Aún recuerdo lo petrificada que me quedé cuando mi médico me envió al psiquiatra debido a los niveles tan bajos de litio que alcancé durante mi gran crisis de muerte y renacimiento.

Sí, estaba deprimida, pero yo sabía que podía salir de aquél hoyo sin medicación. ¡Aun me quedaban muchos recursos en mi farmacia interna!

Mi interior tenía muy claro que mi caso no se curaba con pastillas, sino tomando decisiones drásticas para transformar mi vida, alcanzar mi libertad y seguir con valentía los mensajes de mi alma y mi corazón.

¿Quién mejor que yo misma podía encontrar la respuesta a mis problemas?

Yo que siempre había sido una chica súper sana, fuerte, enérgica…

Yo que antes de mi crisis llevaba más de tres años sin ir a un solo médico…

Yo que no creo al 100% en el sistema médico tradicional…

Lo primero que pensé fue: ¡Ni loca!

Lo segundo: ¡De ésta salgo yo como sea!

Lo tercero: ¿Hay maneras alternativas de volver a equilibrar los niveles de litio en mi cuerpo sin necesidad de ir al psiquiatra?

Lo cuarto: Tomé la decisión y me cogí estos dos maravillosos – fantásticos – increíbles – magníficos años sabáticos.

Resultado: Después de un tiempo los niveles de litio se me equilibraron solos y creo que no solo el litio… también la dopamina, la serotonina, las endorfinas… ¡puedo aseguraros que desde entonces hasta ahora mis niveles de hormonas de la felicidad están por las nubes!

¿Magia?

No. Coraje.

Un par de ovarios como dirían algunos.

Aquello fue el detonante necesario para decir “¡Basta ya!” y darme permiso a mí misma para volar.

Y no me salió nada mal la jugada.

Creí en mi misma, en el potencial que tengo para transformar mi vida y en mi capacidad para autosanarme.

Nadie, absolutamente nadie podía decirme que yo no podría curarme si no iba al médico o al psiquiatra.

Yo tenía mi propia verdad, mis propias ideas y convicciones, y creía (y creo) en ellas tan a muerte, que nadie me podía decir que yo estaba equivocada.

Así que sin dudarlo dos veces me lancé de cabeza a vivir mi sueño: ¡mi vida sabática me estaba esperando!

Hoy doy gracias a aquél médico que pretendió enviarme al psiquiatra (asegurándome que no había ninguna otra solución), porque de allí nació la Cintia más guerrera, la más atrevida, la mujer con más coraje que vivía dentro de mí.

En la selva de Borneo

En la selva de Borneo

 

Somos una sociedad crónicamente enferma

 

Ésta frase de Krishnanamutri ya la he mencionado en alguna ocasión, pero creo que la repetiré una y otra vez hasta el día que me muera:

“No es sano estar adaptado a una sociedad profundamente enferma”.

Es increíble, pero cierto.

Yo siempre digo que el sistema es una gran mentira que nos han vendido.

Nos hemos ido alejando todos cada vez más de nosotros mismos, para vivir una vida regulada por los estándares de la sociedad, donde los valores que predominan son: “trabaja”, “esfuérzate”,“da gracias porque tienes trabajo” y “sino mira a los pobres de África, ellos si tienen motivos para quejarse, pero tú no”.

Hemos acabado creyendo que “son normales” cosas que no lo son, cosas que no hacen más que poner en evidencia cuán ignorantes somos y qué poco sabemos cuidar de nosotros y dar valor a nuestras vidas.

Si no lo consideráramos normal, les diríamos “¡que lo haga Rita la cantaora!”, pero nos tienen a todos tan bien controladitos y enseñados… somos todos tan obedientes, que así nos va.

Estamos tan súper adaptados “al mundo occidental” que pensamos que es normal…

  • Trabajar miles de horas
  • Ir siempre con prisas
  • Hacer un montón de cosas al mismo tiempo
  • Comer en 20 minutos
  • Pasar más tiempo en nuestros trabajos que con nuestras parejas o hijos
  • Tener un pensamiento detrás de otro y no dejar descansar la mente ni un momento
  • Vivir enchufados a la tele, teléfonos y aparatos electrónicos
  • Pasar la mayor parte de nuestra vida en nuestras oficinas de trabajo, en casa, en centros comerciales más que rodeados de naturaleza y al aire libre.

 

Pregúntale a tu cuerpo si le parece “normal” y a ver que te dice.

