Y no me digas por favor: Me llamo Isabel, soy hija de Josefina y Pedro, soy administrativa y vivo en Matalascañas.

Mucha gente, cuando le preguntan ¿quién eres tú? se les queda la cara de póker.

¿Por qué? Pues porque no tienen ni puñetera idea de quiénes son.

Y tú tampoco sabes quién eres.

Crees que sí, pero hazme caso: no lo sabes.

  • Si sigues buscando el amor fuera de ti.
  • Si sigues sufriendo por todo.
  • Si sigues decepcionándote por lo que los demás opinen de ti.
  • Si no comprendes de donde viene tu rabia, tu tristeza tu apatía o frustración.
  • Si sigues sin quererte a ti mismo incondicionalmente.
  • Si te da miedo sufrir y para eso “tapas” tus problemas en vez de afrontarlos.
  • Si sigues haciendo cosas por agradar a los demás.
  • Si no expresas lo que sientes por miedo a ser juzgado o rechazado.
  • Si no sabes estar solo.
  • Si vas de fiesta, sales hasta tarde, bebes o fumas sólo para sentirte “parte del grupo”.
  • Si dar una buena imagen física a los demás te obsesiona.
  • Si no puedes salir de casa sin maquillarte, sin tus gafas, sin tu pelo perfectamente planchado o engominado o saltándote el protocolo de imagen en perfecto estado.
  • Si sigues manteniendo malos hábitos, adicciones, criticas, juzgas a los demás,…
  • Si mantienes relaciones tóxicas que no te ayudan a crecer personalmente.

 

Si esto, y mucho más…

ES QUE NO SABES QUIÉN ERES.

Para encontrar esa respuesta debes iniciar un intenso proceso de transformación personal consciente y debes llegar a lo más hondo y profundo de tu ser.

Saber quién eres es el resultado de un elevado estado de consciencia, y elevar tu nivel de consciencia requiere esfuerzo, trabajo, perseverancia y una tenacidad inquebrantable.

Como la mayoría de mortales, te has pasado la vida entera “en piloto automático” sin parar a cuestionarte tal VITAL pregunta.

Te has pasado muchos años distraído en asuntos banales, trabajando como un poseso, haciendo lo que todo el mundo hace, siguiendo el ritmo que la sociedad te ha marcado y no has tenido tiempo de parar a reflexionar: ¿Quién soy yo?

¿Soy lo que YO quiero ser o lo que mis padres esperan de mí?

¿Soy lo que YO quiero ser o lo que la sociedad espera de mí?

Susodicha pregunta te llevará a ganar el premio del millón de tu vida, o te llevará a perderte por el camino dando mil y un rodeos.

Coincidirás conmigo si te digo que la mayoría de personas están bastante perdidas, sin una dirección clara en la vida, siguiendo a otros y siendo poco auténticos.

Luego llega un día que toman la decisión de cogerse un año sabático y se van de viaje.

¿Y sabes que les pasa?

Pues que siguen igual. Ven lugares increíbles del mundo, se hacen un montón de fotos, conocen gente, aprenden inglés… ¡pero siguen sin saber quiénes son!

Imagino que te estarás preguntando cómo demonios se encuentra esa pregunta, o porqué es tan importante encontrarla (¿con lo “feliz” que creías que eres tú, verdad?)

Sigue leyendo y lo entenderás de maravilla.

 

¿Quién NO eres tú?

 

Tienes que entender un concepto muy básico: tú no eres nada que esté sujeto al cambio, porque eres intemporal.

Yo tengo claro que Cintia no nació el día de mi nacimiento y Cintia no morirá el día que yo muera.

Yo nací antes de nacer y seguiré viva después de morir (en otro estado de la materia, obviamente).

¿O acaso tus abuelos difuntos no “están” todavía contigo”?

¿O acaso la esencia de Ghandi no nos sigue acompañando a todos el día de hoy?

¿O acaso el espíritu de Marilyn Monroe no sigue viva por todo el mundo?

Algo de nosotros es ETERNO: el Alma.

Somos mucho más que un cuerpo, estamos hechos de energía. En sí, somos pura conciencia.

Por eso existe la telepatía, por eso a veces “sabemos” cosas que no hemos leído nunca, por eso tenemos sueños premonitorios, por eso hay quién se comunica con otras formas de vida o por eso hay quién sana con la energía de sus manos.

