Aprender de los errores o continuar cagándola una y otra vez.

Porque sí, yo también la he cagado muchas veces.

Yo también he aprendido a base de palos. Si no sabía hacerlo mejor, ¿qué le vamos a hacer?

No te pienses que mi vida ha sido siempre como lo es ahora, ni mucho menos… aunque ya me hubiera gustado ser “una iluminada” para haberme lanzado antes a vivir mis sueños, ¡sin miedo!

Lo que estoy viviendo ahora durante mi vida sabática y concretamente, en estos momentos, en la paradisíaca isla de Koh Phangan, es el resultado de todo lo que he aprendido a base de sufrimientos y de haber tomado decisiones “drásticas” en mi vida.

Hoy que lo veo todo desde la distancia, me hago cruces de todos los condicionamientos sociales y culturales que nos influencian desde el día de nuestro nacimiento.

Sin darnos cuenta (y sin pedirnos permiso) el entorno empieza a moldear nuestras ideas y creencias… “Cuidado”, “Ir sola es peligroso”, “Eso no es para chicas”, “Yo de ti no me la jugaría”, “Seguro que te pasa algo”…

Como consecuencia de ello poco a poco, vamos alejándonos más de la pureza y la inocencia de cuando éramos niños para “seguir los estándares” de la sociedad, “ser unos buenos chicos” y “hacer lo que los demás esperan de nosotros”.

Y nos vamos llenando de miedos. De “no puedos”. De dudar de nosotros todo el tiempo y si seremos capaces o no de lograr nuestras metas.

El resultado de esta nefasta educación que recibimos es más grave de lo que pensamos.

Acabamos viviendo vidas ajenas en nuestros propios cuerpos.

Nos esforzamos por hacer felices a los demás, haciendo sacrificios que a veces no nos apetece hacer.

Perdemos el sentido de nuestra existencia, olvidándonos de porqué estamos aquí y cuál es nuestra misión en la Tierra.

Hoy entiendo perfectamente que esos “errores” que cometí eran grandes aprendizajes que yo debía realizar.

Mi mayor dolor, encerraba la llave de la liberación, y entender las lecciones que la vida tenía para mí, me convertirían en la persona que soy ahora.

La Cintia que soy el día de hoy, es el resultado de todo lo que he aprendido a lo largo de mi vida, y aunque hubiera episodios de gran sufrimiento, tristeza, vacío e insatisfacción… era absolutamente necesario sentirlos en mi propia piel para decir “Basta”.

Hoy quiero compartir contigo cuales son los 7 mayores errores que he cometido.

Aunque voy a confesarte de algo: no me arrepiento de ellos.

Ellos me han traído el conocimiento necesario para llevar mi vida a otro nivel.

Una vez superado el dolor y aprendida la lección, sólo puedo dar GRACIAS por hacer de mi existencia, la mayor escuela de vida.

 

7 errores que cometí (y deberías intentar no cometerlos tu)

 

#1 Trabajar por un sueldo a final de mes

 

Prostituí mi cuerpo. Literalmente.

Vendí mi cuerpo a mi trabajo, a mi estricta jornada laboral, a mi “jefa”, al Departament d’Educació que era quien controlaba mis horarios, tareas y responsabilidades.

La necesidad de cobrar una nómina a final de mes se anteponía a mis necesidades verdaderas de vivir una vida más tranquila, con más horas de descanso, con más tiempo para disfrutar.

Una vida donde yo decidiera en todo momento qué quiero hacer, cuando y como.

Recibía un sueldo de maestra funcionaria de alrededor de 1700 euros. Sí.

¿Y en qué me gastaba el dinero?

Pues básicamente en “subsistir” dentro del sistema: pagar el alquiler del piso donde vivía, seguro del coche, mantenimiento y gasolina, recibos de agua, luz y gas, impuestos, comisiones a bancos, comida y mantenimiento, ocio… vamos, ¡lo que hace todo el mundo!