Estoy segura que tu cuerpo te dirá:

  • Que está cansado
  • Que no tiene energía
  • Que necesita tener más tiempo para descansar
  • Que le gustaría vivir una vida más tranquila
  • Que está harto de tantos compromisos y responsabilidades
  • Que necesita parar la mente o la cabeza le va a estallar
  • Que le encantaría hacer un “parón” y cuidar más de sí mismo
  • Que le encantaría tener más silencio y paz interior

 

¡Y luego nos sorprende que estemos todos enfermos! ¿De verdad nos sorprende tanto?

Yo creo que es de cajón que todo el mundo esté así.

Era previsible que éste ritmo de vida tan acelerado y tan desconectado de nosotros mismos, tuviera consecuencias graves para nuestra salud.

Las consecuencias de no escuchar nuestro cuerpo son graves, haciendo que suframos de enfermedades siendo bien jóvenes, envejeciendo prematuramente, viviendo vidas llenas de insatisfacción y mediocridad.

Los resultados los vemos día a día en nosotros mismos, en nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo donde la mayoría “va tirando”, “va subsistiendo”, y suplica la llegada del fin de semana porque el miércoles o el jueves está ya todo el mundo echando el hígado por la boca.

Así, no nos sorprenderá que la gente padezca de…

  • Estrés
  • Dolores varios
  • Depresión
  • Asma
  • Hipertensión
  • Alergias
  • Insomnio
  • Colon irritable
  • Problemas digestivos
  • Crisis de ansiedad
  • Ataques de pánico
  • Vértigos
  • Alteración del estado anímico
  • Gripes
  • Bronquitis
  • Cáncer
  • ¿Sigo?

 

¿Qué significa todo esto para ti?

Yo lo tengo muy claro.

El cuerpo se expresa, manifiesta con síntomas físicos su malestar, su insatisfacción, su dolor… mediante la enfermedad.

Es la única manera de que pares y le escuches (ni que sea un poquito).

¡El cuerpo te está suplicando un cambio de vida! (algo que los sordos no podrán escuchar, a no ser que afinen muy bien sus oídos a la vida…)

La depresión, los ataques de ansiedad y la alteración de tu estado de ánimo, vivir eternamente con el miedo en el cuerpo, en muchos casos, más allá de problemas serios en tu vida o de traumas de infancia, también está altamente relacionado con el estrés y la necesidad de una vida diferente.

Sometemos el cuerpo a tanto estrés que llega a quedarse sin batería.

Le metemos tanta caña que poco a poco se va desgastando y se va consumiendo hasta que llega un día que no puede más y peta.

Entonces se descubre todo el pastel: la depresión sale para afuera y la crisis de ansiedad estalla, pero eso no es más que el cuerpo diciéndote, una vez más, “ESCÚCHAME, POR FAVOR”. “PARA Y HAZME CASO”.

 

¿Buscas soluciones definitivas o parches temporales?

 

Lo que te voy a contar ahora me pasó a mí también, y sé que muy probablemente te estará pasando a ti también. Por eso quiero que me escuches con atención (¡vamos a ver si podemos evitar que te pase a ti lo mismo!)

Yo me pasé muchos años diciendo que estaba cansada, que estaba sin energía… no podía con mi alma. Y lo que hacía era ir poniendo parches.

Ahora me tomaba un bote de vitaminas, ahora iba a hacerme acupuntura para relajar la tensión de espalda, ahora me quedaba un fin de semana entero encerrada en casa descansando porque mi cuerpo estaba reventado…

Y así, años y años.

La solución no estaba en ese tarro de vitaminas, en ese médico, acupuntor o en descansar un poco más el fin de semana.

La solución requería un cambio drástico de vida.

Pero me costó mucho pillarlo. Y el precio a pagar fue mucho más elevado (por sorda, ¡por no escuchar!)

¿Y tú, eres de los que tampoco escucha?

Apuesto lo que sea a que un poquito sí, va, no me engañes.

Mucha gente va al doctor y les pregunta: “¿Qué me pasa doctor?” Cuando ellos saben perfectamente lo que les pasa…

Pero prefieren no mirar cara a cara su realidad (que a lo mejor es un trauma de infancia, a lo mejor es un problema de pareja o que su trabajo no les hace felices y están deprimidos) para que el doctor les diga “ah, es que tienes la tiroides alterada” o “ah, es que tienes una úlcera de estómago”, o “has entrado en una depresión”.

