Mi vida sabática sigue (¡no sé hasta cuando!), y como muchos ya sabéis, en estos momentos me encuentro instalada en la isla de Koh Phangan, en Tailandia. Mi pequeño gran paraíso.

Esta es mi vida ahora. Sí… ¡real como la vida misma!

Entre cocos, palmeras y atardeceres.

Tal como expliqué en el post donde relataba todo lo vivido y aprendido cuando celebré 1 año del inicio de mi viaje, a éstas alturas, yo y mi alma gemela Remi, ya no estamos “turisteando”, sino viviendo en Asia.

La vida nos trajo hasta esta isla hace 3 meses y de momento nos quedamos aquí 3 meses más. ¡Cómo me mola sentirme dueña y protagonista de mi propia vida!

Yo he elegido estar aquí.

Medio año viviendo en una isla increíble, donde lo exótico y lo cotidiano se funden en una sola cosa.

Tal vez te estarás preguntando como es mi vida aquí.

Pues yo te lo voy a mostrar.

¿Te interesa saber cuáles son mis actividades diarias, rutinas de cada día, lugares a los que voy y mis rincones “top” donde más me encanta perderme?

¡Pues vamos allá!

 

¡Bienvenidos a Koh Phangan!

 

Primero de todo os presento la isla.

Koh Phangan está unos 800 km al sur de Bangkok. 12horas en bus más o menos. Es una isla hermana de las islas de Koh Samui y Koh Tao.

Después de tanto tiempo viajando y buscando un lugar donde asentarnos, bastaron pocos minutos para darme cuenta que este era el lugar donde me apetecía instalarme por una larga temporada.

¡La energía se respira nada más llegar!

Koh Phangan es famosa por la “Full Moon party”, una fiesta que se celebra en luna llena y atrae a cientos de turistas cada mes. Pero todos sabemos que Koh Phangan es mucho más que eso.

Es una isla que tiene mucho (¡pero mucho! que ofrecer). Te brinda todas las oportunidades de vivir en una isla exótica y al mismo tiempo te ofrece un lugar donde asentarte y donde encontrarás todo lo que necesitas para vivir. Y lo mejor de todo. Puedes encontrar alojamiento y comida a precios muy asequibles.

En Tongsala, la localidad donde se encuentra el puerto encontrarás tiendas, mercados, supermercados, restaurantes y muchas otras cosas que tal vez te costará encontrar en otros lugares más remotos de la isla.

Además, si te interesa todo lo relacionado con la espiritualidad, has dado con el lugar adecuado.

Aquí hay muchísima oferta de cursos de yoga, meditación, terapias alternativas (sobretodo en la zona de Srithanu) y hay una comunidad de residentes y viajeros muy activa que te echará un cable siempre que lo necesites.

Ojo con «charlatanes de espiritualidad barata», ¡qué los hay!

Allí donde hay mucha oferta de “cursos espirituales” también proliferan muchas personas que intentan sacar partido de esta situación para hacer negocio. Sobre todo en temporada alta, abunda la oferta de talleres impartidos a cambio de donativos, algunos muy buenos, y otros… no tanto.

Ahí lo dejo caer…

 

Un día cualquiera, aquí…

 

Pues bien, intentaré relataros lo que podría ser uno de mis días aquí.

Normalmente me levanto entre las 8 y las 10 de la mañana.

Religiosamente, lo primero que hago es meditar.

Cojo mi esterilla de yoga, mi cojín de meditación, un incienso y cuando ya tengo “mi espacio sagrado” listo me siento en el porche de nuestro bungalow y empiezo el día meditando, respirando lenta y conscientemente, conectando conmigo misma.

Hay días que canto mantras o que hago meditación caminando descalza por la parcela donde vivimos. Me encanta porque siento que absorbo la energía de la tierra y empiezo el día mucho más vital.

No siempre (depende de la hora, del calor que haga, o para qué negarlo, de lo perezosa que esté…), algunos días después de la meditación también practico yoga.

