claro que quería vivir esa experiencia de viajar sin billete de vuelta.

Necesitaba parar, saber qué hacer con mi vida. Necesitaba encontrar mi pasión y sabía que un viaje así sería perfecto para iniciar un nuevo capítulo en mi vida.

Así que en el verano del 2012 mi pareja de entonces y yo decidimos que iniciaríamos el viaje en septiembre del año siguiente.

 

Los meses previos al viaje: te presento al miedo

 

Todo lo que te he contado hasta ahora bien podría ser la historia de tantos y tantos viajeros que un buen día deciden dejarlo todo y tomarse un año sabático.

Pero lo que no sabes todavía es que meses antes de empezar nuestro viaje, mi pareja y yo lo dejamos. Y eso, como te puedes imaginar, fue un auténtico bombazo.

Fue una época llena de miedos e inseguridades. ¿Qué iba a pasar ahora con el piso donde vivíamos? ¿Cómo iba a afectar eso a nuestros amigos en común? Y sobre todo: ¿qué iba a pasar con el viaje?

Todo era rarísimo. Después de más de cinco años de relación, aquello se acababa, justamente a las puertas de un proyecto común tan enorme.

Pero lejos de venirme abajo, me dejé de dramas y me dije a mí misma: “Patri, tienes dos opciones: o cagarte en todo y renunciar al viaje, o utilizar esta incertidumbre para aprender de tus miedos, gestionarlos y salir fortalecida de ésta situación, tú verás”.

 

El dolor es inevitable. El sufrimiento, opcional

 

Motivada por la frase ‘el dolor el inevitable, el sufrimiento opcional’ y por los podcasts de Sergio Fernández, me dejé de lamentos y tracé un plan de acción.

Ninguno de los dos queríamos renunciar al viaje, pero nos daba miedo ir solos a la India. Así que decidimos que iniciaríamos el viaje juntos, y que luego allí ya iríamos viendo.

Fueron meses difíciles. Si bien mi ex y yo éramos buenos amigos, una separación no es nada fácil. Y mucho menos cuando tienes que seguir viviendo en la misma casa durante unos meses más.

 

Una montaña rusa emocional

 

Yo sentía que cada día era una montaña rusa emocional.

Había días que estaba eufórica y me sentía libre como nunca antes en mi vida. Había otros que me parecía una locura emprender el viaje juntos. Aunque fueron unos meses muy duros, pocas veces me he sentido tan viva como entonces.

Cuando le contaba mis planes a algunos amigos, me decían que estaba loca, y que eso de irme a viajar con mi ex no era buena idea. Como te puedes imaginar, si ya uno antes de un viaje de este tipo está lleno de dudas y de miedo, en mi caso la incertidumbre era aún mayor.

Pero como te decía, ya por esa época empecé a darme cuenta de que lejos de huir de mis miedos, lo que tenía que hacer era escucharlos, entender de dónde provenían, y hacerlos frente.

Aprender de ellos.

¿Y qué si salía mal? ¿Y qué si otros amigos habían empezado un viaje juntos y había acabado como el rosario de la aurora? ¿Por qué a mí me tendría que pasar lo mismo?

Llevaba meses leyendo blogs de viajeros y todos hablaban maravillas sobre la experiencia. Así que no. No me dejé llevar por el miedo sino que aprendí a ser práctica: si una vez empezado el viaje no me gustaba la experiencia o algo salía mal, la solución era tan fácil como coger un avión, volverme y punto.

Cero dramas.

 

Un inicio de viaje… casi perfecto

 

Así fue como un 26 de septiembre llegamos a Bombay. Aquello era un sueño hecho realidad. Después de haber leído tantas historias de otros bloggers de viajes, por fin estaba viviendo mi propia aventura.

Todo era nuevo. Todo era raro. Todo era… casi perfecto.

Con mi ex la relación era buena, cordial. Nos compaginábamos muy bien, buscando cada uno las cosas del alojamiento, transporte y demás.

Pero yo no me sentía libre.

Sabía que necesitaba poner distancia, desvincularme de él e iniciar mi propia andadura.