Pretender explicar el mundo tan sólo bajo el paradigma de lo físico, es una versión muy reducida de la realidad.

Somos mucho más que un cuerpo físico

Somos mucho más que un cuerpo físico

Por esto…

Volviendo a la pregunta de: ¿Quién soy yo?…

Tú no eres tu trabajo, porque hoy puedes ser ingeniero y mañana puedes acabar montando un negocio online.

Tú no eres tu estado civil, porque hoy puedes estar soltero y mañana encontrar a tu alma gemela e iniciar una vida juntos.

Tú no eres tu nombre, porque al fin y al cabo, ¿un nombre qué es? Yo me llamo Cintia, ¡pero estuve a un palmo de ser Erika!

Tú no eres tu nacionalidad, porque aunque hayas nacido en un país, mañana puedes mudarte o casarte con alguien extranjero y obtener otra nacionalidad.

Tú no eres tu status social o posesiones materiales, porque hoy puedes ser muy rico y tener mucho dinero, y mañana verte arruinado en la más grande miseria.

Tú no eres tu religión, filosofía o sistema de creencias, porque hoy puedes haber estado educado en una familia cristiana y mañana estar interesado en el budismo, o haber nacido cristiano y mañana ser ateo.

Tú no eres tus experiencias, ni tus viajes, ni tus aprendizajes: viajes, estudios, amigos, hobbies… porque todo eso también puede cambiar. Hoy viajas, y mañana no. Hoy te gusta el básquet y mañana a lo mejor acabas apuntándote a clases de salsa.

Como ves, todo esto que te estoy contando es TEMPORAL.

Tu nombre, tu profesión, tu nacionalidad, tu status social, tus posesiones, tus experiencias, tus hobbies,… todo eso es temporal.

Hoy está, y mañana puede haber cambiado.

Pero hay alguien que siempre está ahí. Hay alguien que no cambia: el alma (o tu esencia, llámale como quieras).

Hay una parte de Cintia que ya vivía en mí el día que yo nací, antes y después de mi crisis. Antes de mi año sabático y después. Antes de dejarlo todo en mi vida y ahora que la he transformado por completo.

Hay “alguien” (o “algo” como prefieras llamarlo) dentro nuestro que pertenece “intacto” en el mismo lugar de siempre, independientemente de si se dedica a la pastelería o al bricolaje, de si es pobre o le ha tocado la lotería, o de si vive en Londres o Barcelona.

¿Quién es ESE o ESA?

Reflexionando sobre esto que te estoy contando, encontrarás la pregunta a ¿QUIÉN SOY YO?

Bravo, ¡lo has pillado!

La respuesta a la pregunta ¿quién soy yo? NO es de naturaleza física, sino de naturaleza espiritual.

 

Crecemos creyendo que somos lo que no somos

 

Cuando nacemos somos todos muy monos, unas dulces criaturas encantadoras.

Jugamos, reímos, lloramos, comemos, dormimos, nos enfadamos… pero en esencia somos seres puros e inocentes.

Con el paso del tiempo el entorno empieza a moldear nuestras ideas y creencias.

Aquello que antes carecía de nombre o etiqueta, empieza a ser etiquetado.

Y empiezan a decirte…

“Tu padre siempre ha soñado que seas un gran abogado”

“Las niñas no juegan a futbol”

“Si trabajas de atención al cliente tienes que sonreír todo el día”

“Los hombres no lloran”

(¡Y mucha más mierda de todo este tipo!)

Obviamente, nosotros, que hemos sido educados para ser borreguitos, ejecutamos nuestro papel a la perfección.

Empezamos a actuar para gustar a otras personas, para ser aceptados en nuestro grupo de amigos y no defraudar a nuestros padres.

Empezamos a ponernos el pelo de punta, a teñirnos el pelo “para estar más guapos”, nos hacemos tatuajes o piercings o hacemos dietas de escándalo para tener un cuerpo de escándalo.

¿Por qué hacemos todo esto? Para encontrar la validación externa.

Para gustar a otros.

Y en el camino de la búsqueda de la aceptación social, cada vez nos vamos perdiendo más a nosotros mismos.