Entonces ¡ya está!

Ya tienen la trama perfecta. La excusa ideal para señalar con el dedo un factor externo (como si la cosa no fuera con ellos).

Ya tienen la historia montada para refugiarse detrás de ella y no dar la cara a sus verdaderos problemas en la vida.

Las enfermedades son la consecuencia, no la causa de nuestros problemas. Antes de que se manifieste una enfermedad ya ha pasado algo en nosotros que ha provocado un desequilibrio.

Muchas personas se esconden detrás de esa tiroides, úlcera o depresión para no aceptar que su problema de origen viene de más lejos y no aceptar que tienen que mirarlo cara a cara y aceptarlo con valentía.

El médico les da “la pastillita mágica”, ellos se mejoran en unos días y lo que el cerebro de la persona registra es “¡Ah! Ya me he curado”.

Luego lo que hacen es volver a sus trabajos, volver a su vida de cada día, al estrés, la rutina…y al cabo de los días, las semanas o los meses vuelve a aparecer la misma enfermedad u otra.

Van al médico, pastillita, y pá casa otra vez.

Y así toda su vida.

Sana las células de tu cuerpo nutriéndo tu vida desde el interior, no sólo con pastillas

Sana las células de tu cuerpo nutriéndo tu vida desde el interior, no sólo con pastillas

La clave no está en la enfermedad, la clave está en que hay algo en sus vidas que no está bien y el cuerpo lo manifiesta.

Ahí está el quid de la cuestión.

Responde honestamente a la pregunta que te voy a hacer ahora:

¿Vas al médico “a que te dé la pastillita y te arregle” o vas a que colabore contigo dándote un pequeño empuje en tu proceso de sanación, pero asumiendo tú siempre tu propia responsabilidad?

¿Estás dispuesto a llegar al fondo y la verdad de tu propia historia, o prefieres seguir con la venda en los ojos para no ver eso que tanto te duele?

Todo dependerá de tu valentía y de tu interés real en querer sanar (¡y ser feliz coño!)

 

Como salir de una depresión gracias a un año sabático

 

¿Cómo sería tu vida si hicieras lo que te sale del pijo? (Ni que sea sólo por una temporada…)

Fantástica, ¿no crees?

Imagínate por unos momentos que no tienes que ir a trabajar, que haces lo que de verdad te apetece hacer, que no tienes que madrugar, que puedes dormir más horas, tomar el sol o ir a pasear…

Imagínate que tienes la mente menos ocupada y más tiempo para dedicarte a tus prioridades.

¿Crees que seguirías igual de enfermo, teniendo los mismos niveles de estrés o que seguirías sintiéndote tan vacío y/o insatisfecho?

Muy probablemente no.

Muchas cosas cambiarán porque durante un año sabático la prioridad número 1 de tu vida eres tú mismo.

Podrías hacer mil cosas.

Quedarte en tu misma ciudad o irte a viajar.

Hacer “lo que haces siempre” pero liberándote de la carga de ir a trabajar, o “romper con todo” y vivir una vida totalmente diferente.

Elijas la opción que elijas, ya te digo que esos cambios producidos durante ese año, irán más alla.

Nunca volverás a ser el mismo. Aprenderás cosas y te darás cuenta de cosas que marcarán el resto de tu vida.

Aprenderás a dar valor a cada minuto y segundo, sin malgastar tu tiempo ya más en asuntos banales.

Si tienes depresión o estás en un estado depresivo, no puedo prometerte que te curarás del todo, pues ya sabes que cada proceso es muy individual y personal.

Hay quien durante ese año lo aprovecha a tope y trabaja interiormente para llegar a lo más hondo de su ser, descubrir su verdad y reencontrarse consigo mismos… y hay quien sigue por el mismo camino que seguía antes, simplemente que haciendo actividades diferentes.

No existe la panacea, pero sí puedo asegurarte que si te lo curras, un año sabático puede ayudarte a sanar, y mucho.

Si te sientes identificado con todo esto que te he contado, creo que ha llegado el momento de que saques todo el coraje que hay dentro de ti para transformar tu vida y dejar de poner parches y soluciones temporales.

 

¿Para qué cogerte un año sabático?

 

De éste tema hablo más extensamente en mi EBOOK GRATIS: “Todo lo que necesitas saber para cogerte un año sabático”.

Si no lo tienes todavía, te lo podrás descargar AQUÍ.