Pero me daba miedo. Estaba en India y eso lo cambiaba todo.

Como superar el miedo- Cintia's Love in Action

Lo bueno es que yo creo que la vida te acaba poniendo en bandeja precisamente aquello que más temes.

Y fue así como ocurrió.

Fue en Varkala, una pequeña población costera situada en Kerala, al sur de la India. Al segundo día de llegar, mientras me estaba bañando, una ola me estampó contra el suelo y me hizo una lesión en la espalda (a parte de dejarme una cara un tanto picassiana). No era nada grave, pero tenía que hacer reposo sí o sí por una temporada.

 

Lo peor que te puede suceder mientras viajas

 

“Mierda, lo que faltaba”. Eso fue lo que pensé al principio. Estaba frustrada. Que te manden reposo cuando estás viajando no es precisamente lo mejor que te puede suceder.

Pero fueron pasando los días, y me fui dando cuenta de que si aquello había pasado, es porque algo tendría que significar. “Patri, fluye, relativiza. Piensa que si esto ha ocurrido, es por algo”, me decía.

Y así fue. En mi querida Varkala conocí a personas increíbles con las que meditaba cada mañana y con las que me unía la pasión por viajar.

Hice amistades que aún hoy conservo.

Pasé una semana en un ashram, me puse fina comiendo thalis, y viví mis primeras Navidades en un sitio tan exótico como aquel.

Pero sobre todo, allí conocí a un montón de mujeres que viajaban solas por India.

Cuando les contaba que viaja con mi ex y que quería viajar sola pero que me daba miedo dar el paso, siempre me decían lo mismo: “hazlo, lo tienes que hacer. No vas a estar sola, ya verás. Nosotras lo hacemos así que tú también puedes”.

 

Cómo superé mi miedo a viajar sola

 

Así fue como el 13 de enero del 2014 me montaba en un tren 32 horas con el que cruzaba la India de sur a norte hasta llegar a mi primer destino: Varanasi. Ahora sí que sí, empezaba mi aventura en solitario.

Una de las cosas que repito hasta la saciedad cuando me preguntan es que el hecho de viajar uno solo no implica estar solo.

Y eso fue lo que sucedió en todos esos meses en India en los que conocí a gente increíble. Todo lo que antes había leído en los blogs de otras personas por fin lo estaba viviendo yo en carne propia.

Viajeros de veinte, treinta, hasta de sesenta años que se convertían en  compañeros ocasionales de viaje perfecto. Gente con la que nada más conocer, compartía una forma de ver la vida, los mismos valores, y conversaciones de esas de arreglar el mundo bajo el parpadeo de las estrellas.

Viajaba sola y acompañada. Disfrutaba conociendo a personas con las que compartir historias, una comida y el alojamiento. Pero también disfrutaba pasando días sola, aprendiéndome, conociéndome, escuchándome y siendo consciente de mi evolución personal en todo ese tiempo.

Cuánto había llovido…

Superar el miedo a viajar sola - Cintia's Love in Action

 

Lo que aprendí de mis miedos mientras estaba viajando

 

A mi propio ritmo fui hilando destinos y países. Fue así como continué por Australia, Nueva Zelanda, Vietnam, Laos, Camboya, Tailandia y Myanmar.

Cada día era una oportunidad para descubrir el mundo y descubrirme yo en él. Contaba mis impresiones en mi blog de viajes impresionesdelmundo.com, el cual sigue activo, aunque ya no escribo en él.

Con el tiempo descubrí que aquello a lo que en un principio había dicho no, era precisamente lo que mejor demostraba hasta qué punto había cambiado.

La Patricia que llegó a Bombay era bien distinta de la viajera resolutiva en la que me había convertido. Cada reto y cada obstáculo superado me habían servido para crecer, para conocerme mejor.

En esos 11 meses, hubieron dos momentos especialmente marcados por el miedo. Fueron dos situaciones en las que mi mente se cerró momentáneamente en banda con un rotundo no, pero que luego resultaron ser unos aprendizajes increíbles.