Ya no somos aquellos niños inocentes que éramos. Poco a poco nos vamos convirtiendo en adultos corrompidos por las ideas y creencias de la sociedad (quién parece ser el juez de guardia que nos dice “esto está bien”, “esto no está bien).

Obviamente, si actuamos tal como lo externo nos dice que debemos actuar, ¡es que no tenemos ni idea de quiénes somos!

Las consecuencias de ello son fatales.

Acabamos viviendo súper identificados con el mundo físico.

Identificados totalmente con nuestro cuerpo y lo material.

Creemos que somos nuestra imagen física y vivimos identificados con nuestro cuerpo,  nuestro pelo, nuestras gafas de sol, nuestros jeans, nuestras Nike, nuestro Toyota y esa barbilla de varios días que me sienta tan bien.

Cuanto más para afuera estamos, menos conexión con lo interno tenemos. Y menos sabemos quiénes somos.

Por ello, toda persona, tarde o temprano tiene que desandar el camino andado hasta el punto de origen, lugar en el que se desvió “del camino adecuado”, el camino que le llevará hacia el encuentro consigo mismo y su verdad.

 

Un año sabático para encontrar la respuesta

 

Sabes que creo 1000 x 1000 en los beneficios de un año sabático. Soy una fan de los años sabáticos porque se de los grandes beneficios que te puede aportar para transformar por completo tu vida.

Ya te he contado en otros posts, lo que nadie te había contado hasta ahora de lo que es realmente un año sabático.

No es ninguna huida de nada ni vivir en el nirvana dando la espalda a tus problemas.

Sabes que eso no es así, porque tus problemas y “movidas mentales” irán contigo dondequiera que tú vayas, estés en Tailandia, las islas Fiji o Honolulú.

Así pues, la actitud correcta es cogerse ese año sabático para SABER QUIÉN ERES Y LLEGAR A LO MÁS PROFUNDO DE TU SER.

Si no vas con esa actitud, tal vez te diviertas, pero desperdiciarás muchos aprendizajes.

Lo que quiero es que te mires al espejo y te reconozcas plenamente. Que hagas un “Ahaaaaaaaaaaa!! Ya lo he pillado!  ¡Ya sé quién soy yo!”

¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo?

Recuerdo perfectamente que durante mi crisis de muerte y renacimiento, un día estaba en el trabajo, en la escuela, y fui al baño.

Me miré al espejo y vi una imagen de mí misma triste, agotada, desvitalizada. Mis ojos estaban apagados y habían perdido el brillo.

Recuerdo que fue la primera vez que tomé consciencia de que aquella no era yo.

“Esta no soy yo”, “Esta no soy yo”, “Esta no soy yo”, empecé a repetirme yo misma para mis adentros.

Llegué a casa demolida. Y esa extraña sensación me hizo abrir los ojos “de que algo no iba bien”.

Si aquella no era yo, ¿entonces quién era?

Empecé a encontrar la respuesta después de aquella fuerte crisis donde se desmontó todo el castillo de naipes de mi vida.

Entendí que…

  • Yo no era sólo “maestra”. Era mucho más que eso.
  • Yo no era “la hija de…”. Era mucho más que eso.
  • Yo no era una superwoman (aunque lo aparentaba). Era mucho más que eso.
  • Yo no quería ser la amiga perfecta, la trabajadora perfecta que la sociedad marcaba.
  • Yo no era de un lugar, sino de muchos.
  • Yo no era sólo catalana, o española, o europea… porque en mí corre la sangre de todos los países por los cuáles he pasado.
  • Yo no había venido a vivir una vida “de esclavitud consentida”. La libertad estaba llamando a mi puerta.
  • No quería seguir “los preceptos de la sociedad” porque no creía en ella (pero aún seguía dándole más poder del que quería…)

¿Quién era yo en medio de todo aquél mar de dudas?

Una cosa estaba muy claro: debía seguir ese proceso de BÚSQUEDA / REENCUENTRO CONMIGO MISMA.

Ya no había marcha atrás.

Y llegó el bendito momento de iniciar mi año sabático.

Fue MÁGICO.

Bastaron pocas semanas viajando para entender quién era yo.

La respuesta (el gran “ahaaaaa!!”), me llegó durante los 3 meses que estuve viajando sola por Sri Lanka, especialmente el mes y medio que pasé en el centro de meditación Nilambe.

