Esa decisión llegó a mí con una fuerza arrolladora. Sí, debía volver a la India. Sin pensármelo más.

Aquél verano de 2014 grabó a fuego muchas memorias que jamás olvidaré.

Ya había estado en la India del Norte hacía unos años, pero mi alma aún tenía “asuntos pendientes” por esas tierras. No me cabía la menor duda que ese país aún tenía mucho para enseñarme y yo mucho que aprender de él.

Esta vez mi llamada fue para ir a la India del sur. Me apetecía ver una India más rural y menos masificada y peregrinar por centros de yoga y meditación que tanto abundan en el sur.

Algo de esa cultura tan ancestral corría por mis venas. Reconocía una parte de mi verdad en esas calles, entre esas gentes, mientras me impregnaba de esa cultura tan rica y fascinante.

El planteamiento (objetivo o intención), llámale como quieras… era muy claro: Reencontrarme conmigo misma.

Y quería irme sola. Era un “debo”. Sentía como si algo divino me lo ordenara. Y yo cumplí mi mandamiento como buena alumna de la vida. 🙂

Por primera vez me lancé a la aventura de viajar sola… sin ningún tipo de duda. Estaba dispuesta a superar todos los miedos que me surgieran en el camino.

Antes de seguir con la historia, déjame decirte que este post tiene una segunda parte… (por si te interesa saber más sobre este fantástico viaje cuando acabes de leer este post).

El viaje que encendió mi luz interior

 

Lo que hoy quiero compartir contigo son unos fragmentos de mi diario de viaje. Un testimonio muy valioso que deja constancia de muchos procesos interiores revolucionarios que se produjeron durante casi esos dos meses viajando sola.

Pero antes, déjame que te cuente qué me llevó hasta allí y en qué estado de ALERTA MÁXIMA se encontraba mi vida.

Tengo que ponerte en antecedentes para que entiendas el efecto causa-consecuencia.

¡La vida no te lleva del punto A al punto B por casualidad!

Si lees la historia de mi muerte y renacimiento entenderás todo mucho mejor, y te cuento con todo detalle como caí y superé mi profunda crisis espiritual.

¡Aquello sí que fue un buen ostiazo!

El caso es que ya no podía más. Llevaba mucho tiempo “agonizando”, yendo a trabajar sin energía, subsistiendo.

La pregunta… “¿Qué hago con mi vida?” No dejada de resonar fuertemente en mi cabeza. Me sentía totalmente responsable de mi propia vida y sabía que tenía que hacer algo urgentemente.

Por aquel entonces, la idea de cogerme un año sabático rondaba por mi cabeza pero aún no había llegado el momento, aunque sentía que cada vez estaba más cerca…

Mi sed de conexión espiritual se había convertido casi en una obsesión para mí.

Estaba aburrida, cansada, agotada, asqueada y frustrada de tanto ruido, tanto estrés y tanta inconsciencia a mi alrededor… y de tanto sufrimiento dentro de mí.

Tenía el corazón roto a pedazos.

Necesitaba silencio. Silencio. Y más silencio.

Y estar sola.

Sola conmigo misma.

Sola con mi alma.

Sola con la naturaleza.

Y meditar. Meditar varias horas al día.

Necesitaba ver la luz que parece que se había fundido por tan largo tiempo ya en mi vida.

El caso es que así lo hice. Mi destino durante aquellas vacaciones de verano del 2014 fue la India del Sur.

Mumbai, Gokarna, Anantapur, Bangalore, Ooty, Coonor, Kerala y Trivandrum fueron los destinos elegidos. Aunque hubiera visto muchas más ciudades y lugares… el tiempo no dio más de sí.

El viaje fue todo un viaje hacia el interior. 

Por razones “mágicas”, tal como os comentaba ahora, antes de mi viaje me sentía sin energía, cansada, “sin chispa”… pero desde el momento en que inicié mi viaje fue un todo fluir.

Me sentía ligera. Liviana.

La pesadez de mis días se difuminaba ante la felicidad descomunal que me brindaba el hecho de seguir mi propio camino.