 

Mi miedo ante una mujer desfigurada por el ácido

 

Sucedió en uno de los centros de la Madre Teresa en Calcuta. Acudí allí durante varios días como voluntaria, al igual que hacen otros cientos de personas. Fregábamos los suelos, limpiábamos los colchones, dábamos de desayunar a las mujeres y las acicalábamos un poco.

Una de esas mañanas, cuando me encontraba dando crema corporal a algunas de las mujeres, de repente oí como una de las enfermeras del centro me llamaba.

Hey girl… come

Con su dedo índice estaba señalando a una mujer ciega, sentada en una banqueta, completamente desfigurada por el ácido que su marido le había lanzado.

Here, here, me decía la enfermera.

Yo no me lo podía creer. Quería que le echase crema a la mujer cuya piel no era piel sino una yaga enorme, supurante y deforme. Yo no sabía dónde meterme. Me quedé totalmente paralizada, con la mano extendida untada de crema. Esto sí que no puedo, pensé.

Pero un segundo más tarde, algo dentro de mí hizo que me pusiera a caminar hacia ella. No tenía guantes ni instrucciones de hazlo así o hazlo asá.  Pero fue como si por un instante viera a la mujer hermosa que había habitado ese cuerpo, ahora muerto en vida, y me olvidara de las heridas y de las yagas supurantes.

Le di la crema lo mejor que pude y lo mejor que supe, con todo mi amor y cariño. Patri, tú esto: sí. Claro que puedes, pensé.

 

Mi miedo a conducir en Nueva Zelanda

 

Pues si vamos a Nueva Zelanda y tú no quieres conducir y yo tampoco, ya me dirás cómo lo hacemos, le decía a mi amigo Cristóbal semanas antes de irnos al país kiwi.

Me repateaba la idea de ir allí y estar dependiendo de tours organizados para poder movernos, pero no había muchas opciones. Mi amigo no quería conducir porque allí conducen por el otro lado. Y yo me negaba porque no había conducido mucho en mi vida, ni por un lado ni por el otro.

Viajar sola- Cintia's Love in Action

Pero un buen día, en Australia, cuando quedaban dos semanas para irnos, le dije a un amigo que si me dejaba llevar el coche durante 5 minutos. Quería probar cómo me sentía al volante, conduciendo por la derecha. Pasados esos minutos, escribía un mensaje a mi amigo: Cristóbal, ya tenemos conductor para Nueva Zelanda: yo.

Así fue como pasé del ni de coña a convertirme en la única conductora de ese viaje, chupándome prácticamente 1500km por carreteras de montaña y con todo tipo de condiciones meteorológicas.

De nuevo había superado un miedo.

De nuevo me había demostrado a mí misma que los únicos limites, estaban en la mente.

 

Cuando el viaje se acaba: ¿Y ahora qué?

 

Si bien la etapa previa a un año sabático me parece súper importante (ya has visto cómo fue la mía), la de la vuelta a casa aún lo es más.

Yo desde hacía ya meses viajaba con fecha de regreso. Mi hermana iba a tener a su hija y por nada del mundo me quería perder el nacimiento de mi primera sobrina.

Pero lo cierto es que aunque mi año sabático se acababa por una buena noticia, no dejaba de ser menos intenso y emocional. ¿Qué pasaría con todo lo que había aprendido? ¿Volvería a ser la de antes? ¿Y si no me adaptaba? ¿Y si me aburría mi vida?

Son dudas que tenemos todos los viajeros que hemos vivido experiencias tan intensas, y créeme, es normal.

Una vez más sentía miedo y mucha incertidumbre, y eso sólo significaba que allí había una tremenda lección por aprender.

Así que me dejé de dramas, y lejos de ver el fin de mi viaje como un punto y final, lo vi como un punto y seguido.

Mi año sabático se acababa sí, pero mi vida no.

Igual que había aprendido a superar los noes que se presentaban, a viajar sola y a ser tan resolutiva, podía aprender a diseñarme la vida que quisiese al volver a casa.

No iba a ser nada fácil, pero a esas alturas ya no me achantaba. Además sentía una profunda gratitud por tener un motivo tan bonito por el que volver y por mi nuevo papel de tía enrollada.