Meditaba entre 5 y 7 horas al día, dependiendo del día o de si participaba en un retiro o no.

Aquello fue el proceso directo hacia la luz.

Aquello fue lo que me impidió salir completamente del proceso de oscuridad  el cuál había estado atravesando los últimos años de mi vida.

Y sí, entendí quién soy.

  • Sentí que todos los cabos se ataban.
  • Recuperé toda mi fuerza y todo mi poder.
  • Sentí un chute de energía infinito.
  • Sentí como mi cuerpo se expandía a otros niveles.
  • Mi nivel de consciencia se elevó a otras dimensiones donde anteriormente todavía no había llegado.
  • Se expandió mi nivel creativo.
  • Me llegó con claridad cuál era mi misión en la Tierra.
  • Sentí la Unión total con el Universo.
  • Sentí el amor incondicional por todos los poros de mi piel hacia todos los seres vivos del Planeta.

Todo esto es un breve resumen de eso proceso en el cuál yo encontré la respuesta a ¿quién soy yo?

Merece la pena ir a por ello, ¿verdad?

Pero ahora es tu turno.

Ahora te toca a ti.

 

Cómo NO encontrarás la respuesta a quien eres durante tu año sabático

 

Pues muy sencillo: si sigues buscando fuera lo que te falta dentro.

  • Si sigues evitando estar solo porque no te gusta la soledad.
  • Si sigues fumando, bebiendo, consumiendo drogas o asistiendo a fiestas de manera sistemática y regular porque no sabes cómo invertir tu tiempo de otra manera mejor (o porque eres adicto a ello).
  • Si vas en busca de sexo y relaciones “para cubrir tu vacío interior”.
  • Si sigues hiper-mega-preocupado por tu imagen física y gustar a los demás.
  • Si te identificas con cosas externas a ti.
  • Si evitas el aburrimiento y por ello te pasas el día haciendo cosas sin pararte un momento a conectar contigo mismo.
  • Y un largo etcétera de “cosas” que se pueden hacer viajando pero que nada tienen que ver con tu crecimiento persona y espiritual.

 

Cómo puedes encontrar la respuesta a la pregunta del millón

 

Pues bien, ya vas viendo que la clave está en ir hacia el interior.

Tienes que ir hacia lo más profundo de tu ser, sí o sí.

Pero si lo que quieres una lista de “to do’s”, ahí va.

 

#1 Conecta contigo mismo

 

Durante tu año sabático practica la introspección a tope.

Diviértete, disfruta, conoce gente, ves a fiestas, charla con amigos… pero no te olvides de hacer un viaje hace tu interior también.

Cuestiónate cosas, analiza, reflexiona, escribe un diario personal…

 

#2 Practica la soledad

 

Sí. Estate solo de vez en cuando.

Pero no “para comerte la olla” y seguir alimentando pensamientos negativos y victimistas.

Estate solo para observarte sin juicio alguno, para acercarte a ti mismo y conocerte más.

No ocupes tu tiempo siempre asistiendo a eventos y realizando actividades.

Para. Dedica momentos para estar en soledad contigo mismo.

Si siempre estás rodeado de gente, hay algo que estás evitando a toda costa: entrar en contacto contigo.

Si no te conviertes en tu mejor amigo, vas a vivir el resto de tu vida necesitando a los demás, vas a ser un esclavo de las relaciones y siempre “taparás” cosas que hay dentro de ti porque no tienes el valor de mirarlas cara a cara.

Muy relacionado con esto hay otra cosa que deberías hacer: ir tomando un poco más distancia de la sociedad.

Es absolutamente necesario tomar un poco de distancia de la sociedad.

Es absolutamente necesario tomar un poco de distancia de la sociedad.

Estamos altamente influidos por ella, tanto, que no somos ni conscientes de ello.

Si te pararas a observarte muchas de las cosas que haces, dices o piensas, tu manera de vestir, tu manera de hablar, los lugares que frecuentas  (y mucho más) está altamente influenciado por tu entorno.

Tomando distancia, te darás cuenta de qué es lo que te apetece y qué no. Qué quieres y qué no quieres. Es decir, serás más auténtico porque tomarás decisiones propias menos influenciado por el entorno.