Aparte de mil experiencias de viaje, incertidumbres, miedos, alegrías, momentos de desbordante felicidad, un sentimiento de infinita libertad (y muchas más cosas que os contaré ahora), ése viaje vino marcado por varias experiencias increíbles.

Algo que marcó profundamente mi viaje fue el hecho de ir vestida con ropa india. Lo hice por motivos de “seguridad” pero también porque siempre me ha gustado integrarme al máximo posible dentro de la cultura.

Ser una mujer “turista” con ropa india me abrió muchas puertas, muchísimas.

Más que sentirme “amenazada” o “intimidada” (algo común en la cultura india, básicamente por la forma como te miran los hombres) me sentí incluida, respetada y protegida.

Una experiencia increíble, la de ver que la vida te presenta situaciones “de peligro”, pero hay algo de naturaleza superior que te protege.

Me sentí “a salvo” en todo momento. Otra cosa eran las paranoias que le pudieran entrar a mi cabeza de vez en cuando…

Otra experiencia que jamás olvidaré fue los 4 días que pasé en la Fundación Vicente Ferrer, donde pude conocer a “mi niño apadrinado” y su familia.

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Desde hace muchos años apoyo ésta fundación y, gracias a eso, ellos tienen acceso a educación y ayudas que de otro modo no tendrían.

Vi la India en estado puro. Comí del mismo plato de sus gentes. Entré en sus casas, escuelas, hospitales y centros de discapacitados.

Me fui de allí llena de gratitud y amor. Un amor que me salía por las orejas…

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Y la otra gran experiencia, más transformadora aún, fueron las 2 semanas que pasé en el Ashram de Sivananda Yoga Vedanta en Kerala, Neyyar Dam.

Fueron dos increíbles semanas…

  • Practicando 4 horas de yoga diarias
  • Levantándome a las 5 cada mañana para meditar
  • Cantando mantras
  • Asistiendo a charlas sobre ayurveda y otros temas relacionados con el yoga y la espiritualidad
  • Viviendo en un ashram precioso, en plena naturaleza en medio de la selva (al otro lado del lago hay una reserva de leones, y mientras meditábamos, ¡les oíamos rugir! Sólo quedan 4 o 5 y están muy viejitos por eso…)
  • Donde conocí gente increíble que a día de hoy son mis amigos
  • Comiendo una comida vegetariana deliciosa
  • Participando en la vida en comunidad en las horas de “Karma Yoga” o trabajos voluntarios.
  • Leyendo el libro que me estaba leyendo en aquellos momentos en el precioso balcón de mi habitación con vistas a la selva. ¡Saltar al vacío” de Sergi Torres fue la gota que colmó el vaso!Lake

¡Volvería hoy mismo con los ojos cerrados!

En aquel ashram tuve una sensación física muy potente que aún recuerdo: yo no caminaba, yo volaba.

Sentía mi cuerpo etéreo, ligero como el aire.

La densidad de la vida mundana quedaba atrás a cada respiración, a cada momento de absoluta conexión conmigo misma.

Allí sané mucho y descubrí muchas cosas de mí misma que había olvidado.

Objetivo cumplido: Conecté con mi esencia, me reencontré.

Se produjo el encuentro entre “yo” y “mi alma”. Fue un acoplamiento total. Un “ahaaaaa!” como cuando de repente te acuerdas de algo que habías olvidado.

Durante todo ese viaje mi libreta de notas iba loca, llena de inspiraciones e ideas que nacían de lo más profundo de mi verdad y de mi corazón.

De ahí nacieron escritos como éste…

 

Fragmento de mi diario, 2 semanas después de iniciar mi viaje

 

Primero de todo decir que no vine… ¡me trajeron!

 Es como si todo estuviera perfectamente orquestado desde arriba… la vida te lleva, ¡sin más!

 Una idea que llevaba gestándose mucho tiempo, meses, años… (los proyectos empiezan gestándose en la mente, como ideas, visiones, sueños…), acaba materializándose en el momento en que tu alma está preparada para ello.

 Llega un momento que sientes dentro tuyo un “Ahora!” y todo el mecanismo empieza a ponerse en marcha.