Hacer unos cuantos saludos al sol y unas cuantas asanas (posturas de yoga) son la guinda del pastel para mi día perfecto.

Después Remi y yo preparamos el desayuno juntos que acostumbra a ser zumo natural con frutas locales (mango, piña, dragon fruit, papaya, coco…, tostadas y musli) y nos lo comemos tranquilamente en el porche de nuestro bungalow. Empezando el día slow. ¡Me encanta!

Después, una costumbre que tengo es la de limpiar la casa un poco.

Me encanta barrer, fregar el suelo y poner incienso para empezar a trabajar con el ambiente limpio (y la mente tranquila 🙂 ). No es que sea una fanática de la limpieza (ni mucho menos), pero eso sí, me gusta el orden y los espacios limpios.

Después me ducho y sobre las 12 am empieza mi jornada de trabajo.

¿Qué trabajo?

Pos éste que estás leyendo… ¡cuál va a ser! 😉 ) El blog es ahora mi trabajo y sacarlo adelante me está costando sudor y lágrimas… ¡pero no me rendiré!

Trabajando en mi blog en nuestro bungalow (Koh Phangan)

Tengo que decir que con el calor que ha estado haciendo estos meses, estas horas del mediodía son insufribles, así que muchos días, hago lo que puedo. Si trabajo más, fantástico, y si trabajo menos, fantástico también.

Los días en los que me siento poco motivada para trabajar, simplemente dejo pasar las horas:

  • Duermo
  • Juego con mis mascotas Mooji y Blanco
  • Cojo la moto y me voy a explorar alguna playa o a darme una vuelta “y que me dé el aire”
  • Medito
  • Voy a comprar
  • Cocino
  • Voy a llevar la ropa a la lavandería
  • Publico actualizaciones en mis redes sociales
  • Me paso horas hablando con Remi
  • Y poco más…

 

Todo esto tan “ordinario” está plagado de momentos para mí, extraordinarios.

  • Cocinar o fregar los platos viendo por la ventana un campo de palmeras .
  • Desayunar, comer y cenar al aire libre, rodeados de palmeras también.
  • Coger la moto para ir a tomar algo, ir a la playa, o ir a comprar… e ir cruzándote con más campos de palmeras aún.
  • Sentir el aire en mi cara mientras conduzco la moto por la isla y veo rincones tan increíbles.
  • Sentarme en el porche de nuestro bungalow y sentir la brisa de la isla o el cantar de los grillos.
  • Ir a bañarme a la playa y ver el atardecer allí.
  • Coger libreta y boli, sentarme en cualquier rincón de la isla y dejar que fluya la inspiración…
De relax en nuestro bungalow

De relax en nuestro bungalow

 

Y mientras la vida transcurre, un ser muy especial está a nuestro lado: Mooji, nuestro gato. Lo acogimos cuando tenía sólo dos meses. Aquí en la isla hay un problema muy grande con los gatos y los perros, pues hay una sobrepoblación enorme.

Cada dos por tres hay camadas nuevas, y eso supone que hay un montón de animales abandonados en las calles (¡algo muy duro de ver para los que somos amantes de los animales!)

En cualquier caso, decidimos quedarnos con Mooji, un precioso gatito que nos tiene robado el corazón. En aquél momento, no pensábamos tan a largo plazo… pero lo que no nos imaginábamos es que el vínculo con él iba a ser tan fuerte que ya no nos podríamos separar de él más.

Con Mooji

Con Mooji

A día de hoy, Mooji forma parte de nuestra vida y estamos tan felices los tres juntos que nuestra intención es arreglar los papeles necesarios (pasaportes, vacunas….) para que pueda viajar con nosotros.

¡Quién nos lo iba a decir!

 

Rutinas de mi vida sabática…

 

Como todo el que vive en algún lugar, al final acaba acostumbrándose a ciertas rutinas o frecuentando algunos lugares que le gustan y en los que se siente cómodo.

Pues bien, algo que nos encanta especialmente es ir por la tarde, después de ponerse el sol, a tomar algo, que nos dé el aire, disfrutar de la brisa después de un largo día de calor.