¡Absolutamente necesario para ser uno mismo y empoderar tu vida!

 

#3 Medita

 

Soy muy insistente con el tema, lo sé, pero la meditación es imprescindible para vivir una vida plena, presente, auténtica y para que aprendas a gestionar tus emociones y controlar tu  mente.

La meditación te dará foco, dirección, estabilidad y enraizamiento. Poco a poco irás viendo la luz en momentos de oscuridad.

Tiene múltiples beneficios a nivel físico, mental, emocional y espiritual y puedo asegurarte que si la practicas regularmente poco a poco irás transformando tu vida, tus ideas, tus emociones y todo tu sistema de creencias.

Entenderás muchos “porqués” y sin duda alguna te acercará a la dichosa pregunta: ¿quién soy yo?

 

#4 Haz una lista de todo aquello que NO ERES

 

Los años han ido pasando y seguro que ya habrás ido descubriendo muchas cosas de ti. Haz una lista de todo aquello que te has dado cuenta que no eres o no quieres seguir siendo.

Cuando tengas claro lo que no eres (o no quieres ser), cada vez estarás más cerca de lo que sí eres.

Por ejemplo: “No quiero seguir trabajando tantas horas” (eso denota que tu ser anhela más libertad). O “no quiero seguir discutiéndome con mi pareja cada día” (eso denota que tu ser anhela más paz interior y reclama una vida más calmada).

 

#5 Observa tus emociones y pensamientos

 

¿Qué te dicen? Escúchales. Ellos contienen la clave de tu transformación y te darán mucha información acerca de quién eres tú.

Tal vez tengas muchos pensamientos de “querer ayudar a la sociedad”, “hacer algo para que los niños sean más felices”, “defender los derechos de los animales”, o “llevar el arte a todo el mundo”.

Parándote a escuchar esto que se está manifestando tal vez te acerques más a cuál es tu misión de vida, y quién eres tú, porqué estás aquí, ¡y qué has venido a hacer a la Tierra!

 

#6 Abandona tu ego

 

Sé que esto son palabras  mayores, pero es ABSOLUTAMENTE NECESARIO.

Todos estamos dominados por el ego, esa falsa identidad que creamos desde pequeños para protegernos, acorazarnos, no ser heridos, y en definitiva, no sufrir.

Sin siquiera habernos dado cuenta, hemos ido acumulando tantas capas a nuestro alrededor (como si fuéramos una cebolla), que hace que el centro de nuestro ser (o nuestra esencia), quede muy alejado de nosotros.

Nos hemos ido “robotizando” para no sentir lo que verdaderamente sentimos y para que no nos duela lo que nos duele.

Nuestro mecanismo de supervivencia, muy hábil por cierto, lo que hace es simplemente taparlo para no sufrir.

Hay que desandar el camino andado.

Es necesario ir quitando todas esas capas de cebolla acumuladas (o armaduras), que hasta ahora “nos han protegido” pero también nos han ido alejando del corazón y del SENTIR.

La clave está en decirle “sí” a la vida, sin miedo.

Abriéndonos a ella con todos los sentidos y todos los poros de nuestra piel. Dejar que entre lo que tenga que entrar y dejar que salga lo que tenga que salir. Sin bloquear o reprimir ningún proceso.

Tan sólo abriéndonos a la vulnerabilidad de lo que realmente somos, sin miedo a ser juzgados, heridos o rechazados, recuperaremos nuestra pureza, autenticidad e inocencia originales.

Ese proceso de ACEPTACIÓN de lo que verdaderamente somos, sin intentar tapar, camuflar, negar o rechazar es lo que podríamos llamar como “el proceso de abandono de nuestro ego”.

 

#7 Empieza a cuestionártelo todo

 

No des nada por sentado y por sabido. Muchas de las ideas que tienes ahora las has construido a lo largo de tu vida, y te las has creído 100% sin validarlas antes.

Eso nos pasa a todos, no eres el único.

Muchas de “nuestras” ideas, no son nuestras, sino que provienen del condicionamiento social y de nuestra cultura. Sin darnos cuenta, aceptamos como válidas muchas ideas acerca de las cuáles nunca antes nos hemos parado a reflexionar.