El resultado: me gastaba casi la mayor parte de mi sueldo y apenas me quedaba margen de ahorro.

¿Y a eso le llamamos VIVIR?

Yo ya tengo claro que no. Eso es subsistir. “Ir tirando” vamos.

Trabajar sólo a cambio de un sueldo es desperdiciar tu valiosa vida, viviendo una vida mediocre cuando podrías vivir una vida “de lujo”.

Vivir una “vida de lujo”, nada tiene que ver con el dinero, sino con la calidad de vida.

Después de 16 meses viajando y sin apenas generar ingresos me he dado cuenta que no soy menos feliz de lo que era antes, ¡ni mucho menos!

Todo lo contrario… ¡soy  muy feliz! ¡inmensamente feliz! ¡asquerosamente feliz!

He cambiado DINERO por TIEMPO. Y haciendo eso, he APRENDIDO A VIVIR y a DISFRUTAR.

Cintia en libertad

Cintia en libertad

Mi lista de prioridades se ha transformado por completo y mi obsesión nº ahora es LA LIBERTAD.

Si un sueldo fijo y estable es el pacto con mi esclavitud, ¿sabes que digo? No, gracias.

Hoy genero menos de 200 euros al mes, pero estoy creando una nueva vida como nómada digital para que:

  • Trabajar no sea sinónimo de “sacrificio” sino de “pasión”
  • Pueda realizar mi labor tan solo con mi ordenador desde cualquier parte del mundo
  • Pueda escalar ingresos reduciendo horas de trabajo
  • Pueda mantener mi libertad, a todos los niveles
  • Pueda ayudar a más personas y tener mayor impacto social
  • Pueda tener el derecho de ponerme enferma y simplemente cogerme vacaciones sin sentirme culpable

Toda la inestabilidad económica que estoy “sufriendo” ahora me da absolutamente igual.

La ilusión de hacer realidad mis sueños y vivir la vida que siempre he querido es más grande que todo miedo, ¡y todo obstáculo!

 

Mi consejo para ti: Trabaja de aquello que te haga brillar, un trabajo que te haga levantarte cada mañana con ilusión y haga brillar tanto tus ojos que inundes el mundo entero con tus ganas de vivir.

 

#2 No decir lo que pensaba

 

No podéis imaginar la de veces que me callaba cosas que no me gustaban o no me parecían bien, sólo por miedo.

  • Miedo a que se enfadaran conmigo
  • Miedo a herir a otros
  • Miedo a ser rechazada
  • Miedo a que no me quisieran
  • Miedo a que dejaran de hablarme
  • Miedo…

Y todo eso que callaba se me iba enquistando más y más en mi cuerpo, hasta el punto de que empezó a doler, y mucho.

Siempre sufría de afonías (¿cuadra con lo que os estoy contando, no?) y siempre que iba a algún terapeuta me decían que el 5º chakra (el de la comunicación y la expresión) lo tenía bloqueado.

Cuando empecé a empoderar mi vida me di cuenta que eso que yo hacía era la mayor tontería que podía existir.

No iba a dejar de ser mejor hija, mejor amiga, mejor maestra o mejor compañera de trabajo por decir lo que pienso, ¿verdad?

¿Acaso tenemos que decirnos todos los unos a los otros “Sí, amen” a todo?

¡Estamos locos o qué!

Cuando entendí que yo era yo, y que no hacía daño a nadie simplemente por expresar mi verdad, mi vida se transformó por completo.

Empecé a sentir un alivio enorme, una descarga increíble del peso que había estado llevando en la mochila durante toda la vida.

Hoy comprendo que decir lo que pienso es mi derecho y si lo hago educadamente, sin atacar y sin ofender… lo que el otro haga con ese comentario es asunto suyo, no mío.

Aquí si hacemos crecimiento personal, ¡lo hacemos todos! Cada uno que asuma su parte del pastel 🙂

 

Mi consejo para ti: La próxima vez que te apetezca decir algo y sientas como se te aprieta el estómago o empiezas a sudar por el malestar o los nervios… respira… conecta contigo mismo y lentamente empieza a expresar eso que quieres decir. ¡Nadie te va a comer!