Por otro lado, el viaje me había servido para corroborar lo que ya sabía: quería ser útil a la gente, ayudar a los demás. Y había encontrado el modelo perfecto para ello: la Programación Neuro-lingüística.

Cuando llegara a Madrid me formaría en PNL y empezaría a trabajar en crearme, no un trabajo, sino un estilo de vida que me permitiera vivir de mi talento y viajar cuando quisiera.

 

Por qué deberías indentificar tus miedos en vez de ignorarlos

 

Vivimos rodeados de mensajes que venden la idea de vivir sin miedo.

Supera tus miedos. Cómo vivir sin miedo de una vez por todas. Vence tus miedos

 Sé que suena fantástico, casi idílico. Ser capaz de hacer y deshacer sin tener que sufrir esa sensación tan horrible y paralizante sería un sueño por el que muchas personas firmarían ahora mismo.

Pero lejos de fantasear con la idea, te voy a pedir que te imagines cómo sería, de verdad, vivir sin sentir miedo.

Qué pasaría en tu vida si te cargaras de golpe y porrazo la sensación de miedo. En serio, hazlo.

Imagínatelo.

¿Qué pasaría? Pues que cruzarías la calle sin mirar, que te fiarías de todo el mundo, que conducirías como un loco, que te daría igual que le pasase algo a tu familia o a tus amigos.

Claro que el miedo mal gestionado paraliza y asusta. Nos hace pequeños y vulnerables. Pero el miedo bien gestionado, es una fuente de información valiosísima en tu aprendizaje que te ayuda a no perder la motivación.

 

El miedo, un indicador de aquello que has de trabajarte

 

Pensar no sólo en lo que puede ir bien sino en lo que puede ir mal te sirve para prepararte mejor y anticiparte con una solución a lo que puede ir mal.

Gracias a ello pude prepararme mejor ante un viaje que se presentaba bastante difícil con mi ex. Gracias a que aprendí de mis miedos en vez de huir de ellos, pude hacer de mi año sabático mi mejor universidad.

Porque, que no te quepa duda, viajar es la universidad de la vida.

Nunca permití que el miedo me petrificara ni me dejé llevar por los dramas. Aprendí a ser proactiva y a buscar soluciones prácticas. Entendí que el miedo bien gestionado es un indicador que apunta en la dirección de aquello que debes trabajarte.

No es causal que ahora me dedique a lo que me dedico: ayudar a otras personas a convertirse en sus propios motivadores personales con técnicas de PNL y de gestión emocional en mi blog Aprendizate.com.

No es casual que el haberme preguntado tantas veces: Y yo, ¿cómo podría solucionar esto?, haya derivado en una profesión que me apasiona.

Porque cada día puede ser un viaje maravilloso si aprendes a escuchar e identificar tus miedos, en vez de mirar hacia otro lado.

Permítete mirar a los ojos a aquello que te asusta o que te crea incertidumbre y acabarás conociéndote como a nadie.

Porque la cuestión no es descubrir el mundo… sino descubrirte tú en él.

 

¿El post de hoy te ha servido o inspirado en algo?

 

Si te ha gustado el post AGRADECERÍA ENORMEMENTE que lo compartieras en tus redes sociales, ¡me han dicho que trae buen karma! 😉

Mil gracias por COMPARTIR LIBERTAD!- Cintia's Love in Action

 

Ahora es tu turno…

 

¿Cuál es tu mayor miedo para tomarte un año sabático?

¿Te has parado a pensar como podrías poner tu miedo a tu favor para lograr hacer realidad tu sueño? (Explícanos de qué manera crees que podrías superarlo)

Si no haces nada para superar el miedo, ¿crees que podrías arrepentirte en un futuro? ¿Cuál es el precio que pagarías?

Patricia Ibáñez

Mi misión es ayudar a las personas a aumentar su motivación y la confianza en sí mismas para que aprendan a mejorar sus vidas, y se dirijan con más seguridad a sus metas personales. Qué, ¿te unes al grupo de los que han dejado de decir ‘no puedo’ para preguntarse ‘cómo podrían’?
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