 Paso a paso, le vas dando forma… compras los billetes, compras una guía de viaje, crece la ilusión… pero sobre todo empieza la preparación psicológica del reto que te has marcado…

 ¿Porqué he venido a la India?

 El propósito de mi viaje era y es firme y decidido.

 Vine con una intención muy clara, con un propósito espiritual de transformación interior consciente, con el deseo de cultivar cuerpo, mente y espíritu para trascender la existencia de lo material a otras esferas o dimensiones más elevadas.

 Llevo ya mucho tiempo que pienso que algo en nuestra sociedad no va bien.

 Nos hemos ido alejando cada vez más de nosotros mismos poniendo un montón de capas de maquillaje perfecto, y altas dosis de teatro para hacer de nuestras vidas un circo andante.

 Somos una sociedad (en línias generales, sin particularizar) que critica, que se ha instalado en la queja, en lo negativo…  nos hemos alejado de la naturaleza, de las plantas, de los bosques, del lenguaje de la mirada, del poder del silencio.

 Cuanto más nos hemos “civilizado” y “tecnologizado” más nos hemos deshumanizado.

 Una gran paradoja. Mucha mente, poco corazón…

 Hemos llenado nuestras vidas de teles de plasma de no-se-cuantas pulgadas, de Ipads i Ipods, de Termomixes y tablets, de cines 3D, cenas y reuniones con amigos… y se nos ha olvidado parar atención un solo minuto a nuestra respiración, nuestra alma, nuestro ser…

 Hemos ido cumpliendo y acatando las exigencias de una sociedad sin ningún tipo de cuestionamiento, hemos ido integrando creencias, hábitos y patrones culturales sin reflexionar acerca de hasta qué punto “somos nosotros” o somos fruto de condicionantes sociales, históricos y culturales que hacen de nosotros eso que llamamos “YO”.

 ¿Hasta qué punto actuamos con libertad o desde el condicionamiento?

 ¿Hasta qué punto nuestras ideas son auténticas y originales, o son fruto de un hacer cultural, vamos… de “lo que toca”?

 ¿Cuántas veces nos hemos esforzado por complacer a otros olvidándonos de nosotros mismos?

 ¿Cuántas veces hemos dicho “sí” cuando nuestro interior decía “no”?

 ¿Nos hemos tomado tiempo para reflexionar sobre ello? 

 ¿Nos hemos dado tiempo a nosotros mismos para hacer “limpieza” de las ideas, creencias, hábitos, relaciones y compromisos que ya no nos sirven?

 Hay muchas creencias limitadoras en nosotros. 

 “No puedo cambiar de trabajo”, “No soy capaz de dejar a mi pareja”, “Yo no puedo hacer eso”, “Toda la vida será igual”.

 Eso tan solo provoca una cosa: Hace que nos metamos en nuestra propia cárcel, ¡muchas veces de manera perpetua!

 Descubrir cuáles son, y transformar esas creencias en ideas y pensamientos positivos hará que nazca en nosotros una nueva persona.

 Hay una parte de mí que hace tiempo empezó a revelarse en silencio.

 Una parte de mi alma me reclamaba, reclamaba mi empoderamiento, mi retorno al ser original, una revalorización de mi ser y de mis ideas, un retorno a la Madre Tierra, a la Pachamama, un escuchar más el saber ancestral que la charlatanería de muchos medios de comunicación o de personas que no me ayudan a mi crecimiento personal y espiritual.

 Una parte de mí reclamaba un cambio profundo, y así empecé a enfermar. Empecé a enfermar porque yo seguía aún demasiado “abducida” por ese circo de la vida, demasiado desarraigada de mi misma.

 Me olvidé de mí, de parar y escuchar mi cuerpo… estrés, trabajo, compromisos, cansancio… vamos, falta de conciencia.

 Vi y sentí con mis propios ojos, y en mi propia piel, que cuando pierdes la conciencia, pierdes la vida.

 Te alejas del sentido del porqué estás aquí, y hacia dónde vas. Te falta la fuerza, te desarraigas de ti. Cedes tu poder.