 

#3 Mantener relaciones por necesidad

 

El sentimiento de falta de amor es muy malo. Estoy segura de que lo reconoces tú también.

Cuando todavía no me había reconocido plenamente yo a mí misma, a menudo seguía buscando fuera lo que no encontraba dentro.

El amor que yo no me daba plenamente a mí misma, lo buscaba fuera, ¿y qué “mejor” manera que buscar amor en brazos de otra persona?

A menudo mantuve relaciones sexuales y/o de amistad con chicos que en el fondo no aportaban tanto (o nada) a mi vida. Pero en ese momento se convertían en una gran “tapadera” que aliviaba mi dolor y me hacía sentir “querida” por un tiempo.

Adicción a la mentira, le llamo a eso hoy.

Cuando no sabemos quiénes somos, nos venden gato por liebre, y tontos nosotros, nos creemos que estamos en el paraíso cuando simplemente es el infierno disfrazado de angelito.

La necesidad de amor era tan grande, que abría mi corazón a personas que seguramente no  lo merecían. Y lo peor de todo, a menudo idealizaba esas relaciones o esas personas, haciendo “más grande” lo que en realidad no era tanto.

Vivir de mentiras. Alimentar sueños creyendo en películas de Walt Disney.

Después de todo mi proceso de muerte y renacimiento la luz brilló ante mí y me di cuenta de cuántas cosas había hecho en mi vida que no me acercaban a la verdadera felicidad.

Afortunadamente conecté conmigo misma, y fue como un enchufe a la vida, un reconocimiento divino del ser que vive en mí.

La vida me hizo recordar que ese no era el camino, y yo, al fin, lo pillé.

A día de hoy he dejado de regalar mi tiempo a relaciones que no me merecen. Es más, llevo más de un año compartiendo mi vida junto a mi alma gemela, mientras hacemos crecer día a día nuestra relación basada en el amor mutuo e incondicional, la integridad personal, la honestidad, la consciencia y la presencia.

Hoy entiendo por qué buscamos el amor fuera. Yo ya dejé de hacerlo hace tiempo… ¿Cuándo?

¡Cuando me enamoré de mí!

 

Mi consejo para ti: La próxima vez que conozcas a alguien o que te surja ese sentimiento de necesidad de amor pregúntate: ¿esto que siento es real? ¿o surge de una necesidad de ser amado y de un vacío interior que yo no he cubierto en mí mismo?

 

#4 Esforzarme por hacer cosas que no me apetecían

 

Fui educada en la mentalidad de sacrificio.

Mi padre, la persona más buena y altruista del mundo que jamás he conocido, también me inculcó intensamente eso de hacer esfuerzos por los demás.

Se llama Francisco, y no es por casualidad que mucha gente le llame “San Francisco de Asís”. Eso puede parecer muy bonito… si… tienes muchos amigos, mucha gente que te quiere, mucha gente que te alaba, mucha gente que te aplaude… pero pagando un precio muy elevado: tu valioso tiempo.

Desde pequeñita fui educada para atender a muchos compromisos que no me apetecían en absoluto (ya sabéis, visitas a tías lejanas que ni conoces, vecinas que no sabes ni su nombre, cumpleaños de gente que ni te va ni te viene…)

Pero esto que he vivido yo desde mi infancia, no es un caso aislado. En mayor o menor medida todos somos educados para lo mismo y crecemos con un sentimiento de culpabilidad congénito si no hacemos eso que se supone que debemos hacer.

Y yo, como buena hija, buena amiga y buena trabajadora durante muchos años “cumplí con todos mis deberes”, hasta que empecé a darme cuenta de que eso era otra gran estupidez.

¿Regalar mi tiempo baratamente?

¿Asistir a compromisos que no me interesan?