En nuestro caso, Remi y yo, tenemos una serie de “rinconcitos” que nos encantan.

Uno de nuestros lugares favoritos es un restaurante llamado “Taboon” (donde sirven comida oriental siria, iraquí…) y tiene una atmósfera muy especial con buena música, velitas, alfombras y mesas que invitan a sentarse y dejar pasar las horas.

Muy a menudo vamos allí a sentarnos un rato, disfrutar del ambiente “chill” con ese toque oriental y a disfrutar la brisa del atardecer. Y, lo mejor de todo, deleitarnos con un “chai-coffee”(una mezcla de té indio con café y mucha crema al estilo cappuchino) que preparan y nos tiene robado el sentido.

Y la guinda del pastel es cuando nos llevamos a Mooji, a quién le encanta venir con nosotros y sentarse allí en aquél sofá tan cómodo a tomar el aire fresco… ¡pura vida!

Otro de los “momentazos” que nos regala esta isla (y nos regalamos nosotros a nosotros mismos 😉 ) es cada vez que vamos a “Dome Sauna”.

¿Conocéis una sauna-paraíso? Pues a esa me refiero.

Dome está en medio de la montaña y el dueño ha creado allí un lugar mágico, pues es una sauna nocturna. Abren desde las 18h hasta las 00:00h.

Por un lado está la sauna como tal (tipo cúpula, de color blanco), y fuera, hay todo un espacio al aire libre con alfombras, inciensos, luces que alumbran  los árboles como si fueran miles de luciérnagas por la noche, música super suave, casetas con bancos hechos de coco donde puedes sentarte a comer o beber algo… Y lo mejor de todo. El fuego.

Cada noche hacen un fuego donde la gente se reúne alrededor, contemplan el fuego, meditan o simplemente esperan para hacer otra ronda en la sauna.

Sirven fruta (sandía) y té gratis con el precio de la entrada.

Pues este lugar nos gusta tanto, que vamos muy a menudo, generalmente cada 2 semanas, a disfrutar de una buena sauna y del placer de ver como se para el tiempo mirando el fuego entre palmeras tailandesas.

¡No podéis imaginar cómo agradece esos momentos mi cuerpo y mi piel!

Otro de nuestros lugares favoritos es un restaurante vegano llamado “Eat.Co” donde sirven una comida que se te hace la boca agua.

Humus, pan casero, crema de calabaza, tahini, hamburguesas de vegetales, zumo de espirulina, ensaladas, tempeh… todo servido en unos platos de madera artesanos que tan solo de verlo ya te entra por la vida.

Es un poco más caro, pero de verdad que merece mucho la pena ir de vez en cuando.

Disfrutando la deliciosa comida de Eat. Co

Disfrutando la deliciosa comida de Eat. Co

Cuando Remi y yo vamos allí disfrutamos de cada bocado de comida más que nunca y siempre nos viene a la cabeza algo que nos decimos el uno al otro muy a menudo… “¡Qué suerte tenemos de estar aquí!”

Otros momentos que también disfrutamos mucho es cuando de vez en cuando quedamos con algunos amigos que hemos ido haciendo aquí en la isla para cenar en casa o tomar algo.

Por un tiempo, ellos son tu familia y es super agradable “el calorcito” de sentir que tienes amigos por el mundo…

 

Momentazo del día: el atardecer

 

Pero aún hay más. Koh Phangan aun tiene muchos más regalos para mí.

Por si no lo sabías, déjame que te lo diga otra vez al oído… (psssttttt)

¡SOY UNA ENAMORADA DE LOS ATARDECERES!

¿Recuerdas aquellas sensaciones y emociones tan fuertes e intensas que sentía al atardecer mientras estuve viviendo más de un mes en Otres Beach (Camboya), viendo la puesta de sol CADA DÍA?

Pues “same same but different”.

Jamás me cansaré de mirar esa bola de fuego roja que me deja hipnotizada y me recuerda cuán bella es la vida y el planeta donde vivimos.