Ebook: Todo lo que necesitas saber para cogerte un año sabático

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Pero ya te adelanto que los motivos por los cuáles deberías cogerte un año sabático son infinitos.

 

#1 Tomar distancia del sistema

 

Si estás tan metido en el meollo, es muy difícil que puedas ver las cosas desde otra perspectiva. Alejarte un poco de la sociedad, mirar las cosas con más distancia, sin juicio, desde una posición más “neutra” te ayuda a ver qué aspectos de tu vida te gustan y cuáles te gustaría cambiar.

 

#2 Sanar tu cuerpo físico

 

Si estás enfermo o tienes que recurrir al médico cada 2×3, creo que tu cuerpo te está suplicando un cambio de vida y que le escuches.

Durante tu año sabático podrás parar, descansar, vivir más a poco a poco, cuidar más de ti… ¡y verás como muchas de las enfermedades que antes padecías desaparecen solas por arte de magia!

 

#3 Conocerte más a ti mismo

 

Durante un año o unos meses viviendo una vida diferente a la de siempre, te descubrirás a ti mismo en nuevas facetas.

Tomarás consciencia de aspectos que tal vez no eras consciente como miedos o inseguridades, y también te sorprenderás positivamente de otras cualidades que saldrán y no sabías que existían.

 

#4 Cambiar tus creencias

 

A lo largo de tu vida has ido construyendo unas creencias acerca de lo que es la vida, el amor, la pareja, el trabajo, la salud,… pero puede que muchas de esas ideas se transformen radicalmente durante tu año sabático donde te darás cuenta de muchas cosas que estabas equivocado.

¡Ay si yo os contara como se han transformado todas mis creencias!

La creencia más “heavy metal” que he transformado.  Antes creía que era “normal” trabajar mínimo 40 horas a la semana.

Ahora, gracias a mi reinvención profesional como blogger y emprendedora, tengo la creencia de que puedo vivir trabajando menos de 20 horas a la semana cobrando como mínimo el doble o el triple de lo que cobraba trabajando como maestra.

¿Lograré ver materializadas mis creencias?

¡Pá ya voy!

 

#5 Reinvención profesional

 

Tal vez te apasione tu trabajo. O tal vez estés hasta las narices de él.

Sea cual sea tu caso, durante tu año sabático podrás sentir que es lo que de verdad te apetece hacer.

Tal vez te apetecerá volver y seguir haciendo exactamente lo mismo, tal vez te apetecerá dedicarte al mismo ámbito pero haciendo otro tipo de trabajo diferente… ¡o tal vez lo enviarás todo a la mierda y acabarás haciendo algo totalmente diferente!

La clave: escucha lo que tu alma te pide. (Y se valiente para hacerle caso J )

 

#6 Disfrutar más de la vida

 

Yo siempre digo que se nos va un poquito la olla.

Bueno, no un poco… ¡se nos va tres pueblos!

Yo, ahora que llevo ya 15 meses de vida sabática (aún sin fecha de retorno) y viviendo la vida a tope no puedo parar de pensar como desperdiciamos tanto la vida trabajando tantas horas y haciendo cosas que no nos apetece hacer.

Te propongo un ejercicio:

Siéntate en una postura cómoda. Cierra los ojos. Respira lentamente y deja que tu mente se vaya relajando. Ahora imagina como sería la vida de tus sueños.

¿Dónde irías? ¿Qué harías? ¿En qué invertirías tu tiempo? ¿Qué cosas te harían verdaderamente feliz? ¿A qué compromisos renunciarías?

Y ahora imagínate por unos segundos que eso lo podrías hacer realidad.

Ver puestas de sol, tomarte una taza de té mirando tu paisaje preferido, bañarte en el mar, pasarte horas devorando tu libro preferido, dormir la siesta cuando te apetezca, meditar, practicar yoga…

¿No merece la pena intentarlo?

 

#7 Más motivos…

 

¡Los encontrarás en mi Ebook Gratis!

 

Ten el valor de transformar tu vida y de luchar por tu libertad

Ten el valor de transformar tu vida y de luchar por tu libertad

Aclaraciones y cositas importantes que debes saber

 

#1 Un año sabático no es una huida de nada

 

Si tu intención es “escaparte de tu realidad para dejar atrás la mierda”, ya te digo ahora que lo llevas muy chungo.

Olvídate.

No te funcionará.

La mierda (o problemas, traumas, miedos, inseguridades…) que no afrontes te seguirán persiguiendo toda tu vida como si tu sombra fueran.