¿Prostituir mi tiempo para personas y actividades que no me aportan nada?

¡Menuda ida de olla en nuestra sociedad!

Después de 16 meses viajando, viviendo mi libertad 100×100 y haciendo “lo que me sale del pijo”, voy a tener que seguir trabajando intensamente en este tema para que cuando vuelva “a la sociedad” pueda preservar esto que he logrado ahora.

Cintia's Love in Action diciéndole "Si" a la vida

La clave está en escuchar las señales de nuestro cuerpo. Él acostumbra a respondernos claramente con un “SÍ” o un “NO”.

Reto para Cintia: ¡Seguir escuchando esos “síes” y “noes” y ser fiel a muerte a ellos!

 

Mi consejo para ti: Cuando te propongan un compromiso o alguien te pida ayuda para algo, antes de rápidamente decir “sí”, tómate tu tiempo para dar una respuesta. Párate y siente que mensajes te envía tu cuerpo. Una vez los tengas detectados, asertivamente comunica tu respuesta. No te precipites y si la respuesta es “no”, evita sentirte culpable. ¿Acaso no tienes derecho de decir”no”?

 

#5 Creer que por ser funcionaria «ya lo tenía todo»

 

 ¡Otro gran ERROR!

Recuerdo perfectamente el orgullo que sentí cuando aprobé aquel examen y logré mi plaza de funcionaria como maestra de Educación Primaria.

Dado que lo que todo el mundo me decía era: “¡Qué suerte tienes!” “¡Quien fuera tú!” “Trabajo para toda la vida, vaya chollo!” y otros comentarios por el estilo… yo solo podía alegrarme de ello.

Y debo admitir que durante muchos años me fue genial. En ese título de funcionaria encontraba “la seguridad” que necesitaba.

Pero aún era una analfabeta en asuntos de libertad.

Aún estaba a años luz de saber realmente quién era y cuál es el “lifestyle” que me hace verdaderamente feliz.

Durante muchos años levantarme a las 6.30 o 7:00 de la mañana y pasarme trabajando fuera 8 horas era “lo normal”.

Llegar destrozada de la escuela era “lo normal”.

Vivir para el fin de semana y soñando con las vacaciones era “lo normal”.

¡Y que no se me ocurriera quejarme!

Yo, que tenía mi sueldo, mis 2 meses de vacaciones de maestra, mis 10 días de semana santa y 3 semanas en navidades, mis pagas dobles (que hace ya unos años el gobierno nos quitó)… ¡cómo se me iba a ocurrir quejarme!

Tal vez yo no me quejaba de cara a la sociedad (porque no todo era blanco o negro, ¡mi trabajo me gustaba!), pero no sabéis la de quejas que “vomitamos” constantemente los profes en corrillos de escuela y en los pasillos 🙂

Insatisfacción crónica de un sistema que está muy lejos de poder ponerse realmente en la piel de los maestros.

El caso. Que no narices…¡que ser funcionaria no es ningún chollo!

Y ahora matizo: PARA MI (para mí no es un chollo ser funcionaria)

¿Por qué?

Pues porque…

  • Quiero MÁS tiempo para mí.
  • Quiero decidir las horas de mi jornada laboral.
  • Quiero tener MÁS libertad.
  • Quiero poder aspirar a un mayor sueldo trabajando menos horas.
  • Quiero irme de viaje sin tener que esperar a que sean vacaciones.
  • No quiero que un gobierno chorizo se quede con parte de mi dinero
  • No quiero esperar a jubilarme para empezar a hacer realidad mis sueños (¿y si muero antes, qué?)
  • Quiero dejar de alimentar el sistema (en general y el educativo, en particular, ¡en el cual no creo en absoluto!)
  • No me da la gana de que se rían en mi cara y me suban o me bajen el sueldo cuando a ellos les parece, me aumenten horas de trabajo, responsabilidades y alumnos por clase y que a ellos les importe un churro mi calidad de vida.
  • Quiero dejar de mirar el reloj (¡que eso ya lo he conseguido!)
  • Y quiero que en mi semana dejen de existir los lunes, los viernes y los domingos (¡que también lo he conseguido!)