Puesta de sol desde el centro de yoga Samma Karuna (Koh Phangan)

Puesta de sol desde el centro de yoga Samma Karuna (Koh Phangan)

Como os contaba antes, muchos días me cojo la moto y me pierdo yo sola por alguna playa donde pueda ver una bonita puesta de sol.

Son momentos de esos en los que me siento más libre que nunca, en los que siento que yo soy la protagonista de mi vida pues elijo estar ahí, y no en otro lugar.

Mientras miro el sol, siento la paz del día que ya se despide, huelo el mar, siento la brisa… tan solo puedo dar GRACIAS por tantas y tantas cosas.

Son  de esos momentos que, para mí, no tienen precio…

Te dejo aquí una pequeña selección de lugares donde me encanta ver la puesta de sol.

Puesta de sol desde la carretera de Tongsala a Srithanu

Puesta de sol desde la carretera de Tongsala a Srithanu

Puesta de sol desde el centro de yoga Gaia

Puesta de sol desde el centro de yoga Gaia

 

Mi nueva realidad

 

Es hoy que miro atrás el camino andado y me doy cuenta de cuantos pasos di que me trajeron hasta este momento, aquí y ahora.

No puedo parar de pensar en cómo la gente sigue su vida cotidiana, yendo a trabajar igual que siempre, levantándose a la misma hora de siempre, haciendo las mismas cosas de siempre (sin eso llenarles del todo) mientras yo ya rompí con toda esa “mierda”.

La mierda del sistema que me decía cuando me tenía que levantar, qué trabajo tenía que hacer y cómo debía llevar mi vida.

Hoy soy yo la que decido.

Hoy ya no suena el despertador, a no ser que yo decida ponerlo (PORQUE ME DA LA GANA DE PONERLO) 🙂

No sabéis cuanto llegué a maldecir el sonido del despertador. Me entraba de todo sólo de pensar que saldría por la puerta de casa antes de las 8 de la mañana y muchos días no llegaría a casa hasta las 18h, las 19h, las 20h…

¡Eso que antes era “normal” hoy me parece una santa locura!

Afortunadamente, fui capaz de tomar decisiones y aprender las lecciones que la vida tenía para mí.

Hoy soy una nueva mujer, mucho más libre, pues he aprendido a valorar la vida por encima de todo y por suerte, me di cuenta, que mi potencial es mucho mayor como para malgastarlo subsistiendo en una vida mediocre.

Aún me queda mucho por aprender, y sé que el camino no me va a ser fácil. Los que nos salimos del sistema, estamos casi “condenados” de por vida a tener que seguir luchando por nuestros ideales (lo cual no es fácil en absoluto).

Pero en mi caso, no tengo dudas, voy a ello de cabeza.

Como escuchaba hace poco en un vídeo de Youtube… Mandela no tenía un sueño, un sueño le tenía a él.

De igual modo, yo no tengo un sueño. ¡Un sueño me tiene a mí!

(Y yo solo puedo rendirme a él…)

 

Deseo de todo corazón que tu también te atrevas a vivir tu sueño, ¡con todos los poros de tu piel! ¡Con todo el coraje que necesitas para ello!

Alma libre, te deseo una feliz y radiante vida llena de sentido.

 

Un fuerte abrazo,

Cintia

 

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¿Qué te ha parecido?

 

¿Te gustaría vivir una temporada en una isla paradisíaca como esta pero las circunstancias no te lo han permitido?

Si pudieras cogerte un año sabático… ¿qué harías? ¿dónde irías? ¿en qué invertirías tu tiempo?

 

Te espero en los comentarios… ¡Me encantará saber de ti y escuchar tus opiniones sobre todo esto que comparto contigo!

 

Cintia

Mi misión es ayudarte a despertar espiritualmente y hacer un cambio de vida, para que alcances la felicidad, libertad y paz supremas encontrándote a ti misma durante un año sabático, o sin él. Te ayudaré a que realices tu propósito de vida ¡y te conviertas en la persona que has venido a ser!

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