Para que entiendas bién que supone de verdad cogerte un año sabático te recomiendo que leas éste post.

 

# 2 La depresión es un tema muy delicado

 

Soy plenamente consciente que una depresión es un tema muy delicado (yo estuve más de un año sin ver la luz…) así que no pretendo dar “recetas mágicas” generalistas para nadie.

Cada caso es especial, y cada caso merece ser analizado con detalle.

Por ejemplo, en mi fase más profunda de depresión, no era el momento ideal de cogerme el año sabático. Estaba tan profunda, tan cansada y tan apática que no podía tan siquiera tener ilusión en planificar un cambio de vida.

Ese momento llegó después de la gran tormenta, cuando pude volver a vivir mi vida “pisando fuerte” y ver más claramente qué camino quería seguir.

 

#3 Cogerte un año sabático es una decisión que debes tomar muy conscientemente

 

Si hay algo que me gusta mucho recomendar siempre es eso de “conéctate bien a ti mismo” y “enráizate a tierra”.

Tomar decisiones en momentos de gran dispersión, en momentos donde estás totalmente perdido en tu vida y cuando no tienes ni idea de lo que quieres hacer, de hacia dónde quieres ir o qué objetivos persigues… no sé si es una buena idea.

Mi recomendación siempre es: “Sé valiente para tomar decisiones, pero hagas lo que hagas, hazlo conscientemente”.

Oigo muchas veces gente que un día tiene una fantástica idea sobre qué hacer con su vida, y al día siguiente se levantan con otra idea totalmente diferente. Es decir, van a la deriva. No saben qué quieren.

Mejor tomarse un tiempo para parar la mente y conectar con el corazón.

Pero si hay un resquicio de ti que ya lleva tiempo susurrándote que quiere un año sabático, que necesita tiempo para parar, que necesita bajarse del tren de la rutina… entonces sí, ¡adelante!

 

#4 Todos mis respetos para los psicólogos y psiquiatras

 

Quiero aclarar que aunque haya explicado lo que haya explicado al principio de ésta historia, no tengo nada en contra ni de psicólogos ni de psiquiatras, ni de médicos que pertenecen al sistema traidiconal.

Por norma general, los evito tanto como puedo, pero yo soy la primera que he en situaciones muy extremas he tenido que recurrir a algún psicólogo para que me ayudara a recolocar unas cuantas cosas.

Siempre como medida temporal, unas cuantas sesiones, pero jamás delegando en ellos toda la responsabilidad de mi sanación y esperando que ellos sean los que me curen.

Lo de no ir al psiquiatra, es una idea con mucha fuerza en mí, pero es porque con los años, y trabajando mucho interiormente, he logrado entender cómo funciona mi mente, y he logrado aprender los recursos para crear mi propia realidad.

Con lo cual, con mi mente, puedo crear el mismo efecto que la pastilla.

Pero respeto enormemente a quien asista, sin juzgar nunca a nadie por ello.

¡Sé lo que un ser humano es capaz de hacer en casos de gran desesperación!

 

Bien, espero que este post te haya sido de utilidad, y sobretodo, que te inspire para seguir superándote a ti mismo, momento a momento.

Sea cuál sea tu caso, no importa si estás atravesando una depresión o no, deseo de todo corazón que te sirva para ver la luz en algún aspecto de tu vida.

¡Adelante valiente!

 

¿Te ha gustado o servido de algo este post?

Si quieres ayudarme a difundir mi proyecto y ayudar a que otras personas alcancen la libertad, me encantaría que lo compartieras en tus redes sociales.

¡Millones de gracias!

 

Ahora dime tu…

 

¿Te haces responsable 100% de lo que sucede en tu vida, o más bien delegas en otros?

¿Qué es lo que tu alma anhela de verdad para ser feliz?

¿Crees que un año sabático podría ayudarte a transformar tu vida y asentar las bases de un nuevo futuro para ti?

 

¡Espero tu respuesta en los comentarios!

Me encantará saber de ti.

 

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Cintia

Mi misión es ayudarte a hacer un cambio de vida, reinventándote personal y profesionalmente durante un año sabático mientras te acompaño en tu proceso de desarrollo personal y crecimiento espiritual.

¡No te vayas sin mi regalo! Descárgate mi GUÍA GRATIS: "Los 7 errores de novata que debes evitar al planificar el mejor año de tu vida".

 
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