 

Por todo ello, ahora por ahora he aparcado eso del funcionariado y ¡HE DECIDIDO TRANSFORMAR MI VIDA!

¿Cómo? Convirtiéndome en NÓMADA DIGITAL. Mi blog Cintia’s Love in Action es mi negocio online, mi plan de futuro, mi propuesta de valor a la sociedad.

¿Quién dijo que ser feliz no requería tomar riesgos?

 

Mi consejo para ti: No confundas “estabilidad” con “libertad”. Si el precio a pagar por tener una nómina fija o por aliviarte “dolores de cabeza” es tener que renunciar a tus sueños… párate y reflexiona acerca de cuáles son tus prioridades en la vida. Luego decide, ¡y toma decisiones!

 

#6 Preocuparme por el futuro

 

Pfffff ¡qué tema tan cansino!

¡Y dale con la manía de pensar siempre en el futuro!

Mañana, mañana, mañana… Cuando me jubile… Cuando llegue el verano… Cuando empiece la escuela… cuando mis hijos sean mayores…

Siempre pensando en el mañana, y mientras tanto el AHORA se nos escapa.

Pero lo confieso, yo también caí en esa TRAMPA (la sociedad nos instaló muy bien el chip del miedo, todos somos víctimas de él…)

Con el miedo a lo que pueda pasar, el miedo a arriesgar, el miedo fracasar, el miedo a que nos pase algo… lo único que hacemos es ir posponiendo nuestros sueños.

Y nos vamos envejeciendo.

Enquilosando.

Apagando.

Marchitando.

Recuerdo perfectamente la presión interna que sentía siempre cuando iban pasando los años seguía sin encontrar “el amor de mi vida” o dicho de otra manera, la persona con la cual formar una vida juntos.

Recuerdo que a los 24, 25, 26, 27 años lo llevaba fatal. Todas mis amigas tenían ya sus novios, planes de boda, hijos… y yo “nada”.

También es verdad que tampoco envidiaba sus vidas porque mi vida me hacía muy feliz también, mis viajes y demás, pero “esa otra parte”, me faltaba a mí.

El caso es que sentía que los años iban pasando y para todo ese rollo de conocer a la persona, casarse y tener hijos, “el tiempo se me iba echando encima”.

¿Quién me había instalado esa idea de que “se me pasaba el arroz”?

Sin duda alguna la sociedad, quien tiene sus propias ideas, y establece que si llegas a los 30 y todavía no tienes novio o no tienes hijos, se te está empezando a pasar el arroz.

¿Y eso qué genera? Pues miedo.

Miedo a no conocer a la persona. Miedo a “quedarte sola”. Miedo.

El caso es que recuerdo perfectamente que sobre los 28 años dije “¡¡Basta ya!!” a ese chantaje emocional de hacerme creer que “llegaba tarde”.

Se me fue el miedo a no encontrar la persona adecuada.

Se me fue el miedo a ser soltera.

Se me fue el miedo a tener que ser madre soltera.

Se me fue el miedo a ser diferente a los demás.

¡Y me liberé!

Como ya habrás adivinado todo miedo responde a una preocupación por el futuro. No tiene nada que ver con el momento presente.

En el momento presente, todo está bien, hay paz, hay armonía y bienestar.

¡Y yo afortunadamente lo pillé!

El futuro a día de hoy me importa MUY POCO.

Doy lo mejor de mí día a día, y a partir de ahí… ¡lo que tenga que ser, será!

 

Mi consejo para ti: Empieza a desarrollar el hábito de la meditación desde ya. Diariamente siéntate un mínimo de 10 minutos para respirar conscientemente, sin dejar que la mente se te vaya a asuntos del pasado o preocupaciones por el futuro. Cuanto más entrenes la mente para vivir en el aquí y ahora, ¡menos te preocuparan las cosas y tendrás menos incertidumbre con respecto al futuro!