 A menudo nos creemos felices, plenos, y pensamos que nuestra vida “es genial”. 

 La verdadera felicidad no nace de la nada,  no es gratuita y no se le regala a aquél que no hace el camino, al igual que el ciclista no llega a la meta si no hace la carrera, o el peregrino no llega a Santiago si no hace el Camino.

 Y durante ese camino… sudarás, te cansarás, llorarás, te saldrán llagas, te cagarás en todo, te sentirás vulnerable, echarás de menos a personas… pero también saldrá lo mejor de ti: tu coraje, tu valentía, tu fuerza y amor por la vida.

 ¡Sólo recordando el motivo por el cuál estás allí volverás a coger fuerzas para seguir tu camino!

 así empecé el camino de retorno a mí. Entendiendo que yo era y soy la única responsable de mi propia vida. Entendiendo que la Conciencia deber ser la máxima en mi vida…

 ¿CÓMO? 

 Parando.

 Escuchando más a mi corazón.

 Callando la mente.

 Retornando a la tierra, a la naturaleza.

 Meditando.

 Conectándome con mi Ser Superior.  

 Cultivando el silencio.

 Siendo honesta conmigo misma.

 ¡Tomando las riendas de mi vida en todos los sentidos!

 Éstas cosas ya las hacía antes… tal vez llevaba toda la vida haciéndolas pero me faltaba aliñar la ensalada: Me faltaba la esencia de la vida… me faltaba ponerle CONCIENCIA.

 ¿Y POR QUÉ INDIA?

 Elegí la India porque es un país que me llama desde siempre, pero el mismo proceso lo podría haber hecho en cualquier otro lugar o país.

 La clave era IRME SOLA.

 Pero algo tiene éste país que me llama mucho a nivel espiritual. Vine buscando las raíces de ésas tradiciones y culturas místicas y espirituales de las cuáles me estoy nutriendo.

 ¿PORQUÉ SOLA? 

 Porque sólo estando solo o sola emerge tu propia verdad.

 Solo tu contigo, la única voz que resuena en ti, es la tuya.

 No hay distracciones ni condicionamientos.

 No tienes a nadie detrás del cual esconderte.

 No te distraes en conversaciones o tomando copas con los amigos o en actividades sociales (que en otro momento es genial, ¡por cierto! Cada cosa tiene su momento…).

 No tienes que “ceder” nada de tu tiempo a nadie porque todo el tiempo te lo regalas a ti. 

 Y Una vez te llenas de ti, puedes volver a salir y estar más “para afuera”… ¡pero la fuerza nace de dentro!

 Cuando estamos en situaciones sociales, estamos para afuera, de cara al exterior.

 Estando solos facilitamos la conexión con nuestro interior.

 Aunque esto no es inherente… sólo hay conexión si la buscamos y la trabajamos de forma consciente.

Soledad o aislamiento y conexión con uno mismo no es lo mismo (puedes estar solo jugando a videojuegos, ¡totalmente fuera de ti mismo!)

Todo depende de nuestra intención. Pero a mí, en este momento, era lo que necesitaba: Retraerme de lo externo para dejar fluir mi verdad interior, para verme reflejada en ella, como un espejo ante mí.

 Vaciarme de mi, para ser YO, para sumergirme en mi interior: el lugar habitado por mi alma, por mis miedos, por mis ilusiones, anhelos, temores, bloqueos, confianzas y desconfianzas. Y por mis sueños…

 Después de casi dos semanas de viaje he tenido que superar ya muchos obstáculos (momentos de miedo, de incertidumbre, de inseguridad…) pero también momentos de felicidad, de plenitud, de paz… ello me anima a seguir caminando en la dirección a la cual me dirijo: la liberación del Ser.

 Cada obstáculo que te presenta la vida y lo salvas confiando en lo divino, sabiendo que la seguridad nace en tu interior, cultivando el Amor y la confianza en todo lo que te rodea… te hace cada vez más fuerte. 

 Y sientes que evolucionas. La evolución sólo tiene lugar cuando se convierte en un acto consciente.

Cada vez que te entra miedo porque llegas tarde a una ciudad y ves que el taxista tiene una cara que te provoca desconfianza… pero tú en vez de desesperarte tan sólo te limitas a respirar, enviarle un rayo rosa de amor, confiar que estás protegido y atravesar la emoción sin rechazarla…  ese momento te hace crecer.

Esa ola la has atravesado, pero como en el mar, llegarán otras… 

Cada ola que atraviesas desde la CONCIENCIA, el AMOR, y la CONFIANZA en lo absoluto… te hace crecer y evolucionar. Te proporciona coraje, valentía y mucha paz…  ¡te hace sentir el protagonista de tu propia vida!

 Cada situación, cada obstáculo, cada emoción negativa que atraviesas, cada creencia limitante que trasciendes… es como una capa de la cebolla que vas quitando.

 Cuando hayamos quitado todas las capas de esa cebolla, habremos retornado a nuestro Ser Original, a nuestra esencia… ¡y déjame que te recuerde que nuestra esencia es Luz y Amor!

 El miedo, los apegos, la falta de confianza, la falta de seguridad, … son estados alterados de nuestro ser. No hay que rechazarlos… pero si trabajar para superarlos.

 No es un camino fácil en absoluto, pero os aseguro que es sumamente apasionante.

 ¿Por qué?

 Porque es un proceso  de retorno a tu SER ORIGINAL, a tu LIBERTAD, a la FELICIDAD (sentida y real… no el constructo mental de lo que se supone que es la felicidad…).

 La respuesta a esa pregunta la tiene tu Alma, no tu mente… así que te entra en contacto con ella. No lo retrases más.

Cambia la sintonía de tu radio… y escucharás nuevos programas.

 Este viaje sin duda alguna me está sirviendo para superar muchos miedos y situaciones que en otro momento no me hubiera visto capaz.

 Me estoy dando cuenta que una misma situación afrontada desde otro nivel de conciencia, cambia totalmente la experiencia.

Sin más, aquí seguiré salvando obstáculos y escuchando mi corazón.

 Aquí seguiré proclamando mi libertad y ayudando a los demás a que alcancen la suya.

 Aquí seguiré caminando en pos de una vida plena y llena de sentido, inspirándome en otros que como yo algún día también hicieron su camino…

 Aquí seguiré cultivando cuerpo, mente y espíritu ¡para vivir una vida auténtica, y llena de CONCIENCIA!

 

 Que tu existencia esté también llena de sentido, y te realices minuto a minuto… ¡Feliz camino a amig@!

¡Mucha luz y amor para ti!

 

Cintia

 

Nota importante: Después de éste viaje a la India TOMÉ LA DECISIÓN INTERIOR DE COGERME ÉSTE AÑO SABÁTICO QUE ESTOY DISFRUTANDO AHORA. Comprendí que debía emprender un nuevo Camino.

Aquí acaba éste escrito en mi diario.

Para mí más que un escrito, es una canalización. Una canalización divina del más allá, pues trae muchos mensajes de amor y libertad a la Tierra. Mi mano fluía sola, el mensaje (para ti) se escribía solo sin tener que pensar en el contenido.

Ésta ha sido la primera parte de mi viaje a la India…

Pero aún tengo un secreto que contaros. Algo que hice durante ese viaje, seguramente fuera de lo normal. Guiada desde arriba.

Te lo cuento aquí, en la segunda parte de este post:

Memorias de mi segundo viaje a la India II: Regalando libertad, transmitiendo mi verdad

 

¿Me comentas que te ha parecido?

 

¿Alguna vez has tenido tú también una gran “llamada” como la mía?

¿Has tenido alguna experiencia similar durante un viaje o lugar que te marcara para siempre?

¿Sientes que avanzas con los obstáculos que la vida te presenta, o te gustaría tener más valor pero no sabes cómo hacerlo?

 

Cintia

Mi misión es ayudarte a hacer un cambio de vida, reinventándote personal y profesionalmente durante un año sabático mientras te acompaño en tu proceso de desarrollo personal y crecimiento espiritual.

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