Para encontrar respuestas en la vida, debes mantener una actitud curiosa y abierta. Debes cuestionarte cosas. Y mi consejo es que indagues acerca de preguntas existenciales profundas acerca del ser humano.

¿Ya sabes por qué has venido a la Tierra?

¿Cuál es tu misión?

¿Qué es la muerte, y que pasa contigo después de morir?

¿Qué es el alma?

Para encontrar la respuesta a ¿Quién soy yo? Te recomiendo que leas libros o artículos de temática espiritual que te ayuden a elevar la consciencia y te ayude a formularte preguntas que antes no te habías formulado.

Además, te recomiendo que te leas éste post que escribí hace un tiempo: 120+1 preguntas existenciales que deberías reflexionar para vivir una vida consciente y llena de sentido

¡Te encantará!

 

Encontrar la respuesta a quien soy yo: tu debería ser tu prioridad nº1

 

Sin duda alguna, saber quién eres, porqué estás aquí, qué es lo que te hace verdaderamente feliz, cuál es tu misión en la Tierra,… y muchas otras respuestas clave acerca de tu vida las encontrarás cuando encuentres la respuesta a ¿Quién soy yo?

Puedo asegurarte que habrá un antes y un después en tu vida.

Una vez encuentres la respuesta, sentirás mucha mayor conexión contigo mismo, una fuerza interior fuera de lo normal y tendrás una claridad en tus ideas demoledora.

Cuando sabes quién eres… ¡ya nadie te puede parar!

Te conviertes en una máquina, en una bestia de tu propia libertad (en el buen sentido, ¿eh?)

Tienes tan claros cuáles son tus ideales que estás dispuesto a luchar por ellos, y defenderlos a muerte.

Dejas de ser una marioneta del sistema, dejas de actuar para complacer a otros, dejas de sentirte menos que otros o dejas de prostituir tu tiempo a cambio de causas que no te aportan nada.

¡Encontrar la respuesta te devuelve todo el poder que cediste y perdiste!

¿Bien no merece la pena invertir todo tu tiempo y esfuerzo en encontrarla?

Yo creo que sí.

Haz de ello tu prioridad número 1.

Deja de marear la perdiz.

Deja de entretenerte en asuntos banales, peliculitas americanas de violencia y machos musculitos super-seductores. Deja de chuparte todos los partidos de futbol habidos y por haber y, por favor, ¡deja de perder tu valioso tiempo con personas o actividades que no te aportan nada!

¡Empieza a responsabilizarte de tu propia vida y a dar más valor a tu tiempo!

Te recuerdo que si nunca te has puesto a pensar sobre temas más profundos o espirituales, encontrar la respuesta te puede llevar bastante tiempo. O años. O toda una vida.

Así que no te demores.

Ponte ya.

Sin excusas.

Soy muy pesada, lo sé.

Pero te lo voy a repetir una vez más:

¡HAZ QUE LA BÚSQUEDA DE LA RESPUESTA A LA PREGUNTA “¿QUIÉN SOY YO” SEA TU PRIORIDAD Nº1!

El día que la encuentres, acuérdate de mí y cuéntame que tal es tu nueva vida después de haber encontrado el tesoro 😉

Un fuerte abrazo, ¡mi querida y bella valiente!

 

Cintia

 

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Si es así, AGRADECERÍA ENORMEMENTE que lo compartieras en tus redes sociales, así me ayudas a hacer felices a más personas… ¡y me ayudas un montón a difundir mi proyecto!

 

¿Me cuentas tu opinión?

 

¿Te habías parado a pensar alguna vez quién eres tú?

¿Has empezado a indagar profundamente dentro de ti preguntas existenciales más profundas?

¿Ya sabes quién eres? ¡Genial! ¿Me cuentas como lo descubriste?

 

¡Te espero en los comentarios!

 

Cintia

Mi misión es ayudarte a despertar espiritualmente y hacer un cambio de vida, para que alcances la felicidad, libertad y paz supremas encontrándote a ti misma durante un año sabático, o sin él. Te ayudaré a que realices tu propósito de vida ¡y te conviertas en la persona que has venido a ser!

¡No te vayas sin mi regalo! Descárgate mi GUÍA GRATIS: "Los 7 errores de novata que debes evitar al planificar el mejor año de tu vida".

 
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