 

#7 No confiar en el universo

 

Desde niña siempre fui una apasionada de la espiritualidad y he devorado cientos de libros relacionados con la metafísica, el pensamiento abundante, ciencias ocultas y demás.

Vamos, todo eso que dice el famoso libro de “El secreto”.

Pero durante muchos años, me faltaba algo: LA FE de que eso realmente se acabaría manifestando.

La espiritualidad tiene mucho más de práctica que de teoría.

El conocimiento está muy bien, pero si no se aplica a la vida cotidiana, ¿de qué sirve?

Pues eso.

Yo en teoría sabía que el amor de mi vida llegaría, que lograría hacer realidad mis sueños, que lograría vivir una vida abundante y tener más dinero del que tuve siempre, que formaría una bonita familia o que viajaría a mil y un destinos que me han llamado desde siempre, pero… no siempre tenía la confianza de que eso se convertiría en realidad.

Seguí ahondando en mi práctica espiritual (de una manera tenaz e inquebrantable) y hoy sé con toda certeza (porque lo siento en todos y cada uno de los poros de mi piel) que el Universo tiene sus propias leyes.

En el Universo todo funciona correctamente, todo tiene un porqué y todo responde a leyes de causa-efecto (¡aunque nosotros no lleguemos a entenderlo nunca! 🙂 )

Hay un Plan Divino para cada uno de nosotros, y tan sólo creyendo en él, escuchando los mensajes de nuestra alma y manteniendo una fe ciega en nosotros mismos todo fluye con la corriente divina.

Cintia escuchando las señales del Universo

Hoy esto que te cuento, no te lo digo extraído de ningún libro. No lo repito como un loro porque un día lo leí.

Te estoy hablando de mi propia experiencia. Sí. El Universo responde a nuestra llamada.

Cuando dudaba del Universo sentía que era menos feliz, más frágil, más vulnerable. Abrir mi corazón hasta el infinito y la fe hasta el más allá, me llevó a transformar mi vida, convenciéndome a mí misma de que eso me sería regalado de vuelta, cual efecto boomerang.

Pero para ello tienes que confiar en él. Sin dejar que un ápice de dudas entre en ti.

Creas lo que crees.

El Universo dice: “Hazme caso, escúchame y sigue mis señales aunque no haya ninguna evidencia de lo que te digo es real”. Y si lo haces, con fe ciega, tu recompensa llega tarde o temprano.

A día de hoy el Universo me está regalando mil bendiciones. Está recompensando con creces mis esfuerzos, mi tenacidad, mi fe, mi confianza absoluta, mi amor por la vida.

Sí, ¡EL UNIVERSO ESTÁ DE NUESTRA PARTE!

 

Mi consejo para ti: Eleva tu consciencia para dejar de sentirte como un individuo “víctima” y “separado” del universo. Cree en él y vive de acuerdo a leyes espirituales más elevadas. Sino resígnate a continuar viviendo una vida mediocre, bajo la impotencia de no ser dueño de tu destino y tus circunstancias.

 

Espero que todos éstos “consejillos” hagan tu camino más fácil.

Tal como ves, una vez más de desnudo ante ti, mostrándote mi experiencia como camino de aprendizaje, esperando que lo que te cuento te sirva a ti también.

¡Adelante con tu vida, vívela, disfrútala, apréndela, entiéndela!

No es tan complicado todo como parece, simplemente debes afinar la escucha y los mensajes que te van llegando…

Mis mejores deseos para ti, ¡ahora y siempre!

Un fuerte abrazo de todo corazón,

 

Cintia

 

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¡Ahora cuéntame tú!

 

¿Tú también has cometido alguno de estos errores?

¿Cuál es el mayor error que has cometido en tu vida?

¿Has podido ponerle remedio? ¿Te apetece compartir con todos nosotros tu experiencia?

 

¡Te espero en los comentarios